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Una hora antes de que anocheciera llegaron a la fábrica abandonada, dentro de esta encontraron una gran cantidad de vagabundos.

- ¿No veníamos aquí a descansar? - preguntó Armando al ver el lugar lleno.

- Bueno, no recuerdo haber dicho que viniéramos aquí a descansar expresamente - dijo Gus.

- ¿A qué te refieres? Necesitamos descansar joder - habló molesto Armando.

- También necesitamos comida, agua y ropa que no sea de prisión, así que cállate, saca el puto arma y no dispares a nadie si no es necesario - contestó Gus sin paciencia, acercándose a Greco sacando la pistola que este llevaba en su pantalón, ya que Gus no tenía arma.

- BIEN, PODEMOS HACER ESTO POR LAS BUENAS O POR LAS MALAS Y ESTOY SEGURO DE QUE TODOS QUEREMOS QUE SEA DE LA PRIMERA FORMA, ASÍ QUE VAIS A QUEDAROS TODOS MUY QUIETOS DONDE ESTÉIS HASTA QUE OS ORDENE LO CONTRARIO - explicó Gus a los vagabundos los cuales siguieron las ordenes del rubio aterrados por las armas de Armando, Manolo, Gus y otro de los hombres de Armando que los apuntaba, provocando algunos gritos - coged toda la comida y agua posible - indicó a los hombres de Armando y a este - Manolo tu vigila conmigo que nadie se mueva y Greco búscanos ropa más o menos decente.

Greco no reaccionó, observando todo aquello en shock, nunca había visto a Gus realmente en acción ya que en prisión no había armas, había pensado mucho en ello y se lo había intentado imaginar, pero aquello le impactó más de lo que esperaba, eran personas inocentes y les iban a quitar lo poco que tenían, incluso había un par de niños que no dejaban de llorar por el miedo.

- Greco, ¿me has escuchado? - dijo Gus acercándose a él.

- Voy - respondió volviendo en sí.

Se acercó a uno de los vagabundos que se encogió asustado al ver a Greco cerca.

- Tranquilo, no voy a hacerte nada, ¿tienes...tienes algo de ropa? Solo quiero algo de ropa por favor - susurró intentando que el hombre se calmara, sintiéndose mal por lo que estaban haciendo.

- No tenemos nada - respondió uno de los niños llorando.

- Y-yo...lo sé, lo siento, no queremos haceros daño, no tengas miedo - susurró al niño que abrazaba a su madre con más fuerza - por favor cualquier cosa nos será de utilidad.

Tome - una señora algo temblorosa por el miedo estiró el brazo lentamente dándole un par de camisetas y un par de pantalones - es todo lo que tenemos por favor no nos matéis - susurró asustada.

- No, tranquila, de verdad, solo haced caso y todo irá bien - dijo apenado por el miedo que estaban causando.

Siguió acercándose a la gente hasta conseguir suficiente ropa para los seis, volviendo hacia donde estaba Gus.

- ¿De verdad es necesario todo esto joder? No me dijiste que íbamos a hacer esto - dijo molesto a Gus.

- ¿Y qué esperabas Greco? Somos fugitivos - lo miró serio.

- Ya tenemos todo, vámonos - dijo Armando volviendo hacia ellos - no podemos dejarlos vivos, van a avisar a la policía, ¿cuántos son? ¿15?, tenemos balas suficientes para matarlos.

- No vamos a hacer eso - contestó serio Greco.

- No podemos dejarlos vivos, ¿acaso quieres que nos pillen? - reprochó Armando.

- Vámonos - Gus tiró del brazo de Greco hacia la salida.

- Está bien - suspiró más tranquilo saliendo con Gus de allí cuando escuchó los tiros y los gritos en el interior de la fábrica - NO, NO - se giró rápidamente para entrar de nuevo pero Gus y Manolo lo sostuvieron.

- Greco, no puedes entrar, cálmate - dijo Gus.

- SUÉLTAME JODER - en cuestión de segundos se dejaron de escuchar los gritos y Armando y los suyos salieron de allí, uniéndose a ellos.

- Ya podemos irnos - dijo Armando.

- ¿Que mierda habéis hecho? - dijo con rabia sujetando a Armando por el cuello de su camiseta.

- Greco, para - ordenó Gus mientras él y Manolo lo separaban

- Les dije que no les haríamos daño... habían niños - dijo Greco furioso mirando con odio al resto, mientra se soltaba del agarre.

- Primera lección, no digas cosas que no puedes cumplir - canturreó Armando en tono de burla.

- Cállate Armando - dijo Manolo serio.

- Tenemos que irnos de aquí Greco - susurró Gus mirándolo apenado.

- ¿Por qué no le has frenado? - le echó en cara Greco.

- No soy el jefe, hago lo que puedo, pero no siempre puedo controlar a Armando - alargó una mano hacia la cara de Greco pero este se apartó antes de que llegara a tocarlo, comenzando a caminar a paso ligero lejos del resto del grupo.

La CárcelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora