Crossovers de diferentes series, películas, animés, cartoons y juegos con el universo de Harry Potter.
Esta historia está hecha para cumplir con el reto del Fictober 2022, por lo que cada capítulo es independiente de los demás y puede leerse como u...
Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch (Buenos Presagios: Las Buenas y Acertadas Profecías de Agnes Nutter, Bruja) es una novela de 1990 escrita por Neil Gaiman y Terry Pratchett. Fue adaptada a una serie de seis capítulos en 2019, emitida por Amazon Prime, y se planea una segunda temporada para mediados del 2023. La historia de Good Omens trata sobre un ángel y un demonio (Aziraphale y Crowley), quienes han sido amigos desde hace seis mil años y viven muy felices en el mundo humano. Su pacífica vida, sin embargo, se ve amenazada cuando el Infierno envía al bebé anticristo a la Tierra, señal de que se avecina una guerra contra el Cielo, por lo que ambos se unen para evitarlo y defender al mundo que tanto aman.
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(Nota: este capítulo crossover está ubicado en el mismo universo que mi historia Serpientes Mágicas, por lo que algunos personajes originales son mencionados). ............................................................................
Aziraphale fue el hombre más feliz del mundo el día en que inauguró su propia librería en el Callejón Diagon. Habían pasado dos años de ese evento y seguía siendo un hombre sumamente feliz, pero reconocía que era mucho más trabajo del que calculara en un principio.
-Es la vida real, ángel- lo consoló su esposo Crowley mientras compartían un té en la trastienda.- Sales de Hogwarts lleno de empuje y ambición, convencido de que podrás con todo, y luego te das cuenta que tener un negocio propio no es tan fácil. A veces es todo un dolor en el trasero.
-¡Querido, el lenguaje!
-Sí, sí, perdón. Pero ya me entiendes, lo que quiero decir es que cumplir un sueño no es tan fácil como creemos de niños. Aunque sí es satisfactorio, ¿no lo crees?
-Desde luego, vale totalmente la pena. Aunque eso ya lo sabías, ¿no? Lograste ser propietario antes que yo- respondió mordazmente, logrando que Crowley se atragantara con el té.
-¡Dijiste que ya me habías perdonado por gastar nuestros ahorros en la compra del Caldero Chorreante, ángel! Además fue por el bien de la familia, ¿cómo habríamos logrado salir adelante sin el…?
-¡Jajajaja, te estoy tomando el pelo, querido! Claro que ya te perdoné por eso, no soy un hombre rencoroso. Ni tonto, si vamos al caso. Sé bien que sin el dinero del bar no habríamos logrado comprar nuestra casa, abrir esta librería o criar a nuestros hijos. Fue la locura más hermosa que has cometido y estoy muy agradecido por eso.
Crowley suspiró aliviado y bebió lo que quedaba de su té en silencio, recordando lo furioso que había estado Zira al principio. En aquella época, tanto él como su esposo eran simples empleados del bar y la librería Flourish y Blotts; habían acordado trabajar duro y ahorrar cada knut en pos de un futuro mejor, pero a Crowley lo tentó la posibilidad de ser propietario en cuanto el dueño del Caldero Chorreante, Tom, le propuso vendérselo a un precio bajo. A esas alturas tenían ya dos hijos, Terry de un año y Neil que era recién nacido, y gastar todos sus ahorros en una compra de esa magnitud fue tanto una locura como su salvación. Con su capacidad de trabajo y la administración de Aziraphale no tardaron en recuperar lo invertido, y muy pronto empezaron a ver las ganancias que les permitieron mudarse a una casa más grande. Lo cual fue un alivio, porque al nacimiento de Neil le siguieron los trillizos Raven, Lilith y Misha y por último, aquella primavera, el de su hijo David. Y como su familia tenía ya ocho miembros, no les pareció mal aventurarse de nuevo y comprar un local vacío para instalar su propia librería, A.Z. Fell and Co.
-Todo sueño requiere de trabajo duro para hacerse realidad, querido. Así que sí, puedo estar algo cansado pero no tiraré la toalla. En cuanto terminemos el té voy a seguir con lo mío, tengo varias lechuzas que enviar y un inventario por llenar. ¿Y tú?
-Volveré a casa un momento a ver cómo están los niños, y en cuanto llegue su nana me regreso al bar. ¿Quieres que te alcance algo de casa?
Aziraphale negó y pensó en darle algunas indicaciones a Crowley, pero luego desechó la idea. Su esposo era un buen padre, ya sabría él solo explicarle a la niñera que tuviera cuidado con los pequeños. Terry ya había empezado a manifestar su magia y había que vigilarlo, porque aunque era un niño tranquilo no se podía confiar al 100% en que supiera controlarse. Neil por otra parte estaba pasando por una etapa difícil, haciendo travesuras por todo el pueblo y ganándose la antipatía de algunos vecinos mayores; los trillizos eran bebés aún más inquietos, y David requería alimentarse varias veces así día con leche especial. De repente le ganó la ansiedad y atajó a su esposo en la puerta, dispuesto a acompañarlo.
-Déjame ir contigo, necesito comprobar que haya pañales suficientes en casa… y si no hay la nana tendrá que encargarlos en la tienda muggle del pueblo, y para eso precisará dinero muggle.
-Ya lo sé, lo tenemos guardado en el cajón del primer piso. No te preocupes, Zira, yo puedo hacerlo…
-Pero no está de más que también eche un vistazo, ¿o sí?
Crowley se bajó un poco los lentes y lo observó fijo, sabiendo por experiencia que algo le pasaba.- ¿Por qué te pusiste nervioso de repente, ángel? ¿No ibas a hacer el inventario?
-Eso puede esperar un poco- contestó el rubio con impaciencia.-Anda, vamos a cruzar la chimenea rápido. Tengo la sensación de que en este momento el lugar donde debo estar es en casa.
(...)
Tadfield era un pueblo habitado por muggles y magos en igual proporción, lo que lo hacía un hogar muy confortable para las familias mágicas. Allí no tenían que cuidarse tanto de ser vistos, ni vivir con miedo a ser descubiertos por muggles prejuiciosos, ya que incluso los no magos tenían parientes que sí lo eran y eso los hacía de confianza. Crowley y Aziraphale habían comprado una casa en las afueras que se ajustaba perfectamente a sus necesidades, incluyendo hechizos de seguridad para niños y un patio lo bastante grande como para colocar un columpio y un arenero. En aquel momento no se oía ningún ruido ni afuera ni adentro de la casa, ya que todos los pequeños dormían la siesta. Aziraphale quedó sorprendido para bien.
-Vaya, ¿cómo lo has hecho, Anathema? ¡Incluso a mí me cuesta que se duerman al unísono!- le preguntó a la joven, una bruja que trabajaba como niñera de magos a la par que estudiaba Adivinación.
-Qué puedo decir, no hago nada especial, señor Fell. Solo tengo paciencia con ellos y les leo cuentos muy largos, de ese modo se concentran en una sola cosa y terminan durmiéndose antes de oír el final.
-Bueno, pues si eso es así quiero que les leas todos los días, es más, ¡compraré más libros infantiles ni bien regrese al Callejón Diagon!
Anathema sonrió y sacó algunas cosas de su bolso con la varita, incluyendo una baraja de cartas del tarot y un cuenco con piedras de colores.-Hágalo, con mucho gusto yo les leeré cada día y también les pondré música, que tiene propiedades estimulantes muy positivas para los niños. Mientras tanto, si usted me lo permite, me gustaría estudiar un poco las cartas. Pronto tendré un examen y necesito sacar buena nota si quiero una recomendación, ¿sabe? En el colegio Hogwarts no me aceptarán como profesora si no demuestro ser una auténtica adivina.
-Lo harás bien, querida, no tengo dudas. Después de todo lo llevas en la sangre- comentó Zira, en referencia a que Anathema descendía de la famosa vidente Agnes la Chiflada, cuyo retrato honraba una de las paredes del castillo. Ana volvió a sonreír débilmente mientras echaba las piedras del cuenco y examinaba la forma en que habían caído; en eso Crowley regresó del cuarto de David y aseguró que todo estaba en orden, y que ya podían volver al Callejón. Aziraphale asintió y ya había abierto la boca para despedirse de Anathema cuando ésta le ganó de mano y le dijo algo muy sorprendente:
-No sé si tengo un don tan grande como mi antepasada, señor Fell, pero si le puedo vaticinar algo.
-¿Ah, sí…?
-Usted y el señor Crowley son felices ahora, pero serán mucho más felices aún cuando reciban cuatro bendiciones y un regalo.
-¿Y eso qué significa, querida?
-Ah, pues la verdad que no estoy segura… pero recibir bendiciones y regalos no suena a nada feo, ¿no lo cree? De seguro significa algo muy bonito que pronto descubrirán.