Con saltos intrépidos y aterrizajes llenos de elegancia, una lémur adolescente pasaba de techo en techo. Intentando seguir su paso, un lobo de pelaje negro hacía el esfuerzo por alcanzarla, pero le era difícil. Pese a que la distancia entre los tejados no era tan peligrosa, sus saltos carecían de seguridad necesaria o de los aterrizajes coordinados para retomar la carrera al siguiente.
Varios saltos después, aquella lémur de ojos amarillo aterrizó en el último techo del cual no se podía continuar saltando.
—¡Llegamos! —exclamó con emoción.
Justo en eso escuchó un golpe, y al darse la vuelta advirtió de su acompañante.
—Ahora sí, llegamos —dijo entre risitas apreciando al lobo cansado.
El contrario no dejaba de jadear de cansancio.
—¿No pudiste encontrar un escondite menos alejado? —preguntó el canino.
—¿Escondite? —repitió ofendida —. El entrenamiento para ser caballero te está arruinando el cerebro, y es precisamente la razón por la que quise traerte aquí aprovechando que tienes unos días libres —reveló ella.
Acto seguido, caminó hasta el borde del tejado para apreciar la ciudad desde allí arriba. Las orejas de la lémur escucharon como el futuro caballero se acercó a su lado para mirar lo mismo.
Aprovechando el silencio y la relajación, ella procedió a comentar:
—Este es mi refugio de paz —afirmó —. Justo debajo de nuestros pies conectan una gran cantidad de calles del reino. Y esa conexión es la que me recuerda que todos nosotros lo estamos. No solo los habitantes del reino. Sino todos los seres vivos del mundo. —Hizo una pausa para suspirar sonriente —. No hace falta ser hechicera para saber que estamos bajo algo mágico, o mejor, bajo algo que va más allá de la magia. Algo que nos recuerda que ni en el abismo más profundo estaremos solos. Que a pesar de nuestras diferencias siempre estaremos conectados, volviéndonos uno.
Justo cuando terminó de hablar el lobo sintió una extraña corriente de viento recorriendo su cuerpo. De inmediato sonrió, a sabiendas de que esas palabras habían traído paz a su corazón. Un abrazo invisible que había estado necesitando desde hace tiempo
—No sé que fue aquello que hice para merecer una amistad tan hermosa como la nuestra —comentó el lobo en un suspiro, obligando a sus ojos a perderse en el hermoso paisaje del horizonte
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Furtuber2020
FantasíaReto de subir un cuento por cada día de octubre. Debí haber subido esto hace un tiempo pero por vagancia no lo hice.
