¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
[Abrazo familiar].
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—¡Ah, qué alegría! ¡Tú también estás sano y salvo! —exclamó Satán mientras levantaba a su pequeño cachorro.
El perrito se acercó a mí. Lo acaricié con manos temblorosas; estaba agotada, cada movimiento me costaba. Mi respiración aún venía entrecortada.
De pronto, Dende, Shin y el Supremo Kaiōsama aparecieron en el claro como una aparición salvadora.
—¡Goku! —gritó Dende y corrió hacia nosotros.
—Parece que este planeta resistió bastante —comentó el Supremo, observando el paisaje destrozado—. Vaya, sí que se pelearon.
—Dende, cura primero a Vegeta; lo necesita —dijo Goku, la voz cargada de cansancio.
—Sí —respondió Dende y salió volando hacia Vegeta. Lo reparó con rapidez, luego se acercó a Goku y lo curó también.
Satán, aún eufórico, habló al perro como si fuera la audiencia entera:
—¡Nos hemos salvado de ese demonio! ¿Entiendes lo que digo?
El cachorro saltó de los brazos de Satán y salió corriendo. Satán se levantó de un salto para seguirlo, riendo. Pero no pasaron ni diez segundos cuando gritó:
——¡Pero si es Boo!
—¿Qué? —todos respondieron al unísono y corrieron hacia donde el perrito había ido.
Lo que vimos hizo que el aire se helara: era Boo. Estaba vivo. Satán se arrodilló junto a él, con los ojos enormes.
—Aún sigue con vida —dijo Satán con voz suplicante—. Por lo que más quieran, ¡ayúdenlo también! Dende, ¿verdad que puedes? Con esos poderes misteriosos tuyos…
Dende los miró a todos, claramente incómodo.
—¡Ni de broma! —exclamó Vegeta, sin ocultar su furia—. ¡Ése no merece vivir! —estiró la mano, listo para acabar con él—. ¡Quítense de en medio, yo mismo me encargo!