A la siguiente mañana se despertó temprano y tras tomar un desayuno rápido, se dirigió a lavandería donde algunos ya estaban esperando al turno de trabajo. Pasados unos minutos, los chicos empezaron su jornada.
Greco observaba de reojo las fundas de las almohadas, necesitaba dos, se acercó hacia ellas y cuando notó que todos los presos de la sala estaban con otras tareas, sacó un par de fundas y se escondió tras el biombo que separaba la zona de lavado y de secado; se subió la camiseta y se bajó un poco los pantalones colocando las fundas como si se trataran de una faja, tras eso se colocó de nuevo la ropa y comprobó satisfecho que quedaba lo suficiente oculto.
La jornada había terminado, por lo que Greco fue en busca de Armando pero en vez de a él, se encontró a uno de los suyos, que le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera y comenzó a andar hacia el baño, el moreno se tensó al ver la zona a donde iban, odiaba ese lugar desde lo sucedido con Gus allí, pero no le quedaba otra que disimular y entrar al lugar.
Al llegar se encontró a Armando y los suyos, eran los únicos allí, por lo que se limitó a sacar las fundas y dárselas al contrario.
- Aquí tienes - la sonrisa de Armando apareció en su rostro.
- Perfecto, dame un segundo y cumplo mi parte del trato - se giró hacia los suyos y tendió ambos brazos con una funda en cada mano a un par de los suyos, estos la cogieron y en un movimiento rápido se las colocaron en las cabezas a otros dos del grupo - ¿Creíais que no me iba a enterar? Yo sé todo en este lugar, tengo ojos y oídos en toda la prisión, ¿de verdad pensabais que podíais traicionarme y salir impunes? - soltó una carcajada tan fría, tan burlona...tan cruel, que a Greco se le puso los vellos de puntas y no pudo evitar pensar en si Gustabo habría hecho alguna vez este tipo de cosas también.
Los dos chicos acusados como traidores empezaron a negarlo y a suplicar que entrará en razón, pero aquello no sirvió de nada, Armando dio un golpe con su puño a uno de ellos en la boca del estómago haciéndole caer al suelo, y tras una leve señal con la mano, el resto del grupo empezó a patear y golpear a ambos traidores.
Greco parecía ser el único que no estaba disfrutando de ver aquello, pero sabía que Armando estaba haciendo todo este show ante él para evaluarlo, por lo que se obligó a mantener la vista en lo que ocurría mientras guardaba silencio y metía las manos en sus bolsillos como si aquello no le causara más que indiferencia.
Pasado un rato, Armando dio otra señal, parando los golpes y haciendo que arrastraran a los chicos con las caras tapadas hacia un par de inodoros, donde empezaron a sumergir sus cabezas en estos y a sacarlas a ratos, pero la tela mojada sobre sus caras les dificultaba la respiración y los iba ahogando lentamente. Greco solo quería salir de allí, estaba empezando a sentir culpa por haber colaborado en esto trayendo las fundas, pero recordó que nadie había sentido remordimiento o pena por su hermana y eso le ayudó a mantener la compostura en ese lugar.
Al rato, ambos chicos fueron arrodillados ante Armando, y tras unos segundos en esa posición, otros dos del grupo comenzaron a tirar de la funda hacia atrás asfixiándolos, cuando los chicos dejaron de dar señales de vida, soltaron la funda y dejaron caer sus cuerpos.
Greco nunca había visto algo así, él no se dedicaba a esto, por lo que tuvo que hacer su mejor actuación para no mostrar ningún signo de asombro.
- Lo siento por la espera Greco, estos temas no pueden dejarse pasar, era importante solucionarlo lo antes posible y por supuesto no podía usar las fundas de nuestras almohadas o acabarían culpándonos - lo estaba mirando con su sonrisa habitual, analizando la reacción del moreno y este lo sabía, por lo que se obligó a apartar la vista de los cuerpos y a responder.
- Esta bien, ahora cumple tu parte del trato.
- Un chico directo, me gusta, sígueme - su sonrisa se amplió, incomodando aún mas a Greco y salió del baño, andando hacia la zona de su celda seguido de los suyos y del moreno - y dime, ¿sobre que mafia quieres saber?
- No sé su nombre, pero tienen una marca, una especie de firma en sus actos - recordó los cuerpos sin vida de sus padres y como se quedó helado al ver lo que habían hecho en sus caras - rajan la boca a sus víctimas, como si fuera una gran...sonrisa - la cara de Armando mostró desconcierto, y por un momento pensó que tal vez no sabía nada de ellos, pero entonces dijo aquellas palabras que nunca esperó escuchar.
- ¿Te refieres a la mafia a la que pertenece Gustabo? ¿Por qué no le has preguntado a él directamente?
Las palabras de Armando resonaban en su cabeza, no era posible, Gustabo dijo que él no se dedicaba a eso, dijo que el sería incapaz de hacerle algo así a una niña y que lo evitaría si lo supiera, ¿acaso todo era mentira? ¿Sabía que había sido su propia mafia? Seguro que sí ¿Por qué sino nunca le había hablado de ella?
- ¿Piensas contestar? No tengo todo el día - comentó Armando molesto, sacando a Greco de sus pensamientos.
- Olvídalo, estamos en paz - no podía creer todo aquello, empezó a andar rápido hacia la celda y al entrar vio a Gustabo mirándolo desde su cama con desconcierto por la forma de entrar del moreno.
- ¡TÚ! - fue hacia el rubio y tiró del borde de su camiseta bajándolo de la cama contra el suelo con rabia, ganándose un quejido del contrario por el golpe.
- ¡Pero que haces! ¡¿Te has vuelto loco?! - el moreno le atestó un golpe en su cara haciendo que el contrario se levantara rápidamente y se tocara la zona golpeada.
- ¡Los matasteis! ¡Tú y tu mafia de mierda mató a mi familia! ¡Y lo sabías, eres un hijo de puta! - se lanzó de nuevo hacia él, pero esta vez el menor fue el que golpeó, dándole en el labio que comenzó a sangrar, aquello cabreó mas a Greco y cuando iba a lanzarse de nuevo a por el rubio, unas manos lo sujetaron con fuerza impidiendo que se moviera.
- ¿Qué esta pasando? - era Manolo
- ¡Suéltame! ¡Sois unos asesinos de niños! - se zarandeó intentando soltarse de Manolo hasta que lo consiguió.
- Greco, escúchame, no se de qué me estás hablando, no nos dedicamos a eso, ya te lo dije una vez - el moreno se negaba a escuchar más por lo que sujetó al contrario por el cuello y lo pegó contra la pared acercando su cara a la de este.
- Eres un asesino, eres escoria, aléjate de mí o te mato, te lo juro que te mato - Gus apenas podía respirar pero ver la mirada de Greco y escuchar todo aquello le dolía más que los golpes.
- ¡GRECO SUÉLTALO, LO VAS A MATAR! - las palabras de Manolo, fue lo último que escuchó Gustabo antes de perder la consciencia por la falta de aire.
ESTÁS LEYENDO
La Cárcel
Roman d'amourGreco, un nuevo integrante en la prisión, empieza a ser un estorbo para Gustabo y su plan de escape, al ver que sus métodos habituales no sirven con el nuevo, tendrá que buscar otra forma de convencerlo para que esté de su lado.
