CHAPTER 7|No te voy a morder

241 30 0
                                        

[El chico Saeki]

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

[El chico Saeki]

Han pasado casi cuatro semanas desde que el señor Saeki comenzó a entrenarme, y cada día me repetía que lo hacía excelente. Ahora, solo faltaban dos días para el torneo de artes marciales. La emoción me recorría el cuerpo: no solo quería participar, también quería ver con mis propios ojos la fuerza de otros peleadores.

—Levanta un poco más el brazo —dijo el señor Saeki, observándome con atención—. Muy bien, ahora suelta el golpe.

Obedecí, lanzando mi puño contra el saco de boxeo. El impacto fue tan fuerte que el saco se rasgó y terminó cayendo al suelo hecho pedazos. Era el quinto que rompía ese mismo día.

—¡Lo siento! —me disculpé, apenada—. No sé qué pasa conmigo.

—No te preocupes —respondió con calma, aunque lo noté intrigado—. Solo tienes mucha fuerza acumulada.

—¿Fuerza acumulada? —pregunté en voz baja, sin comprender del todo.

Él solo colocó una mano firme en mi hombro.

—Tranquila. Recuerda que no se trata de ganar o perder, sino de dar lo mejor de ti.

Me pidió que tomara un descanso mientras iba a supervisar a otros alumnos. Caminé hacia la máquina expendedora en busca de agua, aunque mi cabeza seguía dando vueltas con lo que había dicho.

“¿De verdad tengo tanta fuerza…?”

Introduje un billete y presioné el número, pero la máquina se atascó.

—No… mi agua… —murmuré, sacudiéndola con suavidad. Nada. Volví a intentarlo, esta vez con más fuerza, pero fue inútil—. ¡Vamos, por favor!

—¿Quieres que te ayude? —una voz masculina sonó detrás de mí.

Me giré. Era un chico alto, más o menos de mi edad, con el cabello castaño oscuro húmedo por el sudor, piel clara salpicada de pecas y unos ojos negros intensos. Llevaba ropa de entrenamiento negra que resaltaba lo bien definido de su figura.

—Sí… se atascó —admití.

Él se inclinó, dio un golpe seco en el costado de la máquina y, como por arte de magia, la botella cayó.

—Gracias —dije, tomando mi agua.

—De nada —contestó, revolviendo su cabello con una mano antes de regalarme una sonrisa ligera.

Yo también sonreí, y durante un instante me sentí extrañamente tranquila.

—Me tengo que ir. Nos vemos —dijo mientras se despedía con la mano.

—Adiós… —respondí, imitando su gesto.

“Qué amable”, pensé, aún con el eco de su sonrisa en mi mente.

𝙴𝙽 𝙴𝙻 𝙼𝙸𝚂𝙼𝙾 𝙴𝚂𝙿𝙴𝙹𝙾 ✰𝘚𝘰𝘯 𝘎𝘰𝘩𝘢𝘯✰Donde viven las historias. Descúbrelo ahora