Egoísta.

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Termino el libro de Matt esa misma noche, en menos de dos horas... Cielos, es tan hermoso... y tan corto.

Regreso a las primeras páginas y lo leo una y otra vez hasta que las líneas se graban en mi memoria y los poemas se vuelven como música para mis oídos.

Estoy tan llena de poesía el día siguiente que cuando encuentro a Matt lo tomo del brazo y lo llevo hacia un pasillo solitario. Lo empujo contra la pared y pongo una de mis manos sobre su pecho.

—No puedes dárselo —le digo.

—Lo siento... ¿qué? —Matt respira con dificultad, no sé si por la carrera o por su espacio personal siendo traspasado. Lo he visto usar su desinfectante para manos, debe creer que estoy llena de gérmenes, pero no me importa.

—El libro. Chasers of the Light, no puedes dárselo.

—¿Tan malo te pareció?

—¿Qué? ¡No! Es completamente lo contrario.

Matt luce incluso más sorprendido, quizás un poco enfermo. Quito mi mano de su pecho y las doblo sobre el mío.

—Eso no tiene sentido, Jul.

—Mira —hago una pausa, buscando las palabras—. Cuando me diste tu libro favorito dijiste que no eras esa clase de lector. Bueno yo lo soy. Mis libros favoritos son míos, de nadie más. Puedo compartirlo contigo. Y lamentablemente no tengo el dinero suficiente para comprar cada libro disponible. Así que te ofrezco mi trabajo, gratis, a cambio de que no le muestres ese libro a nadie más.

Matt se pone serio. —Eso es un poco egoísta, Jul.

Gruño.

—Ni siquiera voy a contestar eso. Sabes, una de las razones por las que me molesta tanto esa mierda del admirador secreto es porque hace públicas las frases de Benedetti. Todo mundo puede verlas y antes eran sólo  mías. Mías y de las personas que de verdad las aprecian... Sólo  te estoy pidiendo que guardes ese libro en secreto, ¿está bien? Y no vuelvas a mencionarlo... por favor.

Matt suspira. No puedo leer su expresión, es como de desilusión. Quizás pensó demasiado de mi y ahora que sabe que soy este ser egoísta y celoso, se arrepiente de haber compartido esa parte suya conmigo.

—Está bien —dice por fin, y luego sonríe un poco—. Ese será nuestro secreto.



****



Celeste me invita a su mesa a la hora del almuerzo. De alguna manera ha notado que estoy evitando a Damon así que no me da una oportunidad cuando me arrastra hacia sus amigos que conversan animadamente.

Val, Becca, Damon y Noah me sonríen cuando me siento junto a ella.  Damon no luce molesto, tal vez, ojala, espero, ruego para que haya olvidado que lo deje plantado el día del concierto de Murdex... aunque no es como si hubiéramos hecho un plan... ¿o sí? Cruzo los dedos para que no lo mencione.

Noah es el único con el que jamás he hablado, pero luce tan confortable conmigo, como con los demás. Su cabello es un poco rojizo y tiene pecas en el puente de la nariz. Es parte del equipo de Damon y siempre es visto con una chica nueva. Es uno de mis clientes frecuentes.

—Julieta —Celeste susurra mi nombre y me hace una seña para que me acerque a ella. Esta sonriendo tan abiertamente que creo que su cara se va a entumecer.

—¿Por qué estas tan feliz? —pregunto con cautela.

Ella me golpea en el brazo. —Porque te vi sosteniendo a Matt contra la pared. Oye, ¿no pensabas decírmelo?

Dicen que es A.M.O.RDonde viven las historias. Descúbrelo ahora