CHAPTER 1|¿Que son?

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[El peligro está cerca]

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[El peligro está cerca]

El viento soplaba con suavidad entre las altas torres del castillo de Salem. Afuera, el cielo se teñía de tonos anaranjados y violetas, anunciando el atardecer sobre el reino. Dentro de una de las habitaciones más altas, una joven de mirada distante y cabello castaño rizado jugaba distraída con su tiara de oro. El silencio era casi absoluto, salvo por los latidos acelerados de su corazón.

—Embry, mi niña, ¿estás aquí? —se escuchó la voz cálida de una mujer desde el pasillo.

—Sí, Molly. Estoy aquí —respondió la joven, levantándose del rincón donde había estado sentada.

—¿Puedo pasar, corazón? —preguntó la mujer con suavidad.

—Sí, Molly. Adelante —dijo mientras recogía su tiara del suelo y la colocaba sobre su cabeza con delicadeza.

Molly entró a la habitación con una expresión preocupada. Sus ojos no podían ocultarlo.

—¿Qué sucede, Molly? —preguntó Embry con una sonrisa amable, aunque ya presentía que algo no iba bien.

La mujer tardó un segundo en responder.

—Embry… tu padre quiere verte.

La sonrisa de la joven se desvaneció al instante. Eso nunca era una buena señal.

—¿D-dónde está? —preguntó con cautela, dirigiéndose ya a la puerta.

—En el salón principal —respondió Molly, bajando la mirada.

—Gracias —dijo Embry antes de salir.

Mientras bajaba por las escaleras de mármol del castillo, su mente no dejaba de correr. ¿Por qué ahora? ¿Qué querrá decirme? Su padre no solía buscarla a menos que tuviera una queja, normalmente por sus escapadas del castillo.

Al llegar al gran portón de madera tallada, los guardias se inclinaron respetuosamente ante ella. Embry respondió con una breve reverencia. Las puertas se abrieron lentamente, revelando el majestuoso salón donde su padre, el rey Aimar, la esperaba sentado en su trono. A su lado, su madre, Cynara, mantenía una expresión serena, aunque sus manos temblaban ligeramente.

—Embry —dijo el rey, clavando su mirada severa en la joven.

—Padre —respondió ella con firmeza—. ¿Qué se te ofrece?

Aimar suspiró con pesadez, frotando el puente de su nariz con gesto cansado.

—Escucha… ya tienes catorce años y—

—Diecisiete —interrumpió Embry sin mirarlo.

—¿Q-qué? —preguntó el rey, sorprendido.

𝙴𝙽 𝙴𝙻 𝙼𝙸𝚂𝙼𝙾 𝙴𝚂𝙿𝙴𝙹𝙾 ✰𝘚𝘰𝘯 𝘎𝘰𝘩𝘢𝘯✰Donde viven las historias. Descúbrelo ahora