capitulo 12: Un Rayo de Luz en la Oscuridad

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Un silencio pesado la envolvía. No sabía dónde estaba ni cuánto tiempo había pasado. Solo existía una inmensa oscuridad que se extendía a su alrededor como un océano sin fin. Milim sentía que flotaba en el vacío, sin poder moverse, sin poder hablar.

Pero entonces, algo cálido tocó los fragmentos dispersos de su conciencia

Una dulce fragancia flotaba en el aire, una mezcla de miel y flores silvestres. Milim sintió un cosquilleo en la nariz, y al abrir los ojos, se encontró con una imagen familiar.

Estaba sentada bajo la sombra de un gran árbol, la brisa suave acariciaba su rostro. Frente a ella, Rimuru le tendía algo envuelto en hojas verdes.

—Oye, Milim, ¿quieres probar esto?

Ella tomó el pequeño trozo de miel con curiosidad y lo probó. Sus ojos brillaron de emoción al sentir la dulzura derretirse en su boca.

—¡Está muy bueno! —exclamó, con una gran sonrisa en el rostro.

Rimuru rió, viéndola disfrutar con entusiasmo.

—Sabía que te gustaría. Siempre encontraré algo que te haga feliz.

La calidez de su voz llenó el espacio, pero de repente, la imagen comenzó a desvanecerse. Milim intentó aferrarse a ella, pero se deshizo en una brisa que la dejó sola en la oscuridad.

—¿Rimuru...? —susurró, pero su voz no encontró respuesta.

De pronto, la oscuridad se rompió por el rugido de un fuego descontrolado. Milim se vio a sí misma en un campo devastado, llamas alzándose como gigantes furiosos a su alrededor. El poder crudo fluía a través de su cuerpo, incontenible, devastador. La sensación de soledad y furia nublaba su mente, y todo lo que podía hacer era seguir destruyendo.

Pero entonces, en medio del caos, una voz firme y decidida resonó.

—¡Milim, detente!

Giró la cabeza y lo vio. Rimuru, de pie frente a ella, mirándola con preocupación, pero sin rastro de miedo en su rostro.

—Si estás herida, puedes contar conmigo. No dejaré que te hundas en la soledad.

El fuego crepitaba entre ellos, pero en ese instante, su presencia calmó la tormenta en su interior. Rimuru extendió su mano.

Ella la tomó. Sintió su calidez atravesar la frialdad de su piel.

Pero cuando intentó apretar su agarre, su mano desapareció, dejando solo un gélido vacío.

Milim sintió que se hundía nuevamente en la oscuridad.

De pronto, una nueva visión parpadeó en su mente. Se encontraba en el campo de entrenamiento, la adrenalina corriendo por sus venas mientras lanzaba un golpe directo hacia Rimuru.

Pero él lo esquivó con facilidad, con esa sonrisa burlona que la hacía enfurecer.

—¡Milim, eres demasiado predecible!

Ella chasqueó la lengua, molesta.

—¡Cállate, Rimuru! ¡La próxima no fallaré!

Rimuru se rió, y antes de que pudiera darse cuenta, ya la había derribado. Los dos rodaron por el suelo, riendo entre jadeos.

Era un momento simple, pero tan real, tan vívido.

Hasta que la imagen se rompió en mil pedazos y la dejó sola otra vez.

—No... No quiero estar sola...

Pero la oscuridad no respondía.

Entonces, un último recuerdo emergió.

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