XVIII

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⚠️ Capítulo largo⚠️

Ocho semanas después.

Había salido de la mikve* hace sólo un par de horas, y había llegado a la casona esperando encontrar a su esposo, había pasado casi un año desde la última vez que habían compartido la cama, le decepcionó no encontrarle esperándola.

Se quitó los tacones en el recibidor, quedándose de pie en el umbral que daba al salón de estar donde la escalera daba a la segunda planta, allí donde su madre había caído un par de meses antes, no se había acercado a ese lugar desde entonces.

Había hecho que cambiaran su habitación a la primera planta, justo enfrente del despacho de su hermano, en el enorme pasillo por el que andaba en triciclo cuando era niña.

Se quitó con cuidado el abrigo, sintiendo aún el cabello húmedo goteando en su vestido blanco, por un par de segundos pudo imaginar cómo la casona Solomons ardía junto con todos aquellos fantasmas que vivían en ella.

– «Zorra, lo sedujiste... ¡Ella debe haberlo provocado! E inventan estas historias años después de que él muriera ¿Como te atreves? ¡Eres una puta, Antonella!»

Sacudió la cabeza tratando de hacer que la voz de su madre saliera de su cabeza, se había cubierto el vientre cuando la vio caer escaleras abajo, retrocedió, su madre había caído a sus pies y ella no había hecho nada para evitarlo.

Si Alfred no se lo hubiera dicho ¿ella seguiría viva? Apretó los ojos por unos cuantos segundos, deseando poder irse a lo de Sabini, deseando desaparecer de la tierra solo unos segundos.

Sus pies sonaron mientras se acercaba a su habitación para ver a su hijo a quien esperaba encontrar dormido en el cunero que Alfred les había regalado, no estaba.

La cocina estaba vacía, no había nadie, corrió hasta el teléfono en el arrimo junto a las puertas de entrada para marcar hasta el alambique donde su hermano contestó.

– No está Henry ni Alfie en casa – Soltó antes de que su hermano pudiera responderle siquiera.

Están aquí Nela, Ollie y Salomé tuvieron que salir en una emergencia, Henry vino aquí, ambos están aquí – Explicó desde el otro lado tranquilizándola, la escuchó volver a respirar – tranquila amor, estaremos pronto en casa, deberías descansar.

– Cuida bien a mi bebé.

Claro que sí, cariño.

Colgó la llamada sonriendo al ver el pequeño calendario en la mesita, era jueves, había olvidado los jueves, ahora cada día parecía ser el mismo día, levantó la mirada observándose en el espejo.

Las ojeras bajo sus ojos eran prominentes, estaba pálida, más delgada, los senos le dolían después de estar un par de horas lejos de su bebé, inhaló con fuerza sintiendo el aire frío metiéndose por su nariz, sintió el aire conteniéndose en la base de su garganta, y terminó levantando la mirada para exhalar al tiempo en que se giraba abruptamente al escuchar que tocaban a la puerta.

Se pellizcó las mejillas para que se sonrojaran un poco dándole color a su rostro pálido, no se dio cuenta de que estaba descalza hasta que abrió la puerta encontrándose con el rostro que detuvo todo en dos segundos.

– Alfred no está aquí – Soltó tratando de cerrar la puerta que él detuvo con suavidad.

– Antonella – Su nombre en la boca del gitano le erizó la piel, quiso salir corriendo – lo sé, sé que no está aquí – extendió su mano contra la puerta haciendo que el ramo de flores golpeando la madera soltara algunos pétalos.

Every Thursday.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora