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[El planeta sagrado]
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—Tal vez… tal vez la Tierra pueda salvarse de Majin Boo —dijo Dende, con una sonrisa llena de esperanza.
—Vegeta… ese sujeto es Vegeta —murmuré, observando atentamente.
—Gracias… emm… —dijo el guerrero, girándose.
—Vegeta.
—Embry.
—¿En serio? —rió Mr. Satán, divertido.
Pero dejó de reír en cuanto vio que el perro comenzó a correr directo hacia el campo de batalla.
—¡Espera, no hagas eso! ¡Es peligroso! —gritó, corriendo tras él.
—Te dije que no salieras solo, podrías salir lastimado —lo regañó al atraparlo. Pero el perro no dejaba de ladrar, mirando fijo hacia un punto en medio del polvo y las rocas.
Empezó a llamarnos, y cuando llegamos junto a él… nos quedamos completamente inmóviles. Frente a nosotros, Majin Boo sostenía una enorme esfera de energía sobre su cabeza, que iluminaba todo el lugar con un resplandor aterrador.
—Dios mío… —susurró Dende—. ¿Qué piensa hacer con toda esa energía?
—Va a destruir la Tierra con eso —dije, sintiendo un escalofrío recorrerme la espalda.
—¡Aaah! —Boo lanzó el ataque.
—¡Ayy! —gritamos todos, intentando cubrirnos.
Pero antes de que el impacto nos alcanzara, el ataque fue detenido… por las manos de un hombre desconocido.
—¡Toma, te la regreso! —rugió con una voz doble, corriendo hacia Boo con la esfera entre las manos.
Con un grito poderoso, devolvió el ataque. Boo apenas logró esquivarlo, y la explosión que siguió sacudió todo el suelo.