#.Mi autoestima

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Todas las personas
que dijeron amarme
me hicieron sentir
que soy la persona
más fácil de olvidar
en todo el universo.

Como si quererme
fuera algo temporal,
algo que se prueba
hasta encontrar algo mejor.

Como si mi ausencia
nunca pesara demasiado.

Como si después de mí
fuera tan fácil continuar
que hasta llegué a preguntarme
si alguna vez fui importante.

Y quizá por eso
cuando alguien me quiere,
no sé cómo recibirlo.

Busco la mentira escondida,
el momento exacto
en que se cansará de mí,
la señal de que está empezando
a quererme menos.

No sé creer
que alguien pueda quedarse
sin que yo tenga que rogarle.

No sé creer
que puedan elegirme
sin compararme con nadie.

Porque mi autoestima
no nació de mí.

La construyeron
las personas que me amaron
y luego me dejaron
como si nunca hubieran dicho
que iban a quedarse.

Cada despedida
me quitó un pedazo.

Cada indiferencia
me enseñó a dudar de mi valor.

Cada vez que alguien
me hizo sentir reemplazable,
aprendí a verme
como alguien reemplazable.

Y ahora cargo
con todas esas versiones de mí
que alguna vez se sintieron
insuficientes.

Mi autoestima
es el resultado de mis relaciones.

De todo lo que permití.
De todo lo que perdoné.
De todo lo que soporté
por miedo a que se fueran.

Y lo peor
es que todavía hay una parte de mí
que cree que, si alguien se queda,
es porque aún no ha descubierto
que puede encontrar algo mejor.

Qué triste
haber aprendido a medir mi valor
con la duración del amor ajeno.

Qué triste
haber confundido que me dejaran
con no ser digna de quedarse.

Pero quizá algún día
voy a entenderlo:

que no soy fácil de olvidar
solo porque alguien
no supo recordarme.

Que no valgo menos
porque alguien decidió irse.

Y que quizá
mi autoestima nunca debió
ser el resultado
de mis relaciones.

Quizá debería ser
el resultado de haber sobrevivido
a todas ellas.

Todo lo que no supe decirHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora