Parte de la juventud

722 145 47
                                        

Jimin se hizo hacia atrás, sintió un dolor en su pecho, llevó sus manos a este y comenzó a llorar -¿Por qué te molestas conmigo? ¿Qué hice?- dijo entre sollozos. 

El pelinegro tomó rápidamente un almohadón para cubrirse y volteó asustado -Perdón, no quería gritarte. No me molesté contigo, es solo que... no quiero que me veas así. Pruébate las ropas, te veo en la fiesta- dijo y salió a prisa. 

-Jungkook... quisiera comprender todo eso que sientes, desearía ser parte de tu mundo, pero sé que no pertenezco aquí y mi deber está con mi gente- se sentó un momento en la cama en lo que se le pasaba el pesar. 

Una vez en su alcoba, se tiró en un diván y tuvo que recurrir a la única forma que había descubierto para que todo en su cuerpo regresara a su estado normal. Ya le había sucedido algunas veces al pensar en él, pero jamás estando frente a frente -Eso fue demasiado penoso. Además según lo que dijo, quizá a Jimin esta clase de cosas no le suceden y no podría yo explicárselo, sería muy incómodo- 

Después de enjuagarse con la jarra de agua y la tarja que siempre tenía en su habitación, fue hacia su cama donde estaba acomodado el traje que luciría ese día, un traje azul marino con adornos dorados, pantalones a juego y unas largas botas negras, además de su lustrosa corona repleta de rubíes. En unos minutos llegaron algunos sirvientes para ayudarlo a vestir y arreglar para la fiesta. 

El rubio por su parte, una vez recuperado de su llanto, se probó aquél traje, pero le quedaba bastante extraño al haber sido creado especialmente para el cuerpo del otro príncipe hacía algunos años -Definitivamente esto no se ve bien- Con las ropas que usualmente utilizaba no tenía mayor problema en que no le quedaran tan bien, pero esta vez, estaban hablando de una fiesta importante -Sé lo que voy a hacer- 

Por la noche, cientos de jóvenes se congregaron en el palacio llegando por distintos medios según sus posibilidades. Así, había quienes llegaban en elegantes carruajes, otros en carretas, caballos o hasta a pie. Todos fueron recibidos amablemente por los guardias del palacio y entraron al salón donde sería el festejo. El rey, quien miraba desde lo alto del lugar por una baranda, estaba más que complacido y asombrado de la gran cantidad de súbditos entre los catorce a los veinticinco años que estaban esa noche disfrutando la velada. 

Viandas con diferentes bebidas y canapés circulaban por doquier, los músicos tocaban algunas melodías que amenizaban y se escuchaban risas y voces alegres que cesaron cuando el príncipe apareció en la puerta. Los súbditos le dieron la bienvenida, no con reverencias gráciles y elegantes sino con una horda de aplausos y vítores. El chico sonrió y fue a sentarse en su trono para que la fiesta volviera. 

Después de un rato, llegó Lady Lalisa, por primera vez sin su doncella y fue a felicitar a Jungkook con una sonrisa que a veces parecía que exageraba -Feliz cumpleaños su majestad- él agradeció y ella buscaba una silla a su lado para sentarse, pero no había ninguna -Disculpe la pregunta, pero ¿No me voy a sentar a su lado?- 

Jungkook le sonrió sarcástico -Usted no es mi esposa aún así que se sentará con los invitados. Es más, ésta noche la relevo de su cargo como mi prometida así que puede usted hacer lo que le venga en gana y estar con sus amigas o lo que sea- Lalisa se quedó impávida y él se levantó de su lugar. 

Comenzó a hablar con unos cuántos súbditos a quienes no conocía, pero parecían agradables, así fue conviviendo con varios grupos de chicos que aunque sabían que era la majestad, no lo hicieron sentir como alguien extraño o ajeno, sino como uno más de ellos a quien celebraban su cumpleaños. Jungkook estaba feliz y dirigió una gran sonrisa a su padre que seguía mirando a lo lejos. 

Él le devolvió la sonrisa y se retiró del lugar, dejándolo para que siguiera disfrutando de su fiesta. -Al parecer Jimin no vendrá. Que extraño, pero creo que es mejor, así Jungkook tuvo libertad de entablar conversaciones con otros y Lady Lalisa parece estar tranquila- pensó mientras emprendía paso a sus aposentos. 

Algunos minutos después, las puertas volvieron a abrirse. Las miradas se dirigieron hacia aquel lugar y exclamaciones -Oooooohhh- se lograron escuchar por todo el recinto así como gente que se preguntaba quién era aquel chico que entraba portando un elegante e impoluto traje blanco que resplandecía gracias a las hermosas piedras que lo adornaban -Son diamantes- dijo una hermosa chica también noble. 

Ahí estaba, su príncipe, su amor. Jungkook fue hacia él completamente embelesado con el corazón latiendo desbocado -Te vez magnífico- y si no fuera porque estaban entre tantas personas, le tomaría las manos y lo besaría -Tardaste mucho. Llegué a pensar que no vendrías-  

Sin querer el chico enrojeció por sus palabras -Deseaba estar muy presentable para ti... es decir, para el evento- 

-Muchas gracias, que considerado- dijo con amplia sonrisa -Lograste tu cometido, no puedo dejar de mirarte- y tal parecía que las demás personas tampoco, pues aunque la música ya había regresado, la mayoría de las miradas estaban hacia el rubio. 

-¿Quién es ese joven, Lisa? Su traje es divino, ve nada más todos esos diamantes- dijo su fiel amiga Rosé.  

Lady Lalisa apretó los dientes y los puños ¿Cómo era posible que Jimin portara esa clase de traje? ¿De dónde lo habría sacado? -Es un maldito niño entrometido que me ha causado muchos problemas durante estos años, se llama Jimin y es amigo de su majestad- 

-¿Acaso vivía en lo más recóndito del reino? ¿Por qué nunca lo había visto? ¿Tiene prometida?- bombardeó la chica de preguntas sin quitar la mirada del rubio y los constantes destellos de su blanco traje, pero Lalisa no contestó. Ella ya se había puesto en pie y había ido hacia ellos. 

-¿De dónde sacaste ese traje? ¿Quién eres en realidad y por qué siempre estás donde no te llaman?- espetó con furia 

Ambos jóvenes la miraron con molestia y muchos de los presentes estaban atentos a lo que sea que estuviera sucediendo. -Le recuerdo Lady Lalisa que hoy usted no está aquí en calidad de mi prometida, la invito a que por favor guarde silencio o se retire. No toleraré más sus desplantes- Una serie de cuchicheos se escucharon por todo el salón mientras la chica ardía en celos y fue dejada ahí pues ambos chicos se retiraron hacia el grupo de cinco jóvenes con quienes Jungkook había estado hablando. 

La fiesta continuó y todos estaban bailando, platicado y comiendo animadamente, tanto que no notaron cuando ambos príncipes se marcharon del salón y fueron hacia las cocinas cercanas por si requerían regresar rápidamente ya que la habitación secreta estaba bastante lejos. 

Jungkook por fin pudo poner sus labios en los de Jimin como había deseado desde que llegó. Volvieron a besarse pero ahora el mayor comenzó a mover su lengua tratando de abrir los labios del otro y que le permitiera adentrarla. El rubio no supo cómo, ni por qué, pero lo hizo y sintió una serie de cosquilleos por todo su cuerpo, le estaba gustando, lo estaba disfrutando. Sin embargo, esta nube de amor fue parada por una pequeña exclamación de sorpresa. 

-¡Su majestad y joven Jimin!- dijo la cocinera quien regresaba a su lugar de trabajo por unas cosas que había olvidado antes de retirase a descansar a su hogar.  

---------------------------

¿Cómo ven? Muajaja. 

En otras cosas, buaaaa, yo estoy triste por la noticia de que Hobi también se nos va. Sé que es inevitable y todos van a ir al servicio militar en algún momento, pero no puedo evitar sentir feo. Ojalá que le vaya muy bien como a nuestro querido Jin. 

Amor transgresor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora