PriPara

60 1 0
                                        


PriPara es el cuarto animé de Pretty Series, una franquicia desarrollada por Takara Tomy y Syn Sophia basada en la temática de idols. Dicha franquicia comenzó en 2010 con un juego de arcade llamado Pretty Rhythm: Mini Skirt, y continuó con sucesivos juegos, animés, películas y más hasta el día de hoy, en que están en emisión simultánea dos de sus animés (Waccha PriMagi y también Idol Land PriPara). La historia de PriPara narra la vida de Laala, una estudiante de primaria que sueña con ser idol pero no puede hacerlo ya que su escuela lo prohíbe. Después de encontrar en la calle el bolso de una idol llamada Mireille Laala acude a PriPara para devolvérselo, pero sin quererlo termina dando un show con ella, lo que la impulsa a iniciar una carrera a escondidas de todos.

 Después de encontrar en la calle el bolso de una idol llamada Mireille Laala acude a PriPara para devolvérselo, pero sin quererlo termina dando un show con ella, lo que la impulsa a iniciar una carrera a escondidas de todos

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

............................................................................

Todas las escuelas de magia eran sitios especiales, pero Mahoutokoro se las arreglaba para sobresalir incluso entre ellas. Se trataba de un palacio ubicado en lo más alto de Minami Iwo Jima, una isla volcánica de Japón que se creía deshabitada por muggles, lo cual la hacía segura para los estudiantes y maestros. Mahoutokoro tomaba estudiantes a partir de los siete años, pero no residían en el palacio hasta los once; hasta entonces eran transportados a la escuela ida y vuelta por paiños gigantes, una bandada de aves especialmente entrenadas para tal función. 

Laala Manaka estaba partida entre la alegría y la tristeza por su momento de ir como alumna interna a Mahoutokoro. Por un lado, la hacía sentirse orgullosa el ser lo bastante mayor como para vivir en la escuela, algo que siempre había soñado: podría tomar clases nuevas, pasar el tiempo libre en las salas comunes de estudiantes y conocer más en profundidad sobre las actividades extra curriculares que tenían los mayores. Pero por el otro lado sentía temor de no encajar, de no hacer amigos como en su etapa primaria, de cometer algún error que la hiciera portar una túnica blanca. No podría vivir con esa vergüenza encima, por lo que los últimos días antes del nuevo año escolar fueron un mar de nervios y ansiedad para ella.

En Mahoutokoro, tanto los alumnos como las alumnas vestían túnicas de color rosa que iban cambiando de color conforme ganaban experiencia y pasaban de año. Los estudiantes mayores lucían unas radiantes túnicas doradas que ella se moría por usar, desde que viera el primer desfile de graduados hacía ya cinco años. En oposición al color dorado, que simbolizaba la virtud de un alumno, aquellos que rompían las reglas de forma excesiva acababan vistiendo túnicas blancas, una deshonra que casi con seguridad significaba la expulsión del palacio. Naturalmente nadie iba a expulsarla solo por ser algo torpe, pero aún así Laala tenía miedo.

-Bueno, no digo que vayan a echarte, pero sabes, seguramente serás castigada- opinó divertida Dorothy, su vecina dos años mayor.- Te he visto en una que otra clase y eres un poco desastrosa, sabes. De seguro la directora Gloria te envía a limpiar los nidos de los paiños. Y con lo que pesan ya te imaginarás el tamaño de sus deshechos…

-¿Ehhh…? ¡Pero yo no quiero hacer eso, es terrible!

-Dorothy, no la asustes así, ¿qué no ves que es una niña?- la regañó con suavidad Reona, su hermano gemelo, mucho más dispuesto a calmar los temores de su amiga de lo que Dorothy estaba.- No te preocupes, Laala, nadie te enviará a limpiar los nidos, estoy seguro. Las travesuras son una cosa pero tú no eres traviesa, así que ¿por qué habrían de castigarte?

Las palabras de Reona ciertamente lograron calmarla bastante, pero de todas formas se aseguró de repasar el reglamento una vez más en cuanto volvió a casa. Sus padres la vieron tan concentrada preparándose para su regreso a clases que la dejaron hacer tranquila mientras ellos cerraban la tienda familiar, y solo la llamaron cuando estuvo lista la cena.

-He preparado una pasta buenísima para mis dos tesoros, ya que mañana volverán a la escuela y quiero despedirlas como se debe- anunció su padre emocionado, emoción que rompió su hija menor Non con un comentario bastante burlón para su edad:

-Papi, Laala es la que se quedará a vivir en el colegio ahora. Yo volveré para la cena, ¿recuerdas?

-Lo sé, ya lo sé, ¡pero de todas formas voy a extrañarlas a ambas, cariño! Aunque claro… puede que extrañe más a Laala ya que va a quedarse interna. Hija, vas a escribirnos para contarnos cómo te ha ido, ¿verdad?

-Descuida, papá, les enviaré tantas lechuzas como pueda para que sepan lo bien que me va. ¡Porque planeo hacer las cosas muy bien en esta etapa! No más accidentes con el caldero, ni más pizza que arruine la alfombra al caerse con todo y queso…

-No más cantar a medianoche como haces aquí- apuntó Non con una risita, en alusión a lo mucho que su hermana adoraba cantar a todas horas. Laala se sonrojó pero asintió, sabiendo que en la escuela no sería como en su casa y tendría que moderarse.

-Claro que no pienso traer problemas a los demás con mi música, Non. Procuraré solo escuchar las sesiones profesionales de PriPara, en horarios normales.

-Nunca entendí la diferencia entre PriPara y karaoke, la verdad- intervino su padre confundido. Laala y Non lo miraron escandalizadas, como si no pudieran creer que alguien no supiera algo tan básico.

-Papá, karaoke es lo que tienen los muggles. Tanto las salas que se alquilan como las máquinas que tienen y que pasan música se llaman karaoke- empezó Non.

-Y PriPara es un sistema de alta hechicería que nos permite elegir nuestros atuendos, micrófonos y canciones mediante ciertos conjuros básicos- siguió Laala con los ojos brillantes de emoción.- Las mejores brujas pueden usar PriPara para dar conciertos y todo, es lo máximo. Ojalá algún día yo pueda, ¡sería un sueño volverme una estrella de PriPara como Las Saints!

-¿Las quién?

-¡Papá!

La señora Manaka rió por lo bajo ante la cara de sufrido de su esposo, pero también por el entusiasmo y alegría de sus hijas al hablar de lo que amaban. Las brujas jóvenes se volvían locas por el PriPara y era entendible, y si ese era el sueño de Laala ella la apoyaría sin dudar. Al fin y al cabo, una bruja no estaba atada a un solo camino en la vida. Volverse una estrella musical podía ser algo tan factible como cualquier otra profesión del mundo mágico.

Multiverso MágicoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora