Capitulo 25

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Miraba incesante a mi alrededor buscando entre el gran número de parejas y observando cada segundo que alguien entraba en el restaurante a ver si se trataba de ella. Encendía y apagaba al mismo tiempo el celular verificando la hora. La había citado a las 7:00 p.m pero mis nervios me jugaron una mala pasada y llegue al restaurante a las 6:00 p.m, muchos pensarían que tendría una hora para relajarme aunque la realidad es muy distante a eso, entre más avanzan los minutos mi desesperación crece. Esto no se trataba de una pequeña charla para aclarar lo que había pasado sino además para revelarle todos mis sentimientos por ella y tener una conversación con el corazón en mano y una buena copa de vino. El recuerdo de haberla besado una segunda vez y sentir cada centímetro de su cuerpo sin que huyera no abandonaba mi mente. La adrenalina de que esto sea algo prohibido me consume y la paranoia de que alguien del instituto nos viera no me dejaban estar serena. La hora había llegado y sabia que en cualquier momento llegaría. 

-Buenas noches.- Había estado tan entretenida en mis pensamiento que no me percate que sus ojos ya estaban puestos en mi, me levante nerviosa y jale la silla donde se iba a sentar. Ella se limitó a darme las gracias. Llevaba puesto un vestido rojo que hacia resaltar su figura y que tenia efectos catastróficos en mi como si fuera poco. -¿Como has estado?

-¿Bien y tú?- A pesar de que todo había pasado hace unas horas pareciera como si nos encontráramos despues de largos días. -Mucho mejor ahora que llegaste.- Me brindo una de esas sonrisas que me volvía demente. -¿Te parece si ordenamos?.

Ordenamos y en la espera sabia que era yo quien tenia que dar el paso. -Sé que todo esto ha sido muy confuso para ti y aunque no lo creas también para mi.- Capté su atención. - Después de la primera cena y de todo lo que paso sentí que había cometido un error, tu te fuiste asustada y el remordimiento se apoderó de mi. Temía que sintieras que como tu profesora quería aprovecharme de ti o peor aún no quería afrontar el hecho de que no me correspondieras. Luego te ausentaste 3 días, Así que lo tomé como un claro indicio de que no querías verme y mucho menos encarar a una profesora que tal vez pudieses estar odiando. - Ella permanecía en absoluto silencio escuchando cada palabra que salía de mi boca con una actitud neutral que no me permitía leer que podía estar pensando, a veces movía un poco las cejas pero luego volvían a su posición original. - Estuve todas esas noches pensando en si debía disculparme o tal vez alejarme de ti era lo mejor, en ese tiempo Susana estuvo visitándome y quiero aclarar que cuando dije que era mi amiga fui honesta, tal vez omití el hecho de que sabia que le gustaba pero realmente no le vi importancia.- Sus cejas se fruncieron pero continuó callada.- En una de esas noches llegó un poco borracha y se me declaró. Pensé en si realmente lo ideal era que le diese una oportunidad a una persona con la que podía llevar una relación normal sin ningún impedimento pero con la condición de que yo no la amara o si por el contrario forzaba las cosas contigo y tu me terminases odiando más de lo que me podías odiar. Tal vez ni siquiera querías verme. Para mi la decisión fue obvia. Todo era mejor que seguir queriendo a mi alumna. Sin mencionar, la cantidad de problemas que me ahorraría. Ni siquiera sabia si te gustaban las mujeres, tenias un novio y aunque ya sabia que no lo amabas no podía dejarlo fuera de esto, tus padres, el instituto, mi trabajo. Todo era una clara señal de que debía alejarme de ti y esforzarme en tratar de querer a Susana. 

-¿Y lo lograste?- Las primeras palabras que salían de su boca, me descolocaron.- No, no pude.- Ella colocó su mano encima de la mía. -¿Que quieres conmigo?.

.Lo quiero todo.

Nuestros cuerpos  chocaban con las paredes constantemente, mis manos torpes tratando de cerrar correctamente la puerta mientras miraba de reojo que nadie estuviera en los pasillos. Una vez dentro, luchábamos por mantenernos de pie apoyándonos en la mesa que servía como escritorio. Empuje un poco su cabeza hacia atrás para poder tener acceso a su cuello que ahora era presa de mis labios. Propine muchos besos en esa zona e incluso una que otra mordida. Ella acariciaba mis cabellos mientras sus ojos permanecían cerrados. Entregadas al momento, la cargue guiándola hasta tumbarnos en la cama y vi algo diferente en sus ojos totalmente oscuros. Unió nuestros labios de nuevo que se movían al son del deseo que emanaban ambos cuerpos. En un ágil movimiento ahora era ella quien estaba encima mío rodeándome con sus piernas. Fue bajando la cremallera del vestido lentamente y ahí me di cuenta de que no importa cuantas veces había imaginado la desnudez de su cuerpo, nunca me acercaría al verdadero grado de perfección que desprendía. 

Minutos antes, ella decidió ordenar la cuenta y sin decir nada, cosa que me preocupaba porque no veía ninguna señal positiva en su rostro, nos encontrábamos de nuevo en el hotel y ahora en la habitación que compartía con su amiga. Según le escuché, Rebecca no pasaría la noche allí.  Sin dudarlo me sorprendí, el rostro de aquella niña tímida había desaparecido y sus ojos que regularmente no podían sostener la mirada mucho tiempo con los míos, ahora me desafiaban.

En una lucha desesperada, nos besábamos tan profundo como si de eso dependiera nuestras vidas, tomé el control nuevamente.  Sin embargo, cuando mi mano avanzaba lentamente por su pierna, ella detuvo el beso y me miro con unos ojos que volvían a su color original. 

-No puedo, perdón- Ella se apartó de mi, tapándose como podía con las manos, dejándome con la respiración agitada y el corazón a mil. -¿Hice algo mal?.- Pregunté tratando de saber si el error fue mío. 

-No, no es tu culpa... es que no estoy preparada, yo jamás he...-Dejo las palabras a la deriva, que me costaron entender porque no lo esperaba. Siempre supe que era una mujer un poco tímida pero nunca habría imaginado que seguía siendo virgen. Sobre todo porque era una mujer hermosa, demasiado diría yo. 

-Discúlpame, yo fui la que trajo acá.- Junte nuestra manos para tranquilizarla.- No pasa nada, cuando estés lista pasará. Aunque no te mentiré, si me sorprendiste.- Rei un poco para alejar la incomodidad del ambiente. Ella esbozó una sonrisa. 

Me levante de la cama, buscando mis zapatos por la habitación con la mirada y al notarlo se levanto rápidamente y tomo mi brazo.- No te vayas, puedes dormir conmigo. Si quieres...- La verdad, cualquier tipo de cercanía con ella para mi lo eran todo, así fuera solo como profesora, acepte gustosa la invitación. Me acosté en la cama mientras ella acomodaba su cabeza en mi pecho y me abrazaba permitiéndole a mis fosas nasales dormir con el dulce aroma de su cabello. A los segundos antes de quedarme completamente completamente dormida, sentí un beso en mi mejilla y un susurro en mi oído.

-Lucia, eres mi profesora favorita.-

El beso que me debes.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora