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- Greco Rodríguez - el nombrado se puso en pie y se dirigió hacia el guardia que lo llamaba - vamos, es la hora - el chico asintió y extendió los brazos hacia el hombre el cual le colocó unas esposas y se lo llevó fuera del módulo, recorrieron largos pasillos que conectaban la prisión de punta a punta y en cada paso, notaba como su corazón se iba acelerando, después de tantos meses, había llegado el momento, el final de todo, pero al menos podría ver esos ojos azules una vez más, una última vez para ser exactos.

Tras la caminata llegó a una sala oscura con sillas frente a la que había un cristal, se sento en primera fila y esperó hasta que unos minutos después se encendió la luz de la sala al otro lado del cristal y ahí estaba Gus, sentado en una silla extraña y atado con correas, al ver a Greco sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa y una pequeña sonrisa apareció en su cara, hacía tanto tiempo que no sonreía que se sintió extraño, el moreno se esforzó en devolverle la sonrisa, quería estar tranquilo si era lo último que iba a ver el rubio.

Pudo ver cómo el hombre al lado de Gus preparava una jeringuilla y se acercaba a su brazo y entonces escuchó la voz del guardia - ¿últimas palabras?

- No voy a irme de tu lado, sé feliz - dijo mirando a Greco fijamente, el contrario no pudo evitar soltar un par de lágrimas pero asintió para que el rubio pudiera irse en paz.

Tras eso pudo ver como el hombre de la jeringuilla le inyectaba aquel líquido extraño en el brazo a Gus y en unos segundos, el cuerpo de este quedó sin rastro de vida.

- Hora de la muerte, 18:45 - fue lo último que escuchó antes de ponerse en pie y acercarse al cristal mientras lloraba.

Se había ido para siempre, había ocurrido y no lo pudo evitar.

- No...no...NO...NO - empezó a gritar hasta que notó como agitaban sus hombros y entonces despertó.

- Greco, tranquilo, es una pesadilla, soy yo Manolo - todo había sido un sueño pero se sintió tan real que pudo sentir sus mejillas mojadas por haber llorado dormido.

Se incorporó en su cama, ya era por la mañana así que se puso en pie, no conseguía dormir apenas, hacía dos días que se lo habían llevado y Greco sabía que no podía asumir aquello, se negaba a perderlo así que empezó a pensar en las posibilidades que tenía y una idea se formó en su cabeza, sabía que era una locura pero en ese momento no le importaba - Tengo un plan - dijo mirando a Manolo.

- Greco no hay nada que hacer ante esto, ni siquiera esta en nuestro módulo - lo miró algo apenado.

- Exacto y para llegar a él necesitamos poder movernos como queramos por la prisión, es decir, necesitamos controlarla - Manolo no podía creer lo que estaba escuchando, lo miró sorprendido.

- ¿Estás hablando de un motín? - el contrario asintió - estás loco, eso es imposible, no vamos a poder hacerlo.

- Solos no, pero con ayuda...

- ¿Hablas de Armando? - cada idea le sorprendía más que la anterior, de verdad pensaba que el chico se había vuelto loco.

- Si, el tampoco va a salir de este sitio, así que le ofreceremos nuestro plan de escape a cambio de la ayuda, ya nos libraremos de él cuando salgamos de este sitio.

- Greco estás loco, no va a salir bien.

- ¿Tienes una idea mejor?

- No, pero...

- Mira, voy a hacerlo con tu ayuda o sin ella, tu sabrás - tras decir aquello salió de la celda en busca de Armando.

- Espera Greco, esta bien me uno al plan - Manolo apareció a mitad de camino, y al oír eso el contrario sonrió, se alegraba de tener su ayuda.

Llegaron ante Armando el cual se sorprendió al verlos allí - ¿Qué queréis?

- Quiero hacerte una propuesta - contestó Greco.

- ¿Tú? Dudo que tengas algo que me interese, ¿te has quedado sin tu novio y ni una hora después ya estás buscando otro? - miró a Greco levantando una ceja y con una sonrisa burlona, pero el moreno se mantuvo tranquilo, no iba a entrar a su juego esta vez.

- Vengo a darte una oportunidad para escapar de aquí - la cara de Armando cambió al oír aquello, no se lo esperaba.

- ¿A cambio de qué?

- No nos iremos sin Gustabo, así que tienes que ayudarnos a sacarlo de allí, ese es el trato.

- Eso es imposible, no hay forma de sacarlo.

- Si que la hay, un motín - la risa de Armando se escuchó en toda su celda.

- ¿Estás loco? No voy a participar en eso, lo siento Romeo tendrás que buscar otra forma de salvar a tu Julieta - las burlas de Armando empezaban a enfadar a Greco así que Manolo fue el que habló esta vez.

- Armando, todos sabemos que te vas a pudrir aquí, haces como si todo fuera bien, pero se dice que en tu mafia no tardaron ni un día en buscarte un sustituto - una pequeña mueca apareció en la cara del nombrado - nadie va a venir a por ti, es tu única oportunidad de huir, si no te la juegas y lo conseguimos sin tí, te arrepentirás, tú y dos hombres más, son los huecos que os cedemos en la huida.

Se hizo el silencio en el lugar, Armando parecía debatir consigo mismo si aceptar o no, hasta que terminó hablando - está bien, acepto, ¿cuál es el plan?

Manolo y Greco explicaron a grandes rasgos el plan de huida, no querían dar demasiados detalles de esa parte para evitar la traición de Armando, y al siguiente día estuvieron planeando entre todos el motín. Después de horas debatiendo sobre la mejor idea, consiguieron llegar a un acuerdo, el motín sería en 3 días durante el almuerzo, ya que era uno de los momentos más fáciles tras el cambio de guardia, si se hacían con los tres guardas que vigilaban el comedor, el resto serían más fácil de controlar al tener rehenes y pasarían muchas horas hasta el siguiente cambio de guardias por lo que tendrían tiempo de sobra para hacerse con el lugar.

La CárcelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora