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[Despedida dolorosa]
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La noche seguía envolviendo el castillo, y Embry permanecía en el balcón, abrazándose a sí misma mientras el viento helado le rozaba los brazos. Había sido un día abrumador, lleno de revelaciones, dolor y responsabilidades que ni siquiera sabía si podía cargar.
—¿Qué hago? —susurró, llevando una mano a su frente—. ¿Me quedo o me voy? ¿Y si quedarme es un error? ¿Y si irme también lo es? No puedo irme tan rápido… pero tampoco quiero dejar a los demás.
Sus pensamientos chocaban entre sí como olas contra una roca. Cada idea la arrancaba de una posible calma.
—¿En qué tanto piensas? —una voz conocida la sacó de sus tormentos internos.
Embry levantó la mirada. Allí estaba él.
Gohan.
La persona que más necesitaba… y la única que podía desarmarla por completo con una sola frase.
—En nada… —mintió, antes de abrazarlo con repentina desesperación—. Solo… en lo que va a pasar después.
Gohan la rodeó con los brazos sin dudarlo, apoyando cuidadosamente su barbilla en la cabeza de ella, cerrando los ojos como si en ese abrazo buscara protegerla del mundo entero.
—No preocupes tu linda cabecita con eso —murmuró, con esa calidez que siempre lograba tranquilizarla—. Has tenido demasiadas sorpresas hoy. Necesitas respirar, Embry.
La chica soltó una pequeña risita, frágil pero sincera.
—Tal vez tengas razón. Solo… necesito pensar menos.
Gohan apartó el abrazo, pero mantuvo sus manos en los hombros de ella.