Día 29: Locura.

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El viento soplaba con fuerza, y el frío que lo acompañaba golpeaba todavía más. Esa ventisca, sumada a la nieve, impedía tener una visión clara de alrededor.

Pero todo eso no parecía nada para una figura envuelta, que subía los escalones de una pronunciada elevación. No podía considerarse montaña como tal, pero al ser el lugar donde yacían las ruinas de un antiguo templo, entonces aquel apelativo tampoco era incorrecto.

Esa figura mantenía sus pasos firmes. Aunque el viento intentara tumbarla o los escalones estuvieran resbalosos, no se inmutaba. Ni siquiera a sabiendas de lo que estaba esperando allá arriba.

Tiempo después, subió los últimos escalones para llegar a una plataforma circular enorme. Aunque no podía ver mucho puesto que la ventisca allí era mucho más violenta, al punto de que podría salir volando en un descuido. Pero eso le fue irrelevante. También había una mancha negra gigante detrás de toda esa nieve, pero de igual modo la figura hizo caso omiso.

La entidad tan solo alzó una mano. Pronunció palabras que el viento no permitió escuchar, provocando que la extremidad se encendiera en un resplandor morado.
Ipso facto, toda la nieve se dispersó alrededor formando una cúpula invisible, revelando lo que se ocultaba allí.

Un colosal dragón, cuya cabeza estaba a centímetros de del visitante.

—Vaya —habló este último, revelando una voz femenina —. Definitivamente eres horrible —comentó, retirándose sus harapos.

Al retirarse sus coberturas, dejó verse tal cual era. Una loba adulta de pelajes violetas y ojos esmeralda. Un par de mechones bajando por su frente, y una cola con terminaciones blancas. Vestía una blusa roja y unos pantalones negros.

—¿Quién eres y como osas cometer semejante falta de respeto? —inquirió la bestia, alzando la cabeza para estar por encima de aquella sabandija.

Ella rió mientras apreciaba las escamas blancas del cuadrúpedo. Miró directamente a esos ojos azul oscuro de pupilas verticales.

—Quien soy es irrelevante en estos momentos. Lo importante aquí es quien eres tú y del gran poder que posees según las leyendas —respondió ella.

El dragón resopló.

—No encuentro halago en esas palabras.

—Porque no los hay —afirmó la loba de inmediato.

Hubo otro gruñido de parte de la bestia. Solo que este fue más pronunciado.

Luego el dragón colocó una de sus garras, que eran como témpanos de hielo enormes y filosos, encima de la cabeza del animal.

—Dame una buena razón para no matarte ahora mismo —amenazó el dragón.

Ella sonrió.

—Con mi fuerza subí hasta lo más alto sin desfallecer. Con mi fuerza evité que el viento me escupiera contra la superficie, afirmando mis pasos con voluntad. Con mi fuerza logré encontrar este estúpido lugar pese a que la nieve te ocultaba, porque mis ojos pueden ver más allá.

»¿De verdad piensas, estúpido saco de carne, que vas a intimidarme con una de tus garras? Ni aunque muestres tus colmillos vas a amedrentarme. Porque soy yo quien vino voluntariamente al lugar donde descansas para arrebatar tu poder con mis propias manos, acortando los días para el infierno congelado que le espera a este mundo.

»Sé razonable y ríndete. Aún no te he mostrado de lo que es capaz mi locura.

La bestia guardó silencio, paralizada. Hizo un leve movimiento de su garra, y no era para amagar un ataque. No.

Fue su temor respondiendo ante aquellas palabras.

Furtuber2020Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora