Capítulo 16

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Ver como Joseph se despedía de su mascota, hinchó mi corazón.

Creo que me he vuelvo a enamorar de él.

Es como una renovación de votos, solo que, sin votos y nada más de mi parte.

- No puedo creer que alguien sea alérgico a tanta hermosura –digo con Josh a mi lado.

- Pues créelo, de no ser por ello estaríamos en otro lado haciendo otras cosas y no estaríamos de niñeros –añade sin mirarnos.

- Yo podía hacerlo sola –añado–. Podía venir por el caminando.

- ¿Quieres caminar? –inquiere y me mira de reojo.

- ¿Dónde? Ya estamos en tu auto –respondo tajante.

Él me mira por el retrovisor interior y puedo percibir que es su mirada maliciosa, seguidamente acelera y se desvía.

- ¿A dónde nos llevas? –inquiero.

- Querías caminar y bueno, tenemos un perro que cuidar. Si quieres puedo dejarte en la plaza con él, o acompañarlos y luego llevarte a tu casa. Como prefieras. Para mí es igual –alza sus hombros.

Caminar con Andrew ha de ser una pesadilla, de por si estar con él ya lo es –resoplo.

- Puedes dejarnos en casa de una vez –añado.

- Muy tarde –me mira nuevamente por el retrovisor–. Ya está hecho –sonríe, estaciona el auto y lo apaga–. Hemos llegado, amigo –mira a Josh y este ladra.

Se baja del auto y yo le miro con cara de pocos amigos.

Por suerte la plaza cuenta con varios árboles, pero justo hoy decidí colocarme una franelilla.

Frunzo los labios – Ahora me quemare –sobre pienso.

- Ven Joshi –dice mientras abre la puerta del auto y Josh baja emocionado, él toma la cadena y me mira–, ¿Qué esperas? –inquiere inmutable.

Maldigo por lo bajo y salgo del auto. Me acerco a ellos y empezamos a caminar.

- Creo que te quemaras un poco –señala mi hombro descubierto.

- Lo sé –entorno los ojos–. Por eso te dije que nos llevaras a casa de una vez –digo entre dientes.

Él se ríe y sigue caminando, me quedo inmóvil observando una roca y pienso en lanzarla pero conociéndolo puede hacer algo peor que eso y no quiero arriesgarme.

Se voltea para mirarme y su sonrisa es de satisfacción pura, él disfruta el verme molesta.

- Vaya –me mira por encima del hombro–. Sí que soy alto a tu lado –sonríe–, siempre me siento bajo junto a los chicos, pues apenas y les llevo una cabeza, pero a ti –sonríe ampliamente–, te llevo más de cuarenta centímetros –ladea la cabeza.

- Bien por ti –digo sin mirarle y le quito la cadena.

Josh se detiene para orinar un árbol.

- ¿Quieres un helado? –mira el puesto de helados–. Iré por uno, puedes esperarme aquí.

- Bien –lo miro apacible–, de fresa por favor.

- Fresa –dice en voz baja mientras se aleja. Lo observo mientras compra y regresa con dos helados de chocolate–, fresa no había –me entrega mi barquilla.

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