20- Mentiras, maldiciones y decisiones

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Casi a la noche, Ranma llegó junto a Shampoo a la casa de Shinobu de la cual él posee una copia de la llave. Caminaron los dos por el jardín delantero en el que estaban estacionados dos autos, un 4x4 que Shinobu usó para llevarlos a las montañas y un BMW de color negro, había pasado más de dos meses desde que él pisó la casa de su ángel guardián aun así no se esperaba lo que allí estaba por suceder.

Cuando cruzó el pasillo que daba a la cocina vio al fondo a Ukyo acompañada de Shinobu, ambas hablaban mientras comían unos okonomiyakis preparados por la castaña mientras hablaban de trivialidades llegó el tema de Ranma y su relación con la albina.

—Tengo una duda — Ukyo colocó el plato en el lavaplatos —¿qué relación tienes con Ranma?

—Es bueno que me lo preguntes — la albina tomó una carta con remitente de un laboratorio de un hospital —resulta y pasa que Ranma y yo somos hermanos por parte de nuestra madre.

Cuando escuchó eso Ukyo pudo conectar gran parte de las piezas del rompecabezas, no sólo había una razón de peso detrás de su preocupación sin embargo no todos estaban conformes. Por la puerta de la cocina, cual sombra fantasmagórica, apareció Ranma acompañado por Shampoo, ambos ahora eran básicamente inseparables.

—¿Tu hermano? — cuestionó Ranma completamente desubicado —¡¿y cuándo se supone que ibas a decírmelo?! ¡¿por qué lo tenías que ocultar, Shinobu?! dímelo de una buena vez — exclamó enojado el de la trenza.

—Ranma, tranquilízate — pidió Ukyo —debe haber una explicación para todo esto.

—Obvio, debe haberla — replicó el chico —te escucho, Shinobu.

Arisaka estaba entre la espada y la pared, por un lado respondiendo que era verdad quedaría bien con Ukyo y le ayudaría a arreglar las cosas con el costo de perder para siempre a Ranma, por otro lado ella perdería a Ukyo a cambio de tener a Ranma de su parte. El sudor caía por su frente mientras el silencio aumentaba la tensión del lugar y cada vez más cualquier movimiento o palabra desencadenaría una catástrofe allí.

—Es mentira — la albina le mintió de forma descarada —tú y yo no somos hermanos.

—Qué descarada — voceó Ukyo enfurecida —acababas de decirlo — le arrebató la carta que venía del laboratorio —lee esto, Ranma, léelo. 

—Dame eso — dijo Shinobu nerviosamente.

La albina se lanzó hacia Ranma para arrebatarle la carta aunque debido a su baja estatura no le fue capaz, es más era tan sólo un poco más alta que Ranko la fora femenina de Ranma. Cuando el muchacho comenzó a leer el contenido no pudo sentirse más defraudado, no había palabras para explicar cómo se sentía pero un sinónimo de ello era claramente decepción, enfado acompañado de un desencanto sin par.

—¿Cuándo me ibas a decir esto? — preguntó el pelinegro —tch... debí saber que todo lo que hiciste por mí no era desinteresadamente ¿no? había algo más detrás de esto ¿qué buscabas con tantas mentiras? ¿dejar de sentirte sola? no me equivoqué al decirle a Akane que en un mundo lleno de malas intenciones, una buena intención es sospechosa.

—Ranma, perdóname — Shinobu lloró y se arrodilló —en serio pensaba decírtelo.

—Suéltame — ordenó Ranma —no vuelvas a buscarme. 

—Ranma, por favor, escúchame — pidió con ojos llorosos la albina —yo sólo... yo sólo quiero decirte que mi abuelo me arrebató para darme a los que creía mis padres antes de que tú nacieras. Lo juro. No te miento.

Ranma dio la vuelta para mirarla con frialdad. Si las miradas mataran, la mirada del chico serían como un filoso cuchillo atravesando la carne de Shinobu.

—¿Entonces? — indagó el muchacho —¿dónde está tu abuelo? ¡dímelo! No tengo todo el día.

—Anchorage en Alaska — la albina lo miró llorando —él puede darte más información, Ranma.

Ranma le entregó una sombrilla a Shampoo, básicamente estaba enfadado con Shinobu y aunque si bien no la odia tampoco quería verla por ahora, lo único que necesitaba era un poco de espacio para digerir la información que acaba de recibir. Cuando salieron de la casa al chico no le importó en lo más mínimo en volverse chica cuando había comenzado a llover; estaba parada en medio del patio recibiendo el frío de la tarde.

—Ranma, por favor perdóname — pidió Shinobu en medio de las lágrimas.

—Aquí no hay nada que perdonar — la pelirroja la ignoró.

Shinobu no quiso más y corrió bajo la lluvia para abrazarle, para sorpresa de Ukyo y de Shampoo el cabello blanco de la albina comenzó a cambiar de color a un tono más azulado pero bastante claro. Y no había palabras de parte de la Arisaka, por un lado se sentía que estaba demasiado preocupada por lo que Ranma piense de ella. No lo iba a forzar a que fueran mejores amigos pero eso sí, trataría de llevarse bien como una pareja de hermanos.

—Perdóname — susurró Shinobu con tristeza.

—¿Cuándo te enteraste? — indagó la pelirroja.

—Apenas... apenas unos días atrás — respondió ella —no quiero forzarte a qué vivas conmigo siendo mi hermano pero...

Ranma la miró de soslayo detallando cada respiración agitada que tenía ella; no se sabía bien si era de temor o nerviosismo de lo único que la pelirroja estaba segura era que tanto su madre como su padre y el abuelo de Shinobu debían darle una buena explicación.

—Si te quieres apartar de mí, vete

—Me iré a Alaska — fulminó Ranma —me iré con Shampoo. Entiendo algo, te gusta Ukyo y eso está bien.

Shampoo abrió su paraguas y acompañó a Ranma a esperar un autobús, Ukyo no sabía que hacer con Shinobu y aunque bien se haya sentido mal porque cuando le mintió al Saotome acerca de su conexión supo, en su interior, que por su cuenta hizo lo correcto.

—Shinobu — la castaña se le acercó.

—¿Por qué le diste a Ranma esa carta? — pregunto Shinobu.

—Se lo di porque no es bueno guardar secretos así

—No debiste hacerlo — musitó la mayor —ya todo está perdido.

Ukyo la abrazó por la espalda, a pesar de todo lo malo que ha causado la albina con su mentira acerca de que no era hermana de Ranma y las sospechas que había hacia su persona. Por dentro se sentía destrozada aun más que cuando su familia adoptiva perdió la vida en un accidente de tránsito.

—No digas eso — Shinobu la reprendió —Ranma se irá, talvez tú te irás y me quedaré sola.

—Eso no es cierto — Ukyo la encaró —dale tiempo a Ranma, sólo necesita tiempo. No lo hagas por mí, hazlo por él.

Para la albina el camino que debía elegir se bifurcaba en dos corrientes, ella estaba decidida a ir a Alaska a confrontar la realidad y saber más de su pasado, aún bajo la lluvia Shinobu dejó escapar un sonoro suspiro, sacó todo lo que tenía adentro y se sintió vacía. Luego, se colocó de pie y caminó junto a Ukyo, cuando Kuonji la miró de soslayo la detuvo sosteniéndola de la muñeca para que no se marchara.

—No permitiré que te quedes sola, Shinobu — Ukyo la miró fijamente —ya hemos pasado por mucho juntas y no te dejaré. Lo digo en verdad.

—Gracias... — susurró en un hilo de voz la mayor.

Ukyo la miró con una cálida sonrisa a pesar de que estuviera haciendo un frío insoportable en pleno invierno, un contraste interesante entre las personalidades de Ranma y la chica de la espátula con respecto a Shinobu, la chica mantenía una mirada afligida pero dentro de ella sabía que si va a dónde ella le dijo encontraría una respuesta.

Recuerdos de NadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora