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[Una oportunidad]
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Embry y Gohan avanzaron con cautela por el extraño paisaje. A medida que se adentraban más en ese nuevo mundo, el aire se volvía más espeso, como si ocultara secretos que solo estaban esperando ser descubiertos. Fue entonces cuando Embry recordó la razón por la que había atravesado el portal sin pensarlo dos veces.
—Gohan, tengo que encontrar a esos dos chicos que se llevaron el collar de mi madre —dijo con una determinación que quemaba en sus ojos.
—¿Dónde los vamos a encontrar? —preguntó él, todavía lidiando con la confusión del lugar que los rodeaba.
—Lo importante es que ellos abrieron el portal. Los vi justo antes de que tú llegaras… tienen que seguir aquí en algún lugar —explicó Embry, observando el horizonte con una mezcla de frustración y esperanza.
El collar no era una simple joya. Era el único lazo real que tenía con su madre. Su origen, su pasado… quizá hasta su destino. Y ahora estaba perdido en un mundo que no pertenecía a ninguno de los dos.
Mientras avanzaban, encontraron un sendero que se extendía entre colinas de formas imposibles y árboles cuya luz pulsaba suavemente como si tuvieran corazón. Siguieron el camino en silencio, atentos a cualquier pista que pudiera guiarlos hacia los ladrones.
No tardaron en llegar a una pequeña aldea. Las casas parecían talladas en minerales brillantes y los habitantes, criaturas desconocidas de ojos demasiado expresivos, los miraban con una curiosidad mezcla de miedo y fascinación. Una de esas criaturas, pequeña, peluda y con ojos como luciérnagas, estaba de espaldas arreglando lo que parecía una espada hecha de cristal.
Embry se acercó.
—Disculpe… estamos buscando a dos chicos que pasaron por aquí recientemente. Llevaban un collar muy importante —dijo, firme pero educada.
La criatura levantó la mirada.
—Ah, sí… los vi —respondió, señalando hacia el norte—. Se dirigieron hacia el castillo. Pero… tengan cuidado. Ese lugar es peligroso desde que los reyes y su hija desaparecieron.