Huérfano y sin nadie con quien conectar, Nathanael solo cuenta con la compañía de su vieja camioneta y la voz de su conciencia.
Resignado a vivir en soledad, descubre que su verdadera naturaleza le tiene preparados otros planes. Nate se embarcará en...
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Al igual que un castillo medieval, Caledonia contaba con un área de caballerizas muy cerca de la salida principal. Los elfos no eran criaturas arcaicas ni mucho menos, sin embargo, disfrutaban más de la compañía de los caballos que los contaminantes vehículos actuales.
Mar acariciaba a su yegua favorita, Pam, cuyo color crema con la luz del día parecía destilar reflejos dorados. La maestra Raven, no vestía en esa ocasión sus típicos vestidos, lo cual había llamado la atención de muchos en el monasterio, pocas personas tenían el honor de verla usar pantalones para cabalgar y muchos otros, ni se imaginaban que pudiera tenerlos en su guardarropa.
—Llegas tarde, Nate —exclamó, al sentir el caos que el joven emanaba a sus espaldas, desde que lo conoció supo que tenía un gran poder contenido en su interior, aunque ella era una elfa de aire, había nacido con susceptibilidad al poder de los demás, es por ello que sus pasos la guiaron a ser maestra.
—Lo siento, mi clase anterior se alargó un poco —murmuró en respuesta el aludido, Mar lo vio sobre su hombro, no llevaba el labio hinchado, pero si un ojo morado.
—¿Ajax? —temprano en la mañana, mucho antes de que el sol saliera, el consejo se había reunido para determinar que debían hacer con Nate. Ajax se opuso rotundamente a que se quedara en el monasterio, asegurando que el chico necesitaba una mano dura y mucha vigilancia; sin embargo, el resto de los miembros —y los ancianos incluidos—, llegaron a la conclusión de que Nate no parecía una amenaza y que lo mejor, sería aumentar la carga de sus entrenamientos y clases, con el fin de que drenara la mayor cantidad de energía posible mientras que aprendiera autocontrol.
Por supuesto, Ajax no estuvo de acuerdo, pero se comprometió a exprimir todo lo que pudiera al muchacho. Le asignó nuevos entrenamientos antes del desayuno, el doble de horas en clases de combate y obligó a Mar, a que sus clases fueran más exigentes.
La maestra no sabía si Ajax tenía algo en contra del chico, pero definitivamente sentía que disfrutaba lastimándolo o haciéndolo sufrir. Nate no tenía buena pinta, se veía cansado y adolorido, no era algo agradable de ver para ella.
—No es nada.
—Nunca es nada, uno de estos días llegarás sin dientes o con una hemorragia interna. Hablaré con él.
—No es necesario, de verdad.
—Vamos, Mar, deja que pelee sus propias batallas —Camille salió del establo con otras dos monturas y las riendas en sus manos, un caballo tan blanco como la nieve y otro color chocolate—. ¿Sabes cabalgar? —le preguntó a Nate.
—Puedo aprender —contestó ensimismado con los animales, jamás había visto uno de cerca y ni se hubiera imaginado que en su vida tendría oportunidad de montarlo.
—De acuerdo, Camille puede ayudarte con Lolly —la aludida se acercó a Lolly, la yegua de color chocolate, con su mano resplandeciente tocó su cabeza y en un momento el animal calmó su brío. Nate se armó de valor, lo menos que deseaba era comportarse como un niño asustado frente a Camille. Montó a la yegua con dificultad, pero sin caerse.