Más tarde, Lara me envió un mensaje para encontrarnos en la oscuridad de los jardines de su mansión. Cuando la encontré, me evitó la mirada. Era vergüenza, pero se tragaba el orgullo porque necesitaba desahogarse. Pocas veces la reconocí tan vulnerable. Estaba preocupada.
—¿Qué pasó? —pregunté, deseando poder abrazarla, pero no lo hice. Respeté nuestra situación y su posición de molestia.
—Tengo miedo por lo de Amanda. —Me senté en cuclillas. Me confesó que le aterraba.
—En verdad me asusta reconocer lo que hice y cómo eso me define. No sé qué estaba pensando —suspiró nerviosa, y yo pensé que no temía por lo que me decía, sino por perder todo lo que había construido—. Bueno, evidentemente no estaba pensando. Pero una cosa es que la gente que estimo muera estando a mi lado, y otra muy distinta que yo disponga de sus vidas.
—No sé qué decir. Al menos reconoces lo que hiciste. Temí que hubieras borrado la línea entre lo que es correcto y lo que no.
—Nunca sabes qué decir, pero siempre estás aquí. Yo no dimensioné lo que implicaba sacrificar. Me sentía presionada, pero al mismo tiempo capaz de conseguir el tesoro. Quería demostrar algo... aunque, en realidad, ni siquiera sé qué era lo que quería demostrar. —Su arrepentimiento era genuino—. Es absurdo e insensible lo que voy a decir, pero el hecho de haber dispuesto de sus vidas me hizo darme cuenta de lo fácil que es. Me hizo comprender que la vida, en verdad, no es nada: es efímera y tan sencilla de arrebatar. Somos piezas de ajedrez que los poderosos mueven a su antojo. Y yo no quiero que tú seas un peón.
Me estremecí.
—Nuestro tiempo juntos en El Salvador es un recuerdo que atesoro con el corazón. Por un momento, tuve la certeza de que siempre íbamos a estar así, y que esa idea de pensar que todos los que están a mi lado mueren era falsa. Pero cuando nos encontraron, comprendí que era solo cuestión de tiempo para que todo volviera a repetirse, y supe entonces que tu vida corría peligro. Aun así, quise aferrarme a la fe. Sin embargo, cuando la médium te advirtió que morirías, me derrumbé...
Suspiró.
—Cuando nos reencontramos, era consciente de que la situación no había cambiado, pero me sentía tan poderosa que llegué a imaginar que podía protegerte de todo. Y aun así... la facilidad con la que se juega con la vida de las personas me hace temer, cada día, que algo pueda pasarte.
Me puse de pie y me acerqué a ella. La abracé.
—Gracias por expresarme lo que sientes. Me siento apreciado, y eso es todo lo que necesito. —Aceptó mi abrazo, y luego de recomponernos, continuó.
—No fui capaz de matar a Takamoto en un primer momento. Ni a Johnson, a pesar de su complicidad con Werner. Pero sí traicioné a mis amigos... a quienes confiaron en mí. Es que ahora, cuando por fin todo lo que tengo está construido sobre cimientos firmes, ya no hay espacio para la desesperación ni el miedo, y puedo ser yo misma... Entonces comprendo que no soy una asesina despiadada.
—No lo eres. Ni siquiera tomaste el tesoro cuando pudiste.
—No lo hubiera hecho, aun si hubiera estado allí. Pero Amanda se lo llevó. Controló a la entidad que lo custodiaba, y supongo que en algún momento anterior se apoderó de él. No me explico cómo, si todo estaba inundado, yo tuve que drenar el agua de ahí. En Bolivia lo busqué por mera curiosidad, después de encontrar la réplica de la espada de la reina de Tiahuanaco, y me sorprendí al ver que ya no estaba. —Su mirada se perdió en lo oscuro del pasto—. Y, por lo que parece, tanto el tesoro como el dinero del senador están financiando a sus mercenarios, su maquinaria, sus armas, sus medios de transporte... y cuanto más puedas imaginar. Están custodiando el portal de Bolivia.
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Tomb Raider Nights
ActionEn su travesía, las proezas de Lara comienzan a redimir la gloria de su apellido, atrayendo la atención de la enigmática Jaqueline Natla, quien le ofrece protección a cambio de un arriesgado trabajo de exploración. Una propuesta que podría consolida...
