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Se centró en buscar el despacho del alcaide, fue probando llaves, abriendo puertas y subiendo escaleras hasta dar con él, la placa dorada en la puerta donde se leía la palabra alcaide afirmaba que lo había encontrado.

¿Que habría detrás de esa puerta?¿Le habrían informado del motín? Apenas habían pasado unos 15 minutos desde que todo había empezado, ¿seguiría allí dentro? Tenía que estarlo, nadie había salido del edificio desde que tenían el control y se habían asegurado de que estuviera el día y la hora del motín. ¿Habrían guardias con él? Esperaba que no o moriría antes de que Gus supiera ni siquiera que habían intentado salvarlo.

Tomó aire y llamó a la puerta, si el alcaide aún no se había enterado, era más fácil entrar así que a la fuerza y quería pensar que habían sido lo suficiente rápidos en cortar la comunicación para que la información no hubiera salido.

- Adelante - escuchó la voz de un hombre dentro de aquel despacho y sintió que su corazón se aceleraba por lo que iba a hacer.

Entró a la habitación y vió la sorpresa en la cara del alcaide, el cual intentó moverse hacia uno de los cajones de su mesa.

- Ni se te ocurra - Greco lo apuntó rápidamente evitando que se moviera más.

- Está bien, tranquilo, podemos hablar - el alcaide alzó las manos para que Greco las viera y se quedó quieto.

- No quiero hablar nada, quiero las llaves del corredor de la muerte.

- Entenderás que no puedo dártelas.

- Entenderás que te mataré entonces.

- No vas a hacerlo, me necesitas para encontrarla - sonrió a Greco, no parecía tener miedo y el moreno no tenía mucha idea de que hacer en estos casos, hubiera preferido cambiar posiciones con Gus, estaba seguro que el rubio sabría que hacer - hablemos de ti, sé quién eres, tu caso me pareció bastante... Peculiar, no hiciste todo lo que dijeron, ¿cierto?

Greco no contestó, pero el alcaide pudo ver la sorpresa en su cara y la esperanza de que alguien le creyera al fin, así que siguió jugando con eso.

- ¿Sabes por qué lo sé? Tu caso me llamó la atención, por eso te he estado estudiando, y te aseguro que los criminales que cometen esas cosas tan atroces por las que fuistes juzgado, no se comportan cómo tu lo has hecho en este tiempo, llevo muchos años en prisión para saberlo.

- Eso da igual, ya estoy aquí dentro y me pudriré aquí - aún así no podía evitar sentir emoción porque alguien se diera cuenta de la verdad.

-  No da igual Greco, tengo contactos, podría intentar ayudarte, sacarte de aquí como una persona inocente.

- No es verdad - el alcaide le estaba haciendo dudar y empezó a bajar el arma inconscientemente pensando en como sería una vida libre, podría ir con Lena, estaba seguro que le ayudaría a encontrar un trabajo y algún sitio donde vivir, podría tener la vida que merecía y que le habían robado.

- Claro que sí, serías libre, ¿no te gustaría? - miró el cajón varias veces y cuando vió que el arma de Greco estaba suficientemente baja, se lanzó hacia el cajón, cogiendo el arma y apuntando al moreno.

- Ni se te ocurra - alguien más acababa de entrar a la sala y apuntaba al alcaide con otra pistola - si le disparas, estas muerto.

- Manolo, no sabes lo que me alegro de verte en este momento - el nombrado sonrió a Greco, el cuál le devolvió la sonrisa.

- Lo sé, estaba esperando para mi entrada épica - rió - suelta el arma, no voy a repetirlo - dijo mirando de nuevo al alcaide, que terminó soltando el arma en la mesa, siendo reclutada por Greco.

- No podéis matarme.

- Dame un solo motivo - replicó Manolo.

- Yo soy la llave - sonrió victorioso al ver la cara de Manolo y Greco ante aquella revelación.

- Joder... - susurró Manolo.

- ¿Sabes qué? No me importa, si no colaboras te arrancaré cada parte de tu cuerpo e iré llevándola una a una hasta que algo funcione y abra esa puta puerta, así que tú sabrás - Greco sonó más frío que de costumbre.

- No vas a hacerlo, tu no eres como ellos - sonrió el alcaide seguro de sus palabras.

- Te equivocas, tú no me conoces - apuntó a la rodilla del alcaide y disparó sin pensarlo, provocando un grito de dolor en este y que la sangre empezara a salir.

- Greco, ¿qué haces? Lo necesitamos vivo - susurró Manolo.

- Lo siguiente que haré es sacarte los ojos y probarlo en la puerta, si no funciona volveré a por otra parte y así hasta que alguna funcione, ¿piensas colaborar ahora? - el contrario no respondió - pues empecemos entonces - se acercó a el abriéndole el ojo con una mano.

- NO, NO ESPERA, ESTÁ BIEN, LLEVADME A LA PUERTA Y LA ABRIRÉ.

Minutos más tarde los tres se encontraban ante la puerta que daba a la zona del corredor de la muerte, Manolo ayudaba al alcaide a andar ya que no podía apoyar la pierna donde había recibido el disparo de Greco.

- Ábrela, sin tonterías o el siguiente tiro no irá en una rodilla - empujó al alcaide hacia la puerta mientras Manolo y él lo apuntaban por si intentaba algo.

El alcaide acercó uno de sus brazos a la puerta y esta se abrió al fin, entrando los tres mientras buscaban la celda número 56 que era la de Gus, Manolo había conseguido la información antes de encontrarse con Greco.

- Aquí estamos - dijo Manolo al ver el número de aquella celda con puerta metálica.

El corredor de la muerte era diferente a la zona donde ellos se encontraban, eran celdas individuales, con puertas metálicas, una especie de zona de aislamiento. Greco no pudo evitar sentir un escalofrío al pensar que Gus llevaba días solos allí sabiendo que iba a morir.

El alcaide puso el código requerido ya que la seguridad en esa sección era mayor y entonces al fin escuchó aquel sonido metálico de la puerta abriéndose ante ellos y vió a Gus allí, tumbado en la cama mirando hacia ellos.

Su expresión cambió a sorpresa cuando vió a Greco en la puerta de su celda y se puso en pie rápidamente acercándose a él.

La CárcelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora