¿Dos Reyes Demonios... enamorados?
Milim Nava y Rimuru Tempest siempre se han visto como amigos cercanos, dos poderosos reyes demonios con un vínculo de respeto y camaradería. Aunque su relación nunca ha sido más que eso en apariencia, algo más prof...
En los albores de una era aún joven, cuando el cielo y la tierra se fusionaba en armonía, un dios inmenso caminaba por los pasillos del universo. Su nombre era Veldanava, y su poder era tan vasto como el mismo cosmos.
Las estrellas, los planetas y las criaturas de la creación se inclinaban ante su magnificencia, conscientes de que su presencia era un faro de orden y equilibrio.
Los vientos le susurraban secretos, y las aguas se calmaban a su paso. Sin embargo, a pesar de su enorme poder, Veldanava no era invulnerable. Sabía que, por muy grande que fuera su fuerza, había cosas que no podía lograr por sí solo. Como dios, podía moldear el destino de los mortales, pero no podía predecir todo, ni mucho menos controlar los sentimientos más profundos que brotaban de su propio ser.
Veldanava no solo era un líder, sino también un ser que había tomado decisiones para garantizar que el orden prevaleciera en todo lo que existiera. Sin embargo, aún él no podía hacerlo todo por sí mismo.
Por ello, en su reino, rodeado de seres de poder infinito, estableció un sistema de subordinados. Cada uno de estos servidores tenía un rol que cumplir y se encargaba de mantener el equilibrio del cosmos bajo su vigilancia. En su corte, había de todo: guerreros, sabios, místicos, pero todos sabían que su existencia se debía al respeto que tenían por él. Nadie podía cuestionar la autoridad de Veldanava, pero algunos sí podían cuestionar sus decisiones.
En un día que comenzó como cualquier otro, una noticia recorrió todo el reino de Veldanava y llegó hasta los rincones más oscuros de su corte: Veldanava iba a ser padre. La revelación causó un alboroto de emociones, y las celebraciones comenzaron a estallar en todo el reino. Para muchos, la noticia de que el dios eterno tendría descendencia era una bendición.
El universo, por fin, vería el nacimiento de un ser que llevaría en su interior el poder divino y la sabiduría ancestral de su padre. Sin embargo, la noticia no fue recibida con los mismos sentimientos por todos.
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Los murmullos se alzaron entre los miembros de la corte que veían con desdén el hecho de que la hija de Veldanava fuera mitad humana.
— ¿Cómo puede un dios tan grande criar a un ser de sangre impura?—se preguntaban algunos con desconfianza, sin comprender la magnitud del sacrificio que Veldanava había hecho al enamorarse de una mortal.
Lucia, la madre del hijo que Veldanava esperaba, era humana. Pero en lugar de ver la fragilidad de su humanidad, Veldanava veía su bondad infinita, su fortaleza interior y la pureza de su alma. Lucia no era una simple mortal, sino una mujer cuya sabiduría y belleza trascendían los límites de su especie.