¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
[Una identidad revela]
—¿Tú crees que se tarden mucho? —pregunté, algo impaciente.
—No creo —respondió Ander, aunque no parecía muy convencido.
Ya se habían demorado bastante. Tal vez era porque había demasiados concursantes.
—Oye… voy a ir a cambiarme —le dije, evitando mirarlo directo a los ojos.
—Okey —me sonrió de lado—. ¿Quieres que te acompañe?
—E-este… ¡no, no! —me puse nerviosa—. Ya regreso.
Caminé rápido hacia los vestidores. Al entrar, me encontré con varios participantes, en su mayoría hombres. Algunos hablaban en voz alta, otros hacían estiramientos, y todos me hicieron sentir fuera de lugar.
Me metí en un cambiador y corrí la cortina. Saqué del bolsillo la pequeña cápsula que me había dado la señora Sara.
"Solo tienes que presionar este botón y arrojarla al suelo."
—Bueno… allá vamos.
La apreté y la tiré. Enseguida salió un poco de humo y, con un “pop”, apareció un bolso sobre el suelo.
—Wow… nunca me voy a acostumbrar a esto —murmuré.
Dentro encontré mi ropa para el torneo: ligera, cómoda y flexible. Me la puse rápido, recogí mis cosas y volví a guardar el bolso en la cápsula.
Cuando salí, Ander me estaba esperando con los brazos cruzados. Me recorrió con la mirada, sonriendo.
—¿Y eso?
—¿Eso qué? —pregunté confundida.
—¿Quieres impresionar a alguien…? ¿O acaso me quieres impresionar a mí?
Me sonrojé de inmediato. —¿¡Qué!? ¡Claro que no! ¿Por qué preguntas eso?
—Nada, olvídalo —rió entre dientes.
Iba a contestarle, pero un bullicio interrumpió mi respuesta. La multitud comenzó a moverse de golpe.
—Espera —dijo Ander, poniéndose frente a mí—. Si pasas por ahí te van a aplastar.
Decenas de concursantes corrían, empujándose unos a otros para llegar primero. Yo tragué saliva y preferí quedarme detrás, pegada a la pared, mientras los veía pasar como una estampida.
—Será mejor esperar unos minutos —murmuré, apretando la cápsula en mi mano como si me diera seguridad.
|•☁️•|
—¿Hay mucha gente, no? —le pregunté a Ander, que me sostenía por los hombros para que no volviera a caer.
—Sí, pero es normal… creo —respondió mientras me alejaba un poco de la multitud.