Me resultaba imposible creer que la madre de Lara pudiera seguir viva, pero ella dijo que no le importaba; simplemente quería saber qué había pasado con su madre. Cuando regresó de Bolivia, nos pidió que investigáramos todo lo que su padre había mencionado acerca de Avalon.
El profesor Eddington, del laboratorio Cavendish, viejo amigo y colaborador del padre de Lara, nos informó que Richard aseguraba que la entrada a Avalon se encontraba en el mar Mediterráneo.
Así que la buscamos durante semanas, hasta que Lara encontró algo en las profundidades del mar. El equivalente nórdico de Avalon: Niflheim, el reino de la oscuridad. Teniendo en cuenta todo el monomito descubierto con las Leyendas Artúricas y la Reina de Tiahuanaco de los meses anteriores, Lara continuó ese camino. Porque, al parecer, todo estaba conectado, y siendo así, ese camino la llevaría al mismo resultado.
Tras una implacable estrategia, Lara consiguió ingresar a una sala recóndita liberada de Agua, los tallados la recibieron, junto con una enorme estatua monumental de Thor que la observaba. En el centro, sobre un pedestal resguardado, levitaba uno de los guantes, que, según las Eddas, concluyó que se trataba de uno de los guantes de hierro especiales que el dios utilizaba para blandir su martillo Mjölnir. Lara no comprendió porque eso se encontraba ahí y que relación había entre el martillo Mjoinir con Avalon.
La práctica y el conocimiento de las protecciones utilizadas en las civilizaciones del pasado, que Lara dominaba a la perfección, le permitieron acceder al guante. Con el simple tacto, este irradió destellos azules que desintegraron la mayor parte de su compuesto, transformándolo. Dejó de ser un guante de hierro de aspecto nórdico y enorme, para convertirse en una especie de dispositivo electrónico que se adecuó al estilo ornamental del equipo de Lara: minimalista y ligero. Ya no era un guante completo; ahora solo cubría el dorso de su mano, adaptándose a las necesidades de su nuevo portador.
Mientras pensaba en la relación del Mjonir con Avalón escuchó pasos por detrás, al darse vuelta se encontró con dos hombres armados, los desconocía, pero entendió que la habían seguido.
—Las manos sobre la cabeza y date la vuelta. despacio. — Ordenaron.
Lara reconoció que estaba en desventaja. Apretó los dientes, disgustada por lo que implicaba perder lo que había encontrado. No iba a ser imprudente, así que, tragándose el orgullo, obedeció. Mientras se giraba lentamente, intentó negociar:
—Supongo que no te puedo sobornar, ¿verdad?
Todo se volvió negro; la noquearon. Cuando despertó, los hombres ya habían terminado de inspeccionar la sala. Procuró ponerse en pie sigilosamente, dándose cuenta de que ya no tenía el guante en la mano. Lara desenfundó su arma, y al intentar disparar a uno de los hombres, se dio cuenta de que le habían quitado las balas. El ruido seco del arma vacía llamó la atención de uno de los hombres, que, burlándose de la situación, comentó:
—Amanda Evert manda saludos.
Al salir de la sala, aquel hombre detonó un explosivo que bloqueó la salida. Lara se cubrió detrás del pedestal que resguardaba el guante. Era la venganza de Amanda. Lara supo que no iba a matarla, una muerte apagaría todo el sufrimiento de Lara en un segundo.
Una vez de vuelta en la superficie, Lara arribó al yate donde había llegado y se dirigió al radar. En cuestión de segundos, localizó la única embarcación cercana. Era un barco enorme y grisáceo en el cual, con ayuda de un catalejo, identificó al mercenario que le habría noqueado. Se infiltró sin esfuerzo, como solo una experta en sigilo podría hacerlo. Nadie la vio pasar; sus movimientos eran tan precisos que permaneció completamente inadvertida durante un buen rato.
Sin embargo, en un descuido, la descubrieron. El imbécil que intentó detenerla, disparando sin pensarlo, falló estrepitosamente. En su lugar, alcanzó un conducto de distribución de gas, lo que provocó una explosión que causó graves daños a la nave. La fuerza del impacto comprometió toda la estructura del barco, que comenzó a hundirse. Fue entonces cuando Lara se vio obligada a abandonarlo.
Pero antes de que la embarcación se hundiera por completo, ocurrieron muchas más cosas.
Mientras avanzaba en busca del guante, Lara llegó a una de las salas de la nave. Agachándose, escuchó a escondidas una conversación entre Amanda y otra mujer, cuya voz le resultaba extrañamente familiar, aunque distorsionada, como si estuviera filtrada a través de algún tipo de interferencia.
Amanda se quejaba de que el guante no le quedaba. La otra mujer, con tono sereno, le respondió que solo Lara podría usarlo. Amanda, frustrada, sugirió matarla para liberarlo, pero la mujer le replicó con firmeza que eso no serviría para liberarlo.
En ese momento, el barco se sacudió. Lara lo sintió en el aire, en el suelo bajo sus pies: era inevitable, la nave iba a hundirse. Amanda, sin más, se retiró, anunciando que continuarían la conversación más tarde.
Fue entonces cuando Lara decidió entrar.
—Me alegra volver a verte, Lara —anunció Natla, revelándose cautiva dentro de una cápsula que la mantenía segura, impidiéndole escapar. Amanda había conseguido encerrarla en esa prisión.
—En este frasco de vidrio me aburro demasiado —continuó Natla—. Así que me he acostumbrado a observar el efecto que tienes sobre Amanda al compartir sus intereses.
—Jaqueline Natla, nunca sabes cuándo morirte —respondió Lara, con un tono sarcástico.
—Es algo que tenemos en común.
—Tú le hablaste a Amanda de Avalon —reprochó Lara, antes de que los soportes que mantenían a Natla en el contenedor comenzaran a liberarse, indicando que estaban a punto de moverla para evitar que se hundiera junto a la embarcación.
—Tenemos poco tiempo, así que escoge cuidadosamente tus preguntas.
—¿Qué sabes de mi madre?
—El dais que encontraste en Nepal es parte de una red de transporte, por así decirlo. Llevó a tu madre hasta Avalon.
—Entonces el zócalo es un portal, siempre lo supe.
—Eso esperabas, porque eres una mujer con grandes esperanzas, Lara. Y tienes razón.
—Mi padre creía que Avalon estaba abajo, pero eso es Niflheim. ¿Qué tienen que ver los nórdicos?
—Ah... Richard se equivocó sobre el mundo nórdico. Tu madre no fue a Niflheim, fue a Helheim.
—¿Y dónde está?
—Te diré dónde está... algún día. —La cápsula que resguardaba a Natla comenzó a desprenderse de su soporte, se acercó velozmente a Lara mientras ella hablaba, como si quisiera estar más cerca antes de la inevitable separación—. Pero cuando ese día llegue, necesitarás el Martillo de Thor para entrar. Quizás tengas más suerte que tu padre al buscarlo.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Lara, pero el helicóptero que retiraba la cápsula de Natla comenzó a ganar velocidad, reduciendo el tiempo para seguir conversando.
—Tu respuesta está en la costa oeste de Tailandia. Paralelo 17 —anunció apresurada Natla.
Tras una intensa persecución, Amanda se vio acorralada, incapaz de usar ambas manos mientras se sujetaba de las escaleras del helicóptero de escape. Para deshacerse de los disparos que Lara le dedicaba, lanzó el guante al mar. Sin pensarlo, Lara se arrojó velozmente tras él, decidida a no perderlo.
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Tomb Raider Nights
ActionEn su travesía, las proezas de Lara comienzan a redimir la gloria de su apellido, atrayendo la atención de la enigmática Jaqueline Natla, quien le ofrece protección a cambio de un arriesgado trabajo de exploración. Una propuesta que podría consolida...
