Meses habían pasado desde que Frey viajó a Tempez en busca del vestido perfecto para su boda con Milim.
En el interior de un lujoso castillo, una joven de entre trece y catorce años observaba a su amiga con una sonrisa radiante. Se encontraban en una elegante habitación, decorada con sedas y dorados, donde el suave resplandor de las lámparas resaltaba la figura de la mujer que estaba frente al espejo.
La luz acariciaba sus majestuosas alas de un tono violeta con destellos dorados en las puntas. Llevaba un espléndido vestido de novia, meticulosamente confeccionado con encajes delicados y bordados que parecían brillar con cada movimiento.
—Te ves hermosa, Frey —exclamó Milim con entusiasmo.
La emoción vibraba en su voz. El momento estaba cerca: dentro de poco, Frey cruzaría las grandes puertas del palacio, donde la esperaban sus invitados.
La arpía, sin embargo, no podía evitar la sensación de nerviosismo que se apoderaba de su pecho.
—¿E-en serio? —preguntó con un titubeo apenas perceptible.
Milim ladeó la cabeza con curiosidad antes de dedicarle una sonrisa sincera y luminosa.
—¡Sí! Y dime, Frey, ¿ya estás lista?
Frey bajó la mirada, sus manos temblaban levemente sobre la falda del vestido.
—S-sí... e-eso creo... sí, creo que estoy lista...
El silencio que siguió no pasó desapercibido para Milim. La dragona dio un paso adelante, inclinando ligeramente la cabeza.
—Mmm... Frey...
—¿S-sí?
—¿Estás nerviosa?
El tono juguetón de Milim contrastaba con la inquietud de la arpía.
—N-no... yo...
—¿Entonces por qué estás así?
Frey desvió la mirada, luchando contra la sensación extraña que la invadía. Tras un momento de silencio, finalmente murmuró:
—Es que... ¿realmente esa... soy yo?
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire mientras observaba su reflejo en el espejo. Se veía deslumbrante, como nunca antes.
El vestido blanco abrazaba su silueta con elegancia, adornado con detalles dorados y violetas que armonizaban con sus alas. El escote de corazón realzaba su porte, mientras que la larga falda, con una sutil abertura en el centro, dejaba entrever sus piernas con gracia. Su cabello caía en suaves ondas, enmarcando su rostro, y una diadema a juego con el vestido descansaba sobre su cabeza, complementada por un collar de piedras preciosas en tonos violeta, dorado y blanco.
Milim parpadeó, sorprendida por la inseguridad en la voz de Frey.
—¿Eh? —exclamó, sin comprender del todo la duda de su amiga. Para ella, la mujer frente al espejo no solo era hermosa, sino que tenía el porte de una reina.
—¡Sí, Frey, esa eres tú! Te ves increíble.
Las manos de la arpía temblaron. Unos sollozos discretos rompieron la quietud de la habitación. Detrás de ellas, dos sirvientas, que la habían ayudado a vestirse, no pudieron contener la emoción.
—Mi señora... realmente luce espectacular —murmuró una con lágrimas en los ojos—. Es digna de ser nuestra reina. Nos sentimos honradas de servirle.
—No podríamos pedir una mejor reina —añadió la otra, sonriendo con dulzura—. Además de hermosa, es inteligente y fuerte.
—Y nos alegra que haya encontrado a alguien con quien compartir su vida.
Frey sintió un nudo en la garganta. Sus labios temblaron antes de cubrirlos con la mano.
Desde niña, había ansiado escuchar palabras así.
Pero su madre nunca le dijo algo similar.
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Años atrás...
Frey se estremeció en la oscuridad del pasillo, sus pequeñas manos apretaban con fuerza el dobladillo de su bata.
Había tenido una pesadilla y, sin pensarlo, se dirigió al cuarto de su madre. Sin embargo, antes de llamar a la puerta, una voz entrecortada llegó a sus oídos.
—¡Mamá, ¿por qué?!
Frey se detuvo en seco.
La voz de su hermana mayor sonaba ahogada en desesperación.
—Mamá... ¿por qué Frey tiene que ser la sucesora? —sollozó—. ¡Yo debería ser la reina!
Su madre, la gran reina de las arpías, la abrazó con ternura, intentando calmarla.
—Ya, ya, mi niña...
Pero su hermana no se detuvo.
—¡¿Por qué ella y no yo?! —su voz se quebró en rabia—. ¡No es tan hermosa como yo ni tan inteligente! ¡Yo debería ser la reina, mamá!
Frey sintió un escalofrío recorrer su espalda.
El silencio que siguió le heló la sangre. Contuvo el aliento, con la esperanza de escuchar a su madre negarlo, decir que no era verdad.
Pero esas palabras nunca llegaron.
En su lugar, la reina suspiró con pesar y acarició la mejilla de su hija mayor con una dulzura fingida.
—Si por mí fuera... tú serías la heredera. Eres mi hija brillante, mi orgullo. Si dependiera de mí, tú serías la reina...
Frey sintió que su pecho se encogía.
Su hermana levantó la mirada, con los ojos brillantes de esperanza y desesperación.
—Mamá... si Frey no existiera... ¿me darías el trono?
El silencio se alargó por un instante eterno.
Detrás de la puerta, la niña de once años sintió que su corazón dejaba de latir.
Entonces, la voz de su madre rompió el silencio, cálida y dulce como la miel envenenada.
—Por supuesto.
La reina tomó el rostro de su hija entre sus manos y depositó un beso en su frente.
—No hay nadie más digno que tú, mi pequeña reina.
La niña sonrió, emocionada.
—¡Entonces quiero ser la reina, mamá!
—Eso... no se puede.
—¿Por qué no? ¡Tú eres la reina, mamá!
—Aunque lo sea, no puedo anular "eso"... Lo siento, mi niña.
Su hermana bajó la mirada.
—Tengo miedo... y estoy triste...
—¿Miedo de qué, mi niña?
—Todos dicen que Frey debería ser la reina, que yo soy egoísta...
La mirada de la reina se volvió afilada. Aunque su tono se mantuvo dulce, su voz adquirió un filo cortante.
—¿Quién ha dicho eso?
—Todos... Dicen que Frey lo merece más que yo... También dicen que fui cruel cuando castigué a unos sirvientes...
La reina le acarició el cabello con lentitud.
—¿Y qué hicieron esos sirvientes para que alguien tan amable como tú los castigara?
—Dijeron que mi hermana es bonita...
Frey apretó los puños.
No pudo soportarlo más. Se alejó en silencio, con las lágrimas surcando su rostro.
Aquel día, entendió algo que cambiaría su vida para siempre.
Para su madre, ella no era más que un reemplazo.
Nota del autor: ¡Hasta aquí el capítulo! Lamento la demora y los errores, he estado ocupada, pero espero que lo hayan disfrutado. ¡Nos vemos en el próximo!

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𓆩♡𓆪 𝐷𝑜𝓈 𝑅𝑒𝓎𝑒𝓈 𝐷𝑒𝓂𝑜𝓃𝒾𝑜𝓈 ¡¿𝐸𝒩𝒜𝑀𝒪𝑅𝒜𝒟𝒪𝒮?! 𓆩♡𓆪
Fanfiction¿Dos Reyes Demonios... enamorados? Milim Nava y Rimuru Tempest siempre se han visto como amigos cercanos, dos poderosos reyes demonios con un vínculo de respeto y camaradería. Aunque su relación nunca ha sido más que eso en apariencia, algo más prof...