Miso es una chica de corto genio, curiosa y algo engreída. Ella es la heredera de un prestigioso internado el cual otorga becas todos los años.
Este año parecía ser igual que los demás, pero uno de los becados llega con un propósito oculto.
¿Qué har...
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Los días pasaron y no volví a ver ni a hablar con Ni-ki hasta el sábado por la tarde.
Ese día estaba realmente ocupada arreglando el salón principal en dónde se haría el evento; por lo que en la mañana me dediqué completamente a decorar y arreglar el salón dirigiendo todo mientras esperaba a Sunoo para que viniera a ayudarme.
— ¿Los cuadros los colgamos en las paredes? —preguntó un chico encargado de trasladar las cosas.
— Sí, y las flores en las entradas y en las ventas. —Le indiqué y me fui a la entrada principal del internado, viendo un pequeño grupo de chicas que delataban la presencia de mi hermano.
Sunoo vestía de negro, su cabello del mismo color estaba peinado con gel y su piel estaba pálida a más no poder. Parecía un muñeco de porcelana.
— Sunoo. —Le dí unos toquecitos en su hombro y esté borro su sonrisa al ver que se trataba de mí.
— ¿Deseas algo, mocosa? —Me susurro sigilosamente, manteniendo su fingida sonrisa hacía las chicas a su alrededor.
— Ve a ayudar con los preparativos, necesito ir a cambiarme.
— ¿No pudiste hacerlo antes?
— Estuve toda la mañana ayudando, te toca ayudar a tu hermana. —Apreté de su brazo con fuerza, haciendo que este pusiera una mueca de dolor.
— Esta bien, esta bien, ¡Ya voy! —Se soltó de mi agarré con fuerza, frunciendo el ceño.
— Gracias. —Le sonreí alegre y me fui rápidamente a cambiar.
Mi madre me había mandado dos opciones la semana pasada. Un conjuntó que traía un vestido blanco con flores y cristales, y otro igual, pero de color negro.
Sonreí para dentro y tomando el negro me vestí para después arreglar mi cabello y darme unos toques de maquillaje.
Cuando el reloj dió las 4 en punto, yo ya estaba lista y preparada para comenzar a recibir a los invitados.
El evento comenzaría a las 6, por lo que estaba más que bien en los tiempos.
También, había tenido tiempo de ver a Jake, a quién le entregué dos trajes nuevos para que se los pusiera él y su hermanastro. Uno blanco y otro negro.
— Miso. —Sunoo entro en mi dormitorio—. Nuestros padres ya llegaron, vamos.
Me agarro del brazo y me llevo con apuro a la entrada del internado, en dónde vi que los acompañaban los padres de Sunghoon, incluyendo a esté último que vestía un traje extravagantemente rojo.