Cap 23.- Contando Silencios

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—¿Perdón? —pregunto el Emir confundido.

—Mi verdadero nombre no es Katniss Vretos —como supongo usted ya mando a averiguar —dijo sonriente al notar el dejo de culpa en la mirada del Emir al confirmar lo dicho —Mi verdadero nombre es Melina Villarroel.

—Pero si tus registros...

—Mis registros solo se deben a una vaga coincidencia de los hechos, la suerte y la realidad —dijo —. Yo no nací en estas tierras su señoría — dijo mirando hacia una de las estanterías —. Yo soy de otro continente, tengo sangre latina, vengo de Sudamérica.

La cara de sorpresa del Emir estaba de revista, era única, no podía creer como un dato de ese estilo se le escapó. El juraba que era la hermana de Ian, la mano derecha de Haddadrimon, y que fue adoptada por este. Su protegida. Pero, ahora se enteraba que la realidad era mucho más oscura.

La lengua le escocia por preguntar, pero prefirió callar, y darle a su dama, el tiempo necesario para poder hablar.

—Llegué a las bellas tierras de Italia por un concurso de arte callejero, que se celebra cada año. Llegamos con mi valet, hicimos tantas presentaciones, todo fue muy lindo en esos tiempos hasta que tuve la desdicha de toparme con Kay Jameson.

—¿Jameson? —pregunto sorprendido el Emir —el desaparecido jefe de los clanes.

—Si...

—¿Cómo te cruzaste con él?

—Por azares y juegos del destino chocamos, y cuando me atreví a enfrentarlo y confrontarlo, pues... creo que le entro la misma obsesión enfermiza que usted tiene conmigo —sonrió divertida y nostálgica.

Al parecer siempre se topaba con locos en su camino. Locos buenos y locos malos. Recordar esos tiempos aún le causaban una opresión en el pecho. Siempre evitaba en lo posible sus días dorados y tormentosos, porque ellos marcaban el inicio de un doloroso futuro y un cruel destino.

—¿Comenzó a cortejarla? —preguntó el Emir divertido recordando como fueron sus propios inicios con su bella dama.

—Comenzó a acosarme hasta que me secuestró —soltó sin más.

—Vaya —fue lo único que pudo decir. Definitivamente esa no era una respuesta que el esperaba. Y no era un acto que él realizara, eso era muy bajo, sucio y sin honor. El podía hacer cosas peores, pero el secuestro de una dama, y de una tan bella como su gamila debería ser pecado, no solamente penado por ley.

—Cabe decir que en esos tiempos yo era solo una joven inocente —continuó revelando su pasado —. Alguien que no es ni la sombra de lo que soy ahora —dijo sin poder evitar soltar un suspiro cargado de pesar.

Sus ojos se enfocaron en el frente, mirando sin ver, recordando sin querer. Le dolía volver atrás, no quería, pero era necesario.

Cerró los ojos procurando tomar el valor para seguir con su historia. Él necesitaba saber, ella necesitaba que sepa.

Era momento de hablar.

Desenterrar el pasado, dar descanso a los muertos, y de alguna retorcida manera rendir homenaje a sus vidas, por como vivieron, no por como terminaron. Una manera de rendirles honor, con su memoria. NO con su olvido. Ella debía superar su dolor, y eso es algo que no se lograría solo ignorando que pasó. Ella también debía tener el coraje de regresar por ellos, de llorarles como corresponde en sus tumbas, de dejar que el dolor y sus lagrimas laven sus heridas, pero aún no se sentía lista para eso.

Era consciente que no podía posponerlo por siempre, que debía volver algún día a su hogar, a su tierra natal.

Pero aún no tenía las fuerzas para hacerlo, para regresar, para despedirse y poder seguir. Aunque ya no como su hija, pero si como un alma nuevamente viva.

El despertar del DragónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora