Desde Tailandia, Lara conversaba en el yate con su equipo, Aleister y Zip, a través de una llamada remota.
—No veo ninguna ruina desde aquí abajo —comentó Lara, mirando hacia el horizonte mientras se daba la vuelta, preparándose para dejar el yate—. Si mi padre exploró por aquí, no hay nada que lo demuestre.
—Sigo sin entender qué tiene que ver Tailandia con los vikingos —dijo Zip, cómodamente desde la computadora, con Aleister detrás de él, investigando—. O con las ruinas del Mediterráneo, o incluso con Avalon, por decir algo.
—Helheim, Zip —respondió Lara con certeza—. Varios mitos usan nombres diferentes, pero todos se refieren a los mismos restos del mundo antiguo.
—Uno de esos restos sigue vivo —interrumpió Aleister, tratando de hacerles recordar algo que estaban pasando por alto—. No quisiera ser Amanda si Natla logra liberarse.
—Yo no quisiera ser ninguno de nosotros —comentó Zip, con un tono sarcástico.
—Si Natla es todo poderosa ¿por qué no buscó ella misma el Sición? —Preguntó Aleister.
—Fue una reina hermano —Le respondió Zip como si fuera obvio —tú piensas que una reina va a ensuciarse las manos. ¡Claro que no!
—Yo lo preguntó porque, si tiene alas y es todo poderosa, ¿no les resulta absurdo que ande poniendo a gente a buscar las cosas por ella?
—Que sea poderosa, no significa que sea todo poderosa, Aleister. Recuerda que fue castigada por Tihocan y Qualopec. Estoy segura de que Natla ahora, no es ni un esbozo de lo que pudo llegar a ser.
—Pero quizá sí. —Sugirió Aleister.
—En ese caso, que Natla sea fuerte eso no la hace experta en resolver mecanismos, rompecabezas y trampas antiguas.
—¿Qué tal y la señora solo no quería que supieran que era una diosa Atlante? —Comentó burlesco Zip. Lara recordó haber visto a Tihocan durante la búsqueda del Scion.
—Quizás no quería exponerse a que la condenaran nuevamente. Mientras más lejos del Scion estuviera, más lejos de quienes la sometieron.
Lara cerró el computador y se adentró en la selva durante horas, hasta dar con un hallazgo inesperado. Frente a ella, unas ruinas antiguas, primero identificó unas columnas con tallados desgastados en sánscrito védico, un antiguo idioma Indoario. A pesar del desgaste, pudo leer claramente: Bhogavati, del séptimo. Intuyó que se refería a la capital de Patala, un reino subterráneo en la mitología hindú. Dio unos pasos para apreciar una estatua monumental: esta vez, de Shiva y su consorte, Kali.
Continuó explorando hasta adentrarse en un pasaje donde la arquitectura cambiaba, recordándole las ruinas de Niflheim. Más adentro, se topó con una enorme puerta de piedra, adornada con tallados cubiertos por una especie de solidificación cristalina con tintes azules.
Al acercarse, una luz emergió desde el interior de su mochila. Era el guante. Lara lo colocó en su mano y, con él, tocó la enorme puerta de piedra. Al instante, la solidificación cristalina comenzó a iluminarse de la misma forma que el guante.
Se dio cuenta de que, con el guante, podía deslizar la puerta con una facilidad asombrosa. En ese momento, comprendió de dónde provenía el mito de la gran fuerza sobrehumana de Thor.
Detrás de la puerta, un puente de piedra se extendía hacia una pequeña explanada circular. En su centro, se erguía un pedestal que evocaba al del guante en el mar Mediterráneo. La luz del día iluminaba la escena desde las alturas, haciendo que la explanada consiguiendo que se terminara de ver como un paisaje místico. Conectada directamente con el puente, la explanada emanaba una atmósfera ancestral. La vegetación brotaba en abundancia, alimentada por el paso del tiempo y por la antigüedad del recinto.
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Tomb Raider Nights
AcciónEn su travesía, las proezas de Lara comienzan a redimir la gloria de su apellido, atrayendo la atención de la enigmática Jaqueline Natla, quien le ofrece protección a cambio de un arriesgado trabajo de exploración. Una propuesta que podría consolida...
