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A Nam se le ocurrió que necesitaba hacer una cosa más para cambiar su imagen, así que el lunes a la hora del almuerzo fue a la farmacia de Clud y compró unos cuantos condones.

La de Clud era la más conveniente de las tres farmacias que había en el pueblo, ya que Cyrus Clud llevaba toda la vida viviendo en Hillsboro y conocía a todo el mundo, y además la cajera era su mujer, Barbara, así no tenía que pagar sueldos a nadie. Barbara Clud era una chismosa por lo menos tan grande como Beulah Wiison, y no sabía lo que significaba la palabra «discreción»; así fue como llegó a conocimiento de todos que determinado concejal del ayuntamiento tomaba Viagra. Por lo tanto, el hecho de que Kim Namjoon hubiera comprado condones se extendería a lo largo y lo ancho de su círculo de amistades .

Visitar locales nocturnos estaba bien, y probablemente eran el mejor territorio para salir de caza, pero Nam no quería dejar de lado tampoco a los hombres que hubiera disponibles en Hilisboro; de hecho, para él sería mucho mejor elegir a un vecino, ya que quería vivir cerca de su familia. El problema era que no conocía a muchos hombres solteros del pueblo; los pocos que acudían a su iglesia eran todos más jóvenes que él y de todos modos no los encontraba particularmente interesantes. Hank Farris estaba soltero, pero los Farris eran gentuza y había una razón para que Hank no se hubiera casado nunca: que apestaba. De modo que Nam no lo tuvo en cuenta como posible candidato.

Pero la gente hablaba, sobre todo en un pueblo pequeño como Hilisboro, con su telaraña de parientes y conocidos. No había más que decir: «¿Conoces a el hijo de Evelyn, Nam? ¿El bibliotecario? Me he enterado de que ha ido a la farmacia de Clud y ha comprado una caja entera de condones. Santo cielo, ¿qué estará tramando ese muchacho?» Antes de que se diera cuenta, empezarían a surgir de todas partes hombres interesados. Tendría que ir descartando los indeseables, naturalmente, pero suponía que habría una gran porción de ellos que desaparecerían cuando descubrieran que no tenía intención de usar ninguno de los condones. Sólo le servirían para dar tema de conversación.

Por otra parte, jamás había pensado que comprar condones fuera una cosa tan complicada. Se quedó en el pasillo número cinco observando las filas y los montones de envases. ¿Quién demonios iba a imaginarse que había tanto surtido? ¿Y qué compraban actualmente los jóvenes sexualmente activos? Por ejemplo, ¿un producto denominado Jinete Duro era algo deseable o no? Nam pensó que probablemente no, porque le sonaba a algo que compraría una pandilla de moteros, suponiendo que los Ángeles del Infierno usaran condones. ¿Y las nervaduras? ¿Importaba que un condón tuviera o no nervaduras? ¿Lubricado o sin lubricar? Pensándolo mejor, optó por lubricado.

Y pensándolo mejor aún, Cyrus Clud tenía una enorme variedad de condones, muchos más de los que habría esperado encontrar en una farmacia pequeña e independiente. Seguro que las ventas de condones no eran tan elevadas, dado que se podían encontrar en otros muchos sitios.

Cogió una cajita que decía: «Cautíva», leyó el dorso y la devolvió rápidamente al estante. Tal vez Cyrus tenía una clientela específica. A lo mejor debía advertir al jefe Jeon de que vigilara el pasillo cinco de la farmacia de Clud, porque a juzgar por la variedad que podía encontrarse allí, en Hilisboro estaban pasando cosas muy sospechosas.

Por fin, desesperado, eligió una cajita con el nombre de PartyPak, que debería cubrir todas las bases, y se dirigió a la caja registradora, donde plantó el PartyPak en el mostrador delante de Barbara Clud.

-Espero que Evelyn y Joella se encuentren bien -dijo Barbara amablemente al tiempo que tomaba la cajita; ese era su modo de iniciar una conversación para enterarse de si le sucedía algo a alguien. Entonces se dio cuenta de lo que tenía en la mano y lanzó una exclamación ahogada.

-¡Kim Namjoon!

Notó que alguien se ponía detrás de él, pero no volvió la cabeza para ver de quién se trataba.

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