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- Oye Greco, ¿por qué estás aquí dentro? ¿Qué hiciste? Porque aquí nadie se cree que te hayan condenado a perpetua solo por un robo de banco - el rubio, el cuál dormía en la litera de arriba, se asomó mirándolo con curiosidad.

- No sé, no le caería bien al juez supongo - se encogió de hombros y se giró dispuesto a dormir, pero en seguida supo que debía disimular mejor o se darían cuenta que sabía sobre el plan, por lo que se obligó a preguntar de vuelta - ¿Y tú?

Gustabo se asomó de nuevo y con una sonrisa divertida en su cara se dispuso a contestar - ¿Cuál de las veces? Es una larga historia.

- Todas, tengo tiempo de sobra - giró un poco la cabeza observando al rubio y por un momento pensó que si no estuvieran allí, si no intentara manipularlo, incluso podría haber sido uno de los líos nocturnos que solía tener cuando era libre.

- Bien, pues bueno después de tener el placer de visitar la prisión por delitos menores en más de una ocasión, me condenaron a cadena perpetua hace 7 años por venta de droga, plantación ilegal, venta de armas y herir a dos policías, después de 6 años y medio, este par de hombres - señaló la cama de sus amigos los cuales estaban jugando a las cartas - me ayudaron a huir en el traslado, pero hace un par de meses nos pillaron de nuevo, me añadieron huida de la justicia y un asesinato, por lo que mi condena cambió a pena de muerte - seguía sonriendo como si todo aquello le pareciera divertido y Greco entendió en ese momento que los planes que estaba fastidiando su llegada se trataba de una huida.

- No me pareces el tipo de persona que acepta que van a matarlo sin más - la sonrisa del rubio cambió y alzó ambas cejas.

-¿Y qué clase de persona te parezco Greco? - su tono de voz también había cambiado y el moreno supo que estaba intentando ganárselo, era bueno, pero no más que él.

- Pues la clase de persona que intentaría salvarse, creo que no eres de los que se paran, que siempre estás actuando, buscando la forma de salirte con la tuya al precio que sea y que si ya estás condenado a pena de muerte y no tienes nada que perder, eres más peligroso aún, porque irás a un todo o nada - hablaba en un tono tranquilo, quería demostrarle que no era el único que sabía leer a la gente.

- Puede que tengas razón, pero no te pases de listo, en la cárcel eso te hace más mal que bien - su sonrisa se convirtió en una mueca y apartó la vista del moreno tumbándose en su cama, lo cuál hizo sonreír levemente a Greco sabiendo que había ganado esa pequeña batalla.

A la mañana siguiente se despertó temprano y decidió ir un rato al gimnasio de la prisión, al cabo de una hora se duchó y fue a desayunar, cogió su bandeja y anduvo hacia la mesa en la que solía comer, pero una voz le hizo parar en seco.

- Greco, ¿por qué no te sientas con nosotros? - Gustabo hizo un leve movimiento señalando el asiento junto a él que se encontraba vacío.

Greco entendió de qué iba aquello, todo el comedor esperaba su respuesta, si decía que sí estaría diciendo delante de toda la prisión que el rubio manejaba la situación y a él, por lo que volvió a actuar llevado por su orgullo - no, gracias, estoy bien - observó como el contrario apretaba los labios y finalmente le sonreía falsamente encogiéndose de hombros.

Tras eso, se sentó en su sitio habitual y notó algunas miradas sobre él, algunos lo observaban divertidos, otros, con miedo, pensando en qué momento se le podía haber ocurrido haberse negado a algo así y unos pocos mostraban algo de admiración por lo que acababa de hacer.

Sin darle más importancia siguió con su día, volvió a buscar trabajo sin éxito y a la hora del almuerzo se repitió una escena parecida a la del desayuno.

- Greco, he escuchado que buscas trabajo, te puedo conseguir uno si quieres, en la lavandería - el moreno se había vuelto un objetivo personal para Gustabo, ya ni siquiera se centraba en el plan, solo quería demostrarse a sí mismo que podía ganárselo como al resto de personas, pero este no se lo ponía nada fácil.

- Gustabo, sé como va esto y no quiero deberte ningún favor así que no, gracias, ya me las apañaré - al oír aquello el rubio se sintió humillado, incluso escuchó algunas risillas, no podía permitir eso y le iba a enseñar a Greco que esto no funcionaba así, no podía hacer lo que quisiera, ya lo había intentado por las buenas, ahora iba a arrepentirse de los rechazos, haría que le suplicara perdón, tenía que dejar claro a toda la prisión que él seguía mandando ahí.

El moreno estaba dando una vuelta cuando unos brazos tiraron de él al interior del baño, allí se encontraban sus tres compañeros de celda. Emilio sujetaba sus brazos sobre su espalda y tras unos zarandeos se consiguió soltar.

- ¿Qué queréis? - sabía que aquello no iba a terminar bien para él.

- Me has humillado delante de todos, te he intentado ayudar y... ¿Así me lo pagas? Con desprecio, Greco hay algo que no has entendido - el rubio se acercó y tiró del borde de su camiseta atrayéndolo a él - yo soy el que manda en esta maldita prisión, tú solo eres una mierda como el resto, te he dado varias oportunidades, pero veo que no entiendes como funciona esto, así que te lo voy a mostrar, y después me vas a agradecer mi amabilidad por enseñártelo yo mismo - sonrió maliciosamente - sujetadlo - los dos chicos se acercaron a Greco, pero este empujó a Manolo y dio un codazo a Emilio en el estómago.

- Dejadme en paz joder - Gustabo se acercó a él y le dio un puñetazo en la cara, que sería devuelto por el moreno haciéndole una herida en el labio, la cuál lamería con una mirada que consiguió estremecer a Greco.

Finalmente ambos chicos consiguieron sujetar al moreno, el cuál entró más en pánico al notar como lo apoyaban contra uno de los lavabos y mientras lo sujetaban evitando que se pudiera levantar, el rubio bajaba sus pantalones y ropa interior.

- NO, NO - recibió un puñetazo seguido de un "cállate", sabía que no podía salir de esa pero juró vengarse de esto y cuando sintió a Gustabo entrar sin miramientos en él pensó que iba a morir, dolía muchísimo, no pudo evitar que un par de lágrimas cayeran por su rostro pero aún así su orgullo le negó quejarse, no iba a demostrar lo que el otro quería.

- Si me da la gana eres mío y si te digo que te sientes en la mesa con nosotros, me haces caso, tú cumples mis órdenes entiendes, yo controlo la situación, yo tengo el poder, tu no eres más que mi puta - Greco dejó de escuchar, estaba en shock, sentía que no estaba allí a pesar de ser su cuerpo el que estaba sufriendo y tras varios minutos el rubio salió de él. Los tres chicos marcharon dejándolo en el suelo mientras sentía como su sangre mezclada con el semen del rubio bajaban por sus muslos. En menos de un minuto habían corrido la voz y algunos prisioneros entraron a los baños, y aunque quiso levantarse y salir de allí el dolor se lo impedía, no fue hasta que uno de ellos avisó a un oficial cuando al fin lo llevaron a enfermería.

Estuvo allí 4 días hasta que pudo caminar bien de nuevo, y ese tiempo le sirvió para planear su venganza, no pensaba dejar que lo pisotearan así, lo peor ya estaba hecho, no podían humillarlo más, lo habían violado y toda la prisión lo sabía.

La CárcelDonde viven las historias. Descúbrelo ahora