FRANCESCA
Me cuesta respirar, la tensión se siente en el aire y enseguida me arrepiento de mis palabras, estoy completamente segura de que Alec no escuchó, pero también estoy segura de que le acabo de recordar al director la peor arma que puede usar en mi contra y esa no requiere de balas.
—¿Qué dijo, soldado? —pregunta aún bajo mi amenaza—. Debería repetirlo más fuerte para que todos en este lugar la escuchen.
Lo sabía. Mierda, lo sabía...
—Cierre la boca.
—Tiene dos segundos para soltarme o repito sus palabras y yo no sé susurrar.
—Me alegra tener dos segundos porque a mi me tardará uno solo volar sus sesos antes de que pueda tan siquiera insinuar cualquier cosa.
—Yo no insinúo, yo digo la verdad.
—Empiece por la verdad más grande, Alec no es Dimitri, debe meter eso muy bien en su cabeza.
—¿Sabe que se va a arrepentir eternamente de lo que hace, cierto?
—Es lo más probable, pero si mata a Alec y deja a Dimitri suelto pensando que todo se resolvió, me arrepentiría más.
—Suficiente, cada segundo que se tarda en soltarme es perjudicial para usted.
—Y cada segundo que estamos aquí es ventaja para Dimitri. Está dispuesto a matar a Alec y yo estoy dispuesta a matarlo a usted así que decida pronto porque hay un gran número de soldados apuntando en mi dirección.
—Última oportunidad, Prada.
—Última oportunidad, director. Le juro por lo que más amo en este mundo que si le da la orden de retirada a estos soldados voy a aceptar el castigo que usted me imponga sin reclamos, solo permítale a Alec demostrar que no es el monstruo que cree.
Unos largos segundos de espera más tarde el director decide hablar y me mantengo atenta bajo cualquier orden que involucre algo desfavorable para mi.
—Soldados, retirada —lo suelto—. Menos el escuadrón involucrado.
Sin objeción ni rechistar los soldados obedecen y se retiran como perros obedientes.
—Ambos —voltea para estar frente a frente con Alec y yo—. Tienen más dinero del que necesitan, sus cuentas bancarias están desbordando billetes y lo más probable es que sean enterrados en ataúdes de oro, pero ni todo el dinero del mundo les va a alcanzar para pagar lo que hicieron hoy, créanme que van a desear no haber vuelto a la vida del otro.
—Eso lo estoy deseando desde que me mandó en una misión a rescatarlo, le advertí que Alec y yo no podemos estar cerca o cosas como esta ocurren. Juntos somos la cuenta regresiva de una bomba, no nos detenemos hasta arrasar con todo y aún así decidió esto, yo me quería mantener alejada, pero usted me acercó.
—No se preocupe, ahora sabrá lo que es estar alejada. Pratignari —le habla a Giovanni—. Termine lo que empezó y espose a la soldado.
Él viene hasta mi y le extiendo mis manos por delante sin poner resistencia, una de mis muñecas tiene puesta la esposa con la que intentó retenerme anteriormente así que él solo toma el extremo faltante y me esposa por completo.
—Ustedes —continúa con mis compañeros de equipo—. Hagan algo útil y lleven al señor Belucci a la sala de juntas, el inoperante que tienen como jefe de escuadrón y yo escoltaremos a la soldado Prada y luego vamos con ustedes.
Giovanni levanta la cabeza y le dedica una mirada molesta ante el insulto, pero opta por guardar silencio.
—Caminen —ordena el director y avanza.
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Última Batalla de Roma | [Roma #3]
Acción¿Que tienen en común una soldado de la BSGI y un empresario exitoso? La respuesta es fácil, nada, no tienen absolutamente nada en común. ¿o si? Es de valientes dejar ir, es de cobardes no volver. LIBRO 3 DE [ROMA] Se necesita leer Ante los ojos de R...