¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
[Recuerdos]
La joven caminaba tranquilamente junto a la pequeña niña, quien parecía muy dispuesta a explicarle cada detalle de su entorno.
—Ahí es donde trabaja mi papá —dijo la niña con entusiasmo, señalando con su dedito hacia un conjunto de altos edificios de cristal.
—¿Ahí? —preguntó la joven, sorprendida.
—Sí. A veces nos deja visitarlo, pero no siempre —respondió la niña, bajando un poco el tono, casi con tristeza—. Casi siempre está trabajando.
—¿Tu papá es el jefe?
—Sí, es el jefe de todo eso —afirmó la niña con una sonrisa orgullosa—. Eso y de otras tres empresas.
—¡Guau! Eso es genial.
—Sí, lo sé. Ahorita vengo, voy con mi mamá —dijo la pequeña, antes de correr hacia una mujer que conversaba con otra señora.
La joven se quedó observando cómo la niña se reunía con su madre. Su mirada, sin darse cuenta, se perdió en aquellos enormes edificios. Personas entraban y salían con prisa: algunos cargaban bolsas de comida, otros llevaban cajas o ropa, y cada uno parecía tener un propósito fijo. Todo se movía como un engranaje perfectamente organizado.
Sin embargo, en contraste con esa energía, ella suspiró. —Ya me aburrí... —murmuró, comenzando a caminar sin rumbo en busca de algo que llamara su atención.
Pasaron unos minutos antes de que se diera cuenta de que se había alejado demasiado. El bullicio de la zona quedó atrás y las calles se volvieron cada vez más solitarias.
—¿Por qué no hay nada por aquí? —se preguntó en voz alta, observando a su alrededor.
Fue entonces cuando un edificio inusual llamó su atención. No era como los demás: ni de cristal ni de tonos grises. Al contrario, tenía un color amarillo cálido y un diseño más antiguo, con 112 ventanas perfectamente alineadas en su fachada. En la columna principal se leía el nombre “Estrella Naranja”, acompañado de un símbolo tallado de una estrella de cinco puntas.
Justo al frente había una pequeña fuente, donde el agua caía suavemente, creando un murmullo que rompía el silencio de la calle. La joven se acercó, inclinándose para mirar su reflejo en el agua.
Pero, durante unos segundos, no vio solo su rostro: una figura difusa apareció detrás de ella.
Retrocedió de inmediato, asustada, mirando a su alrededor. No había nadie.