Inspiro hondo, cierro los ojos y murmuro un rezo. Noto a la gente corriendo a mi alrededor, pero me concentro en mis palabras que saltan al vacío del universo y que nadie más sabrá.
"Natalia, sales en medio minuto." – vuelvo a inspirar, abro los ojos y me pongo en posición.
La música de la orquesta empieza a sonar y mis movimientos se vuelven automáticos. Veinte años de mi vida preparándome para esto, y podría bailarlo con los ojos cerrados.
Pero no puedo cerrar los ojos, claro.
Hacía muchos años que había superado el pánico escénico, aunque los nervios no se me irán nunca. Ni saliendo a bailar delante de teatros enteros durante todos los días de mi vida podrían salvarme del pequeño miedo que me bloquea las piernas unos segundos justo antes de salir.
Las cortinas suben y las luces me apuntan, dedico mi mejor sonrisa al público y los compases de la música envuelven la danza.
🌠🌠🌠
Aplausos estruendosos me llenan los oídos, noto cómo la mano de Jaume Ruiz, mi compañero, me suelta y me deja avanzar al frente para hacer una reverencia y vuelvo a su lado. Todos los bailarines saludamos y el telón se cierra.
Volvemos a los camerinos, felicitándonos por el trabajo de la noche. Yo y Jaume, como siempre, somos los últimos de todos. Éramos muy buenos compañeros de trabajo, pero sobre todo éramos muy buenos amigos, así que en cuanto acabábamos las actuaciones nos poníamos a hablar sobre cualquier cosa, incluso del baile.
Se podría pensar que sería saturarnos hablar del baile, pero lo teníamos tan integrado en nuestra rutina que el tema salía solo. De lo que sí que no hablábamos era de la actuación que acabábamos de terminar.
En cuanto entramos a la sala general delas bambalinas, todos los bailarines, encargados del vestuario, peluquería y maquillaje y todo el equipo que ayudaba a que estas noches salieran a la perfección se levanta a aplaudirnos.
Yo me sonrojo y asiento con la cabeza para agradecer. Jaume a mi lado les aplaude de vuelta agradeciéndoles él también.
Me voy a mi planta, casi obligada, y me desvisto rápida pero cuidadosamente. Años de experiencia también. Me tiro de cabeza a la ducha y me tomo un momento para relajarme de verdad. Sin presión, sin compañeros a los que poner en peligro, sin vestidos de princesa, sin moños que me tiran tanto que me hacen daño en el cuello, sin gente que no me quiere más que para publicidad.
Al salir, me envuelvo con una toalla y salgo a sentarme en una silla delante de los espejos, que tienen todas las bombillas encendidas. No tardaré mucho en secarme.
"Natalia, ¿te falta mucho?" – entra Marta como un huracán por la puerta. Ya no la cerraba con candado porque se había vuelto demasiado normal que con las prisas que llevaba siempre, entrara sin avisar. Y mejor dejar la puerta abierta, por si acaso se le ocurría tirarla abajo para decirme que me habían dejado una botella de agua nueva en el tocador. Sí, pasó una vez.
"Diez minutos."
"Que sean cinco. Hay gente que quiere hablar contigo."
Suspiro, dejando el peine en la mesa antes de poder quitarme todos los enredones. Me pongo una ropa más o menos cómoda pero no de chándal, no vaya a ser, y le digo que quien sea puede venir ya. Cojo el peine que había dejado antes y me esmero en desatar los nudos, pero es en vano. Lanzo el objeto contra el espejo y rebota, termina en el suelo justo cuando oigo la puertacerrarse.
"No pensaba que estarías tan decepcionada contigo misma como para intentar asesinar a tu espejo con un peine."
"Si llegase a pasar lo sustituirían sus hermanos." – ironizo. – "Alejandro."
"Me gustaría expresar mi felicidad al comprobar que te acuerdas de mi nombre."
"Claro que me acuerdo." – le sonrío. – "No estoy decepcionada, de hecho estoy muy contenta por lo bien que lo hemos hecho. No me enfado nunca con mis compañeros, pero con mi pelo sí. No lo he conseguido desenredar antes de que entraras."
Él hace un gesto con la mano. – "No sufras enredones, mujer. Péinate tranquila, que a mí no me importa."
"¿No?" – levanto las cejas. – "Gracias."
"¿Por qué lo agradeces? Si es lo más normal del mundo."
"No sé." – murmuro, agachándome a por el peine. – "La costumbre, je suppose."
"Francesa, veo."
"Solo la mitad." – le apunto con el dedo. – "Juro que soy más española que otra cosa, no me odies, por favor."
Él se ríe y yo me giro hacia el tocador, me siento en la silla y vuelvo a peinarme.
"Podría haberme hecho una coleta para disimular los enredones, ahora que lo pienso."
"Estás más guapa con el pelo suelto, seguro. O con el moño de ballet, pero no creo que la coleta sea la mejor opción." – se acerca y se pone detrás de mí.
"Gracias." – le sonrío.
"De nada, Natalia."
Unos minutos envueltos en un silencio cómodo pasan y lo mejor es que no me doy cuenta. Voy robándole vistazos a su reflejo, me fijo en que está tan tonificado como yo, que es muy tranquilo y que es muy observador. Mucho.
Me distraigo con sus ojos y me doy un tirón en el pelo sin querer. – "Au." – me froto la parte del cuero cabelludo donde me había dado el tirón.
"Cuidado." – dice calmado, no sé si ha dado cuenta de que estaba más pendiente de él. – "¿Estás bien?" – da un paso hacia delante y extiende su mano hacia mí.
"Sí, tranquilo. Mi pelo es bastante indomable cuando quiere."
"Se le nota." – sonríe. – "¿Puedo intentar peinarte yo?"
"Claro." – susurro. Le doy el peine de manera casi automática y le rozo un momento la piel. Me quedo mirando su mano un segundo. – "Con suavidad, que si no lo romperás."
"¿Tu pelo o el peine?"
"Mi pelo. Aunque podrían ser los dos."
"Pues antes no parecía importarte mucho ninguno." – dice mientras pasa sus dedos por mi pelo, separándolo en secciones.
"Bueno, a veces me falla la concentración. Pero solo a veces."
Él suelta un respiro divertido y me empieza a pasar el peine entre las hebras de pelo, despacio. No se deja ni un centímetro y mi pelo es muy largo.
Llega hasta los nudos más pequeños que a mí nunca se me habría ocurrido buscar, los desenreda con paciencia. Sus dedos parecían espray desenredante, el más efectivo que hubiera probado nunca.
La atmósfera tranquila es de agradecer, suspiro disfrutando esta pausa de relajación de todas estas semanas de no parar y cierro los ojos. Me centro en su tacto y en sus movimientos suaves.
"¿Es un don natural que tienes esto de peinar a la gente?"
Él se ríe melodiosamente. – "Las hermanas de mis amigos siempre venían cuando se quedaban con nosotros a jugar y no estaban nuestras madres. Y siendo personas racializadas y con tanto rizo como nosotros, créeme que he visto enredones peores que los tuyos."
"Qué guay." – no mentía, me parecía realmente interesante.
Lo bonito que era tener a alguien fuera de mi mundillo con quien sintiera que los diálogos sí servían para algo.
🚀🚀🚀🩰🩰🩰
mis niños interactúan here we go
qué emoción jope ojalá los queráis tanto como yo
votito y comentario y decidme si os ha gustado!! <3
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Question... - Alejandro Balde
FanfictionAlejandro Balde, futbolista del equipo más famoso del planeta, reúne el valor para acercarse a la bailarina protagonista de la representación que ha ido a ver al teatro y felicitarla por su actuación. Natalia, que lleva haciendo ballet desde que tie...
