#. El diablo a la orilla de mi cama

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Cada noche
el diablo se sienta
a la orilla de mi cama
y me pregunta:

—¿Ya lo pensaste bien?

Y yo no respondo.

Me quedo mirando el techo,
escuchando el silencio
como quien escucha
una sentencia.

Pienso en el frío,
en la sangre que algún día
deja de correr,
en lo fácil que sería
dejar de sentir
todo esto que llevo dentro.

Y no sé cómo explicarlo.

¿Cómo explicarle a alguien
que a veces no quiero morir,
solo quiero que se calle
mi cabeza?

Que estoy cansada
de pelear conmigo misma
cada noche.

Que hay pensamientos
que llegan sin pedir permiso
y se quedan sentados conmigo
hasta el amanecer.

Me tienta.

Me habla bajito,
como si conociera
cada una de mis heridas.

Me dice que nadie se quedará,
que nadie entiende,
que a nadie le importa
lo suficiente.

Y por unos segundos
le creo.

Porque se siente
como gritar debajo del agua
y descubrir
que nadie siquiera sabe
que estás ahogándote.

Grito
y nadie escucha.

Lloro
y nadie se queda.

Y después me pregunto:

¿cómo pueden juzgarme
por querer desaparecer
si nunca intentaron entender
lo insoportable que se siente
querer seguir aquí?

La noche se llena
de murmullos,
de inseguridades,
de recuerdos
que regresan sin ser invitados.

Tantos pensamientos.

Tantos gritos
dentro de una habitación
en la que estoy completamente sola.

Y entonces el diablo vuelve
a sentarse a mi lado.

—¿Ya lo pensaste bien?

Esta vez lo miro.

Y aunque estoy cansada,
aunque tengo miedo,
aunque por dentro
todo parezca roto,

no le respondo.

Porque quizá
mañana vuelva.

Quizá mañana
vuelva a sentarse en mi cama
y vuelva a preguntarme lo mismo.

Pero esta noche,

por alguna razón,

todavía estoy aquí.

Todo lo que no supe decirHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora