Capítulo 37

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Hola ¿Cómo están?, espero de maravilla, mucho éxito en todo lo que se propongan.

Ustedes pueden, está escritora les manda buenas vibras.

Agradezco a todos lo que comentan, votan, se lo llevan a sus bibliotecas, muchas gracias.

También por esperar pacientes las actualizaciones.

Disfruten el nuevo capitulo y nos vemos en las notas finales.

disculpen las faltas de ortografía sin querer se me van. 

Capítulo 37

El anciano del palacio observa a sus discípulos más leales entregarle la información sobre el paradero del hijo de su amada Su Xiyan, sin embargo, no es lo que espera.

Deseaba creer que logró escapar del abismo y el único en morir era ese maestro que estuvo cuidándolo.

Hace una mueca por tan desagradable respuesta que se le entrego, con un movimiento de mano y palabras dulces.

Retira a esos inútiles, dando por terminada la sesión, se encamina a su habitación, el malestar continua en su estómago, al intentar pensar en alguna otra solución que le pueda ser benéfica para él.

Tener a su hijo de vuelta en casa, donde será supervisado por él, y alejarlo de aquellos que intenten arrebatárselo.

Sin embargo, su mirada se ha oscurecido a tal grado de querer romperle el cuello a ese maestro inmortal por alejarlo de él.

Acaso no sabe que ese pequeño es hijo suyo y de su amada Su Xiyan, que ese bastardo que la agravio, le quito la oportunidad de poder tener a su querida discípula bajo sus cuidados.

Al entrar a la habitación sus pasos lo guían a un retrato de su amada discípula, donde el uniforme le queda tan bien, y esa sonrisa logra hacerlo sonreír.

—mi querida Su Xiyan, nuestro hijo ha desaparecido, más no debes tener preocupaciones, este padre angustiado buscara hasta por debajo de las piedras para poder traerlo a casa— exclama, observando la belleza enmarcada.

—no dejare que nadie nos lo arrebate, haré lo que sea, para honrar tú memoria— exclama mientras estira su mano, la desliza por la pintura.

Sabe que Su Xiyan hubiese sido feliz a su lado, que le daría tantos hijos que fueran posibles y nadie se atrevería a contradecirla, ella era suya, su amada, su esposa, su única mujer en el mundo, pero ese bastardo llego y abuso de su mujer, porque era suya, suya.

Esos ojos han perdido la razón, sumergiéndose en fantasías donde ella continua viva, sonriéndole a él y mostrándole a ese pequeño como su hijo.

Si, su familia, su hijo y su esposa.

El deseo por exterminar a aquellos que se atrevan a alejarlo de su hijo, es tan abrumador, mientras una sonrisa sádica cuelga de sus labios.

Los primeros que deben caer son esos niños que estuvieron junto a su hijo, basuras que causaron incomodidad en su pequeño, sabe que esa mirada eran de miedo, por no estar en donde debería.

A su lado mirando el espectáculo mientras a los demás se los llevaba el carajo.

Su hijo, quien tuvo que pasar tiempo con esas basuras.

—Luo Binghe, no debes preocuparte este padre tuyo, hará todo lo posible para que regreses a casa, y no tengas que volver a verlos— exclama el anciano del palacio Huan Hua, volviendo a salir y pedir en buscar de nuevo al hijo de su amada Su Xiyan.

**

Las prácticas de la espada han sido gratificantes para los discípulos del pico Qing Jing, desde que se hicieron las paces con los amigos de Luo Binghe, esa pesadez y tristezas han ido cambiado por entrenamientos un poco más duros, así como estudiar con más interés que antes.

Un Shen para bingheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora