- Oye, ¿se puede saber que mierda pasa contigo? - estaba molesto y dolido por la forma de actuar que estaba teniendo y eso se reflejó en su voz.
- Nada - seguía trabajando mientras hablaba y eso cabreó más al rubio.
- Para y hazme el favor de mirarme cuando te hablo - y surtió efecto, el chico paró y lo miró, hacía días que no lo miraba y ahora que lo había conseguido se quedó sin saber que hacer o decir.
- ¿Qué quieres? - al escuchar al moreno volvió en sí.
- ¿Qué quiero? - rió sarcásticamente - Quiero que vuelvas a actuar como una persona normal y que sigas con el plan, no que te comportes como un puto asocial.
- El plan lo estoy siguiendo, el resto no te incumbe.
- Sí, me incumbe porque todo esto ha empezado desde que nos besamos y tuviste aquella pesadilla sobre lo ocurrido y ya te he dicho que lo siento, sé que lo que hice estuvo mal, peor que mal, pero no puedo cambiarlo joder, sino ya lo habría hecho - el moreno lo miró entre asustado y sorprendido.
- ¿Y tú cómo sabes que soñé con eso? - más que una pregunta sonó como si le reprochara por invadir su intimidad.
- Porque hablaste en sueños - el horror en su cara aumentó y tras unos segundos el rubio habló aclarando sus palabras - es la primera y única vez que te ha pasado, al menos que yo haya escuchado.
- Olvídalo, lo que menos quiero escuchar es como me tienes pena, no soy ningún animal herido, ¿está claro? - el miedo desapareció y el enfado empezaba a ser notorio en su voz.
- No estoy diciendo eso Greco, lo que he dicho antes iba en serio, no lo decía porque me dieras pena.
- ¿Ah no? Entonces, ¿por qué lloraste esa noche? Te escuché, sé que haces esto por pena así que ahórratelo - la sorpresa que sintió Gustabo al escuchar aquello no se comparaba con nada, nadie lo escuchaba llorar desde hacía muchos años y tampoco era algo que soliera hacer.
- Está bien, piensa lo que te de la gana, no voy a seguir disculpándome, ya sabes lo que opino respecto a eso, ahora si quieres puedes seguir comportándote como un niño pequeño y esquivarme eternamente, pero en mi opinión deberías asumir que te gustó el beso, dejar de darle vueltas al tema y centrarte en el plan, que no tenemos 14 años joder - el rubio fue subiendo el tono de voz conforme iba hablando y cuando terminó salió del lugar alterado, dejando a Greco sin palabras.
Pasaron algunas horas y el moreno no había dejado de darle vueltas a las palabras del chico, en parte tenía razón, solo había sido un beso pero decirse que aquello le había gustado era difícil, no quería admitirlo porque era ÉL, no cualquier persona sino ÉL, Gustabo, su violador, y aunque había intentado no pensar más en eso, era imposible para su orgullo no recordarlo, cada vez que se sentía a gusto junto a él era como si se fallara a sí mismo.
La hora del almuerzo había llegado y como de costumbre faltaba Greco. Gustabo y Manolo comían en silencio cuando de nuevo aquella voz que tanto odiaba volvía a dirigirse a él.
- Pero bueno Gustabo parece que tu novio y tú no compartís mucho tiempo juntos últimamente, ¿hay problemas de pareja? - Armando y los suyos rieron bajo la mirada amenazante del rubio y su compañero, hoy no estaba de humor y si el otro seguía así terminaría partiéndole la cara.
- Cállate la boca y vete a chuparle la polla a ese oficial con el que tanto hablas - las palabras del chico no le gustaron nada a Armando que terminó acercándose de forma amenazante apoyando las manos sobre la mesa para inclinarse hacia Gustabo.
- Repite algo así y...
- ¿Hay algún problema? - era Greco, se encontraba detrás de Armando con su bandeja mientras observaba la situación con una mirada de pocos amigos.
- Ninguno, nosotros ya nos íbamos - dedicó una falsa sonrisa al moreno y se separó de la mesa colocándose frente a éste - deberías controlar a tu chico.
- Y tú tu carácter - ambos se sostuvieron la mirada.
- !HEY! ¿QUÉ PASA AHÍ? DEJAROS DE GILIPOLLECES, CADA UNO A SU SITIO - los guardias estaban atentos por lo que ambos obedecieron, Greco sentándose junto a Gustabo, sitio que no tomaba desde hacía días, y Armando yéndose con los suyos.
- No necesitaba tu ayuda - el rubio fue el primero en hablar.
- No venía a ayudarte - se encogió de hombros mientras empezaba a comer - solo venía a sentarme y pregunté que pasaba.
- Como sea... - susurró mientras imitaba al otro y comenzaba a comer.
- Vaya par de cabezones - la voz de Manolo los hizo salir de sus pensamientos.
- ¿Por que tenéis esta rivalidad con Armando y los suyos?
- Pertenecen a una mafia rival así que somos enemigos desde antes de entrar a prisión y aquí tienen mucho poder, se encargan de vender droga a los presos y tienen a chicos de compañía que alquilan a otros de la prisión - ésta vez fue Manolo el que habló, el rubio solo comía en silencio como si su presencia le molestara, pero no le hizo caso y siguió con sus preguntas.
- ¿Chicos que le deben favores?
- Exacto, suelen ser nuevos, no saben como funciona esto y se fían de personas equivocadas, pocos consiguen salir de esa situación - pareció pensar un poco antes de añadir algo más - tú no fuiste el peor parado.
- Lo siento por no agradeceros vuestra empatía y comprensión - dijo irónicamente mientras miraba a Manolo.
- No me refiero a eso, solo digo que al final nos lo devolviste de alguna forma, esto es así, es la cárcel, todos hacemos cosas que no queremos, yo no creo que quisieras matar a Emilio pero entiendo que lo hicieras, es supervivencia - tras sus palabras siguió comiendo tranquilamente y Greco sintió como Gustabo lo miraba esperando su respuesta.
- Lo sé, pero no es fácil - susurró antes de devolver la mirada al rubio y seguir comiendo.
- Ya, pero si algo he aprendido a lo largo de los años es que no puedes juzgar a alguien por lo que hace cuando lo encierran en un lugar así, hasta el más santo cometería errores.
La conversación finalizó y todos salieron del comedor aprovechando la hora libre que tenían.
Greco pasó la tarde en la celda, las palabras de Manolo no dejaban de resonar en su cabeza, sabía que en parte tenía razón pero aquello no justificaba lo que le hicieron, también recordó la conversación con Gustabo; y por otro lado pensaba en su hermana, la echaba de menos y aunque fuera difícil de asumir, sabía que no iba a salir viva de allí aunque él cumpliera su parte del trato, pero... ¿qué podía haber hecho?
Intentó mantenerla con vida, siguió cada paso a la perfección, estaba ahí encerrado porque era lo que debía hacer, y aún así la asesinaron, solo fue una forma de quitarse a ambos de en medio, la diferencia era que él les había sido más útil vivo.
ESTÁS LEYENDO
La Cárcel
RomanceGreco, un nuevo integrante en la prisión, empieza a ser un estorbo para Gustabo y su plan de escape, al ver que sus métodos habituales no sirven con el nuevo, tendrá que buscar otra forma de convencerlo para que esté de su lado.
