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Las tripas de Nam saltaban sin cesar. El hecho de concretar una cita con Park Jimin había supuesto una gran tensión para sus nervios, aunque fue tan amable como había dicho su madre.

El hecho de haberse dado cuenta de lo poco atractivo que era casi lo dejó paralizado mientras se arreglaba para ir a trabajar. Por una vez no había dejado preparada la ropa la noche anterior, y ahora estaba de pie frente al armario contemplando sus prendas aburridas. Ya no podría soportar ponerse nada de todo aquello ni un día más. Vaciló indeciso hasta que, por primera vez en su vida, corrió el riesgo muy real de llegar tarde al trabajo. Por fin agarró un pantalón ajustado y se lo puso. Nunca se había puesto pantalones ajustados para ir a trabajar, pero eso se debía a su ortopédico estilo.

Por supuesto, no tenía nada de estilo que ponerse encima del pantalón, solamente sus aburridas camisas de siempre, así que agarró una y se fajo, acto seguido se ajustó el cinturón y se calzó unos zapatos.

No se atrevió a mirarse en el espejo para comprobar el resultado, sólo cogió su maletín y echó a correr escaleras abajo.

Tía Jo levantó las cejas al verlo, pero no dijo nada.

-¿Y bien? -exigió Nam, todavía más nervioso por aquella mirada.

Evelyn salió de la cocina y se quedó mirando a su hijo.

-No está mal. -dijo por fin, asistiendo con la cabeza- Es diferente. Además, los pantalones dejan ver la forma de tu trasero.

Oh, Dios santo; ahora no podría darle la espalda a nadie en todo el día. Horrorizado, consultó rápidamente su reloj. No había tiempo para cambiarse de ropa.

-¿Por qué has tenido que decir eso? -se quejó. Evelyn sonrió.

-No pasa nada, cariño. Si no recuerdo mal, los hombres tienen fijación por los traseros. Acuérdate de contonearte un poco al andar.

-Contonearme -repitió Nam inexpresivo, todavía incapaz de asimilar que su madre, ¡su madre!, creyera que le convenía enseñar la forma de su trasero.

-Ya sabes, adelante y atrás.

Y para demostrárselo, su madre se paseó por la habitación moviendo las caderas. Era un movimiento tan asombrosamente sexy que Nam quedó conmocionado.

-Pero no demasiado. -aconsejó tía Jo- De lo contrario, parecerán dos cerdos peleándose por salir del saco.

Aquello ya fue demasiado. Murmuró una excusa acerca de llegar tarde al trabajo y huyó.

Apenas había introducido la llave en la puerta de entrada de los empleados cuando a su espalda se detuvo un coche blanco del que apeó el jefe de policía Jeon. Puede que no encabezara la lista de las personas a quienes no deseaba ver aquel día, pero andaba muy cerca. Procuró arrimarse hacía un lado para que él no pudiera verle el trasero, aunque de todas formas no estaba mirando.

Jeon fue hacía él con el ceño fruncido.

-Llega usted tarde.

Nam consultó su reloj. Pasaban doce segundos de las nueve en punto.

-Es la hora en punto.

-Usted siempre llega media hora antes. Pero hoy no, de modo que llega tarde.

-¿Cómo sabe a qué hora llego a trabajar? -preguntó Nam, sintiéndose ruborizado y acosado. Era la única vez que llegaba casi tarde, y precisamente aquel día había alguien esperándolo. Además, Jeon estaba demasiado cerca de él, apabullándolo de nuevo con aquel estilo suyo, como si intentara intimidarlo con su tamaño. A lo mejor el método le funcionaba, ya que se sentía ruborizado y acosado.

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