CAPITULO XLV: PLATÓNICO

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Ahora nos encontramos en la misma cafetería, pero, en su lugar, ya no están Hank y Anne, en realidad, se trata de Kenneth y Anne. Anne sostiene en sus manos un libro, y lo lee, con mucha calma, casi como si quisiera que el momento dure para siempre.

—¿Qué te parece? —Le preguntó Kenneth a Anne, quien, luego de terminar de leer el libro que tenía en sus manos, comenzó a llorar.

—Es... hermoso. —Dijo Anne—. Tan emocionante... tan... tan...

—Tan maravilloso, que uno desearía que fuera real ¿No?

Anne no dijo nada, afirmó varias veces con la cabeza mientras abrazaba el libro y no podía dejar de llorar.

—Me tomó mucho tiempo, pero pude terminarlo. —Dijo Kenneth—. Lamento haberte hecho esperar tanto, Anne, pero quería enseñarte el capítulo final cuando estuviera completo. ¿Qué te parece? ¿Crees que cuenta todo lo que tú y Hank vivieron?

—Sí, es perfecto. —Dijo Anne, muy conmovida—. Relataste muy bien todas las partes que me corresponden a mí, pero ¿Y las de Hank? ¿Cómo pudiste escribirlas? Si él ya...

Anne tuvo que hacer una pausa, no pudo seguir hablando.

—Mientras Hank estuvo en el bosque, tenía un diario en el que escribía cómo se sintió desde el día del accidente en el avión. Fue difícil conseguirlo ya que se consideraba evidencia policial pero... tengo mis métodos. En  su diario Hank cuenta todo: lo que pasó después, su tiempo en el hospital, su escape y su vida en el bosque, hasta el día en el que me llamó para decirme que iría a buscarte. Podríamos decir que todas las partes de la historia que corresponden a él, fueron escritas por su puño y letra.

Anne no podía contradecir eso, Hank le habló de Kenneth muchas veces, si Hank confiaba en él más que en nadie, Anne también podía hacerlo.

—Te agradezco por haberme ayudado a escribir todas las partes que corresponden a tu historia. —Continuó Kenneth—. Y lamento si fue difícil volver a recordar todo eso.

—No te preocupes por eso. —Respondió Anne—. Al contrario, yo te agradezco por haber escrito la historia de Hank y la mía con tanta pasión y precisión. —Anne admiró el libro con mucha lentitud, y acarició su portada.

—Bueno Anne, el libro es todo tuyo, es la primera y única copia que existe de él, puedes ir a una editorial o conservarlo para ti misma. No te preocupes, nadie lo plagiará, Alejandra ya se encuentra trabajando en los derechos de autor, que estarán a tu nombre. Claro que en ti queda si quieres popularizarlo o no.

Anne lo pensó un momento, observaba el libro y sentía nostalgia por todo lo que había vivido, era una decisión difícil de tomar.

—Quisiera conservarlo para mí misma. —Respondió finalmente—. Quiero quedarme con la primera y única copia, si no es mucha molestia. —Dijo Anne, abrazando el libro.

Kenneth se sorprendió un poco, no esperaba esa respuesta.

—¿Estás segura? —Preguntó Kenneth finalmente.

Anne afirmó con la cabeza.

—No lo tomes a mal, por favor. —Respondió Anne—. Sé que tardaste mucho tiempo en escribirlo, debió ser difícil, y lo entiendo; si quieres, te pagaré lo que me pidas por este libro, pero debes prometerme que nunca habrá otra copia además de esta.

Kenneth no respondía nada, le extrañaba un poco la situación.

—Amo todo lo que escribiste, pero más que nada, amo el final que tiene. —Anne se aferraba al libro, aunque nadie intentara quitárselo, lo sostenía como si lo estuviera protegiendo de algún mal que quisiera hacerle daño—. Créeme, no habrá nadie más en el mundo que desearía que cada cosa que dice el último capítulo se hiciera realidad, que Hank siguiera vivo, que iniciáramos nuestra propia banda, que tuviéramos toda una vida juntos. ¡Nadie en el mundo desea eso más que yo!

Anne comenzó a llorar mientras abrazaba el libro, y Kenneth la miraba, aún sin decir nada.

—Todo este libro es algo único, y quiero que se mantenga así, como algo que sólo yo tenga. —Anne miró a Kenneth a los ojos, y, pese a que no podía dejar de llorar, le sonrió—. Lo que pido es egoísta, lo sé, pero esto, quiero se sea sólo mío, es algo platónico y quiero que así se mantenga, perfecto, único e irreal, pero mío, sólo para mí.

Kenneth, aunque no sabía qué decir.

—Si quieres... —Dijo Anne—, puedes llevarlo a una editorial, pero, por favor, sólo quisiera dos cosas, que le cambies los nombres a los personajes, y que cambies el capítulo final.

Anne miraba a Kenneth con ojos muy suplicantes, y Kenneth, tratando de comprender el sentir de Anne, finalmente se animó a hablar.

—El libro es tuyo Anne. —Dijo Kenneth finalmente— En tus manos tienes la única versión impresa e Amor Pos Bipolar. Nunca habrá ninguna otra.

Anne sonrió entre lágrimas, tanto que apenas podía expresar su felicidad.

—Muchísimas gracias, Kenneth.  —Anne tomó las manos de Kenneth— Hank confiaba plenamente en ti, y además, te tomaste la molestia de escribirlo, te agradezco este bello regalo que me estás dando. Sin dudas, eres su mejor amigo.

Kenneth abrió sus manos, y vio que Anne le había dejado en ellas un pétalo de Lila.

—Lo hago porque... Hank, yo lo amé como a mi hermano, y él te amó a ti. Por favor, aunque muchos se alegraron con su muerte por ser un criminal, tú y yo, recordémoslo como quien realmente fue: Una buena persona, a la que le pasaron cosas malas, pero nunca hizo el mal, y siempre amó y cuidó de los suyos. —Dijo Kenneth, casi llorando.

—Así será. —Le respondió Anne.

Kenneth y Anne se sonrieron mutuamente, hasta que él miró su reloj.

—¡Carajo! Tengo que irme Anne, fue un gusto haber hablado contigo.

Kenneth se levantó de la mesa en la que estaba con Anne.

—Por cierto. —Dijo antes de irse—. ¿Qué harás ahora?

—No lo sé. —Dijo Anne—. Tengo mucho dinero que dejó Darlene, estaba pensando en donarlo a causas benéficas para ayudar a las personas con mala salud mental, o quizás quería darlo a varios teatros y ayudar al arte, o... no lo sé.

Kenneth no decía nada, pero, al ver a Anne, recordó que Hank también estuvo así muchas veces, y dicen que, cuando alguien no sabe qué hacer, simplemente hay que recordarle que a veces no tiene que hacer nada. Lo bueno de estar perdido, es que cualquier camino sirve.

—¿Y tú qué quieres? —Le preguntó Kenneth.

Anne lo miró, no entendía su pregunta.

—¿Qué... "qué quiero"?

—Sí. —Dijo él—. Sé que quieres hacer algo por Lucy, Matilda y Hank, pero, lo mejor sería hacer algo por ti misma. ¿No crees?

Anne, se quedó un poco confundida.

—¿Algo por mí misma? —Habló para ella en voz baja.

Anne, entonces, recordó todo lo vivido, y, aunque durante mucho tiempo sólo pensar en las últimas palabras de Hank, hacía que sus ojos se llenen de lágrimas, esta vez respondió con una sonrisa.

—Pues, seguiré viviendo.

Kenneth entonces, al escuchar su respuesta, le sonrió, sabiendo que ella estaría bien.

—Interesante. —Dijo él—. Cuídate Anne, sigue viviendo.

Kenneth se fue del lugar, y Anne, se quedó un buen rato admirando el libro, acariciando sus páginas, y perdiéndose en sus recuerdos con Hank.

Anne se levantó, pagó la cuenta y se fue a dar una vuelta.

Eran alrededor de las 6:30PM, una tarde muy cálida, pero con un sol que ya estaba por ocultarse. Anne miró cómo la gente caminaba de un lado a otro en la calle, y Anne se preguntaba cuántos de ellos tampoco sabrían qué hacer, y, sin embargo, no por eso dejaban de caminar.

Anne tomó un taxi y fue a cierto lugar, uno al que nunca había ido después de salir del hospital psiquiátrico. Casi un año había pasado, y era la primera vez desde su recuperación que iría al cementerio, Anne, después de tanto tiempo, finalmente fue a visitar la tumba de Hank.

AMOR POS BIPOLARDonde viven las historias. Descúbrelo ahora