¿Dos Reyes Demonios... enamorados?
Milim Nava y Rimuru Tempest siempre se han visto como amigos cercanos, dos poderosos reyes demonios con un vínculo de respeto y camaradería. Aunque su relación nunca ha sido más que eso en apariencia, algo más prof...
El aire vibraba con la tensión que llenaba la sala. Los ecos de la conversación de antes seguían retumbando en la mente de Rimuru, quien no podía despejarse de las palabras de Ciel.
"El poder de un padre... ¿cómo puede cambiar tanto una vida?"
Pensó, su mirada fija en el rostro de Milim, quien parecía luchar con algo mucho más grande que ella misma.
"Con esa habilidad, Beelzebub... podrías absorber las Magiculas de la señora Milim", dijo Ciel, su tono frío y calculador. Era claro que ella estaba tratando de advertirlo, pero el sonido de su voz no alcanzaba a desestabilizar a Rimuru, quien permanecía en silencio. Su rostro reflejaba serenidad, pero la tormenta interna era inevitable. "¿Y si lo hago?", pensó, contemplando la magnitud de la situación.
"Pero maestro, si usted hace eso, podría resultar herido... Solo es una suposición", continuó Ciel, su preocupación genuina permeando las palabras. A pesar de la fría lógica de su voz, Rimuru notó el esfuerzo por mantener la calma en ella.
"¿A qué te refieres, Ciel?", preguntó Rimuru, su tono firme, pero curioso. Sin embargo, Ciel permaneció en silencio, como si pesara sus palabras. Finalmente, rompió el silencio.
"Recuerde esto, maestro. Antes de que usted me nombrara, yo era la [Habilidad Definitiva: Rafael, Rey del Conocimiento].La revelación fue como una chispa en la oscuridad. Rimuru levantó una ceja, no por sorpresa, sino por el contraste de la situación.
—" ¿Eso qué tiene que ver con esta situación, Ciel?" — no entendía completamente la conexión, pero algo en sus palabras despertó una inquietud.
Ciel suspiró, su rostro aún impasible, pero su mirada mostraba un destello de preocupación. "¿Qué tiene que ver en esta situación? Maestro, tiene todo que ver. Si tú no comprendes lo que está sucediendo aquí, podemos perderlo todo."
"¿Ciel?" Rimuru la miró, su tono más urgente ahora, como si comenzara a ver la gravedad de lo que Ciel intentaba comunicar.
"Mi... Mi creador dejó atrás algo muy importante. Una espada que fue destrozada por ti, maestro"
Dijo Ciel, su voz ahora teñida con una mezcla de nostalgia y pesar. "No fue lo único que dejó para su amada hija, pero esa espada... Era más que un simple recuerdo.Cumplía dos funciones. Y ahora, todo eso está pasando... lo que ocurrió con esa espada... está volviendo a la vida."
Rimuru permaneció en silencio, el aire denso entre ellos. La revelación era desconcertante. ¿Cómo podía un simple objeto tener tanto poder? ¿Y cómo se relacionaba eso con la lucha que Milim estaba librando ahora mismo? La tensión crecía, y el tiempo parecía detenerse.
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En un lugar diferente, en algún rincón de la mente de Milim, las sombras del pasado comenzaban a revolotear. Ella estaba perdida en recuerdos distorsionados, fragmentos de un tiempo que ya no parecía suyo. "¿Qué está pasando?", se preguntó, mirando desconcertada a su alrededor. Estaba en su oficina, en su mundo, revisando los documentos de la nación. ¿Cómo había llegado aquí?
De repente, una visión comenzó a materializarse frente a ella, nítida y clara. Una chica de cabello largo y rosado apareció a su lado. "Mira qué hermosa es nuestra hija, Lucía", dijo el hombre a su lado, su rostro lleno de cariño. El hombre tenía el cabello azul, con puntas moradas, y su mirada transmitía amor. Milim sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. La escena era extraña, pero reconocía la familiaridad en ella.
"Es hermosa y adorable", dijo el hombre, su voz llena de amor, pero algo en sus palabras le causó un dolor inexplicable en el pecho de Milim. Entonces, su vista se centró en los ojos de la chica. Lucía tenía unos ojos azules que brillaban como el cielo. "Nuestra hija...", murmuró el hombre, y Milim no pudo evitar sentir que todo esto se estaba desmoronando.
"¿Qué es esto?", susurró Milim para sí misma. "¿Por qué está apareciendo este recuerdo ahora?" Sentía que su mente estaba a punto de explotar, como si algo la estuviera oprimiendo desde adentro. Y fue entonces cuando la luz cegadora envolvió todo, y un estruendo inundó la sala.
"¿Qué pasa? No puedo ver nada", murmuró Milim, cubriéndose los ojos con las manos. La luz era tan intensa que la realidad misma parecía desmoronarse ante sus ojos. "¿Mamá...? ¿Papá...?" La desesperación llenó su voz, pero nadie la escuchó.
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En el campo de batalla, Rimuru estaba sumido en una profunda concentración mientras observaba a Milim, quien luchaba por contener una explosión de poder incontenible. De repente, la barrera de Rimuru comenzó a temblar bajo la presión de la energía que Milim estaba desatando. "Milim-sama no puede retener más su poder", dijo Ciel, su voz fría y calculada, pero Rimuru pudo detectar la preocupación subyacente en ella.
"¡Ciel, ¿qué está pasando?!", exclamó Rimuru, mientras una ola de energía se desataba de la forma de Milim. La barrera a su alrededor tembló violentamente. "¿Qué está ocurriendo con ella?"
En ese momento, la voz de Diablo se alzó, interrumpiendo los pensamientos de Rimuru. "Rimuru-sama, estamos aquí como lo ordenó", dijo Diablo, arrodillándose junto a Benimaru y Zegion, quienes lo acompañaban. Todos esperaban en silencio la siguiente orden de Rimuru.
"Gracias, todos", dijo Rimuru con voz firme, pero su atención seguía fija en Milim. "Benimaru, Zegion, necesito que evacuéis a todos los civiles. Levantad una barrera alrededor de la ciudad. ¡Que nadie se quede atrás!"
"Sí, Rimuru-sama", dijeron al unísono, y sin una palabra más, se dispersaron para cumplir con la orden.
Rimuru no despegaba su mirada de Milim, quien aún luchaba por contener la fuerza arrolladora que amenazaba con consumirla. "Pronto estarás bien, Milim", murmuró Rimuru para sí mismo. Su corazón latía más rápido a medida que veía el sufrimiento de su amiga, alguien que había llegado a ser parte de su familia, alguien que no podía dejar que se destruyera. "Te salvaré... no importa lo que cueste."
Ciel observaba en silencio, pero la mirada que le dirigió a Rimuru mostraba una mezcla de admiración y preocupación. "Maestro... ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar por ella?"
Rimuru no le respondió de inmediato. En su corazón, ya lo sabía. Milim significaba todo para él. A pesar de todo lo que había sucedido, ella seguía siendo parte de su familia, y nada en este mundo lo haría retroceder. "Hasta el final", murmuró en voz baja, más para sí mismo que para Ciel.
La batalla no había hecho más que comenzar, y el destino de Milim estaba en sus manos.