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- Aún no me creo que te desmayaras por picarte con Greco, al final me arrepiento de no haber ido - Manolo reía sin parar y Greco sonreía mirando de reojo a Gustabo que se había puesto rojo por la vergüenza del momento.

- Bueno tampoco fue para tanto, al menos yo fui a correr mientras tú solo dormías, además solo fue un resbalón - dijo de la forma más digna posible ante esa situación.

Manolo miró al moreno elevando las cejas esperando que confirmara aquello pero el chico solo negó con la cabeza riendo levemente.

- Greco, joder, no ayudas - el rubio lo miró entrecerrando sus ojos haciendo reír al nombrado

- A ver, tampoco voy a mentir, da gracias a que no estoy haciendo ningún comentario al respecto, que si quieres podemos hablar de como casi te comes el suelo en la d... - el menor le dio un codazo rápido - ¡Ay!... vale, vale, lo pillo - contesto sobando la zona donde había recibido el golpe.

- A saber que habréis hecho, porque esas agujetas que trae Gustabo...son sospechosas - comentó Manolo.

- Manolo, te aseguro que si yo le hubiera hecho algo de lo que insinúas al rubio este - miró a Gustabo volviendo la vista a Manolo tras unos segundos - tendría el triple de agujetas y no se movería de la cama - terminó la frase con una sonrisa burlona en su rostro.

- Pero que creído eres, madre mía chico bájale eh - el menor se puso algo nervioso ante aquellas palabras, no se esperaba una respuesta así de Greco, pero le gustaba ver que hacía ese tipo de comentarios a pesar de que aún no confiara en él en las duchas.

- Bueno, tremendas declaraciones, Gustabo, ya sabes lo que te espera - seguía riendo, en el fondo se alegraba de que el moreno empezara a hacer bromas de ese tipo después de todo lo ocurrido.

Tras la charla los tres chicos fueron a trabajar a sus respectivos puestos, a esa hora en la lavandería solo debían estar Greco y Gustabo, por lo que ambos trabajaban tranquilos manteniendo un silencio cómodo cuando de repente uno de los guardias entró y se acercó al rubio.

- Gustabo, el alcaide te reclama - el menor miró al moreno unos segundos y volvió la vista al guardia asintiendo mientras se acercaba a él para seguirlo.

Pasaron unos 10 minutos y el mayor seguía trabajando sin saber nada de lo que ocurría, estaba ansioso, quería saber por qué el alcaide quería hablar con Gus, siempre fue curioso y eso no había cambiado con los años, recordaba como sus profesores le reñían por preguntar tanto y sonrió al acordarse de aquello, echaba de menos ser un niño y no tener que preocuparse por nada, solo jugar y jugar durante horas. El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de sus pensamientos, haciendo que dirigiera la mirada en esa dirección, era Gustabo pero por la cara que traía supo que algo no iba bien, estaba tenso y preocupado.

- ¿Qué ha pasado? - preguntó el moreno acercándose al verle así.

- Nada que deba preocuparte, sigamos con el trabajo - aquella sequedad en sus palabras descolocó a Greco, Gustabo no había vuelto a hablarle de esa forma desde que ambos empezaron a colaborar para salir de prisión y notar eso de nuevo le dolió en cierta forma.

- ¿Se puede saber que te pasa? ¿Por qué estás así conmigo ahora? - el mayor estaba molesto, eso era notorio en su tono de voz y Gustabo lo captó, aunque no pareció importarle.

- Mira Greco, no vengas a montarme dramas que no soy tu novio, si te molesta como hablo, no me hables, es sencillo y creo que te estás confundiendo, que seamos socios no implica que sea un puto algodón de azúcar contigo - el moreno seguía confundido pero las palabras del menor le hacían daño y le enfadaban en partes iguales, no entendía que había ocurrido pero tenía claro que no iba a arrastrarse por nadie y el fin de la jornada había llegado así que se dirigió a la puerta y salió de la lavandería mientras susurraba un "imbécil" lo suficientemente alto para que Gustabo lo escuchara.

La CárcelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora