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Advertencia: Constantes saltos en el tiempo

La guerra santa.

Pov Omnisciente.

Todos estaban peleando para que Meliodas no fuera el rey demonio, la batalla estaba siendo dura luchando contra los demonios de alto rango y Ludociel no podía usar su poder al máximo debido a su recipiente: Margaret.

Y todo se ponía más difícil con Zeldris interfiriendo en la pelea, si no hacían algo, Meliodas sería el Rey demonio y todo estaría perdido, no podrían ellos solo, necesitaban hacer algo.

En algún momento de la batalla, Segador usó el mismo hechizo con el que usó para herir a Arthur con Merlín, ella ansiaba ese momento para vengar al chico que era como su hijo.

— Así que esa es tu verdadera forma —se acercó a ella estando dentro de su mente— Te haré lo mismo que a ese mocoso llamado Arthur.

— Idiota —pronunció la mujer— Estaba esperando este momento.

El demonio estaba sorprendido por no haberse percatado de ello, estando en su mente no podía hacer mucho, la hechicera mandaba en ese lugar.

— Vengaré a Arthur, créeme.

(...)

Meliodas volvía del Inframundo, dandose cuenta que su padre: El Rey Demonio estaba usando su cuerpo para poder gobernar y había usado los 10 mandamientos para ello. Tenía que enfrentarse a él en el mundo espiritual para poder tomar el control de su cuerpo y así evitar que lastimará a las personas que quería.

— Llegas tarde, hijo —habló el Rey Demonio—.

— Sal de aquí —ordenó Meliodas—.

— Ya no tienes nada por que luchar, Elizabeth ya ha muerto, al igual que al estúpido humano del que te enamoraste —mencionó aquel gigantesco demonio—.

— ¿Arthur y Elizabeth están muertos?... —la tristeza y desesperación se apoderaron de él, ¿Cómo era posible?—.

Cayó en aquel lugar intentando no llorar, no había tenido la oportunidad de volver a ver a Arthur y había roto la promesa que le hizo a Elizabeth, les había fallado a ambos y eso lo hacía sentir un completo inútil.

— Meliodas, tranquilo —escuchó a Elizabeth— Todos estamos bien.

— Elizabeth... —la miró sorprendido y miró a sus demás compañeros— ¿Y Arthur?

— Él se encuentra en otro lado, este lugar ea muy peligroso para él —habló la hechicera—.

Todos habían acordado no hablar de lo sucedido con Arthur, después de todo, Merlín le había concedido su permiso para estar juntos condicionando a Meliodas que hablará con el menor acerca de su maldición, cosa que nunca sucedió y ahora el ojimorado se encontraba herido de gravedad y completamente devastado.

— Tienes nuestro apoyo, Meliodas —habló la diosa—.

— Gracias, chicos —sonrió para seguirse enfrentando al Rey Demonio—.

(...)

Meliodas por fin estaba en su cuerpo y volvía a tener el control de si mismo. Quería ver a Arthur y decirle cuanto lo había extrañado, de verdad anhelaba verlo, besarlo y tocarlo. Todo ese tiempo en el inframundo lo había extrañado.

Forever yours (Meliodas y Arthur) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora