La luz del sol se cuela por entre las cortinas, molestándome y una punzada se hace presente en mi sien.
Me tapo los ojos con mi antebrazo refunfuñando. Me giro boca abajo y coloco la almohada sobre mi cabeza maldiciendo el tequila.
Anoche después del bar, eran como las 4 de la mañana, Jack me trajo a casa en un taxi. Ninguno de los dos estaba completamente sobrio para manejar, yo menos. Además, ni siquiera tengo licencia. Me dejó en el primer piso después de discutir absurdamente sobre que yo podía sola. Como pude salí del ascensor, todo me daba vueltas y me parecía demasiado gracioso. La subida me mareó aún más.
Recordarlo me provoca nauseas.
Maldito alcohol que me obliga a beberlo.
Una notificación en mi celular me hace levantar la cabeza enojada y maldigo internamente porque mi celular está del otro lado de la habitación. Cuando llegué creo que me desvestí en el closet y me metí en ropa interior a la cama.
Lo ignoro y vuelvo a mi posición anterior, acurrucándome entre las sábanas, pero el maldito vuelve a sonar y esta vez me decido a ponerme de pie, perezosa. Camino hasta donde creo lo dejé, aún estoy medio dormida y tengo un dolor de cabeza de los mil demonios.
Lo tomo y desbloqueo para leer un nuevo mensaje:
Sasha: Tengo algo... Ven a mi casa.
Tecleo una respuesta rápida y entro al baño con lo necesario para una ducha fría y rápida.
Salgo escurriendo agua y pienso en limpiarlo después. Voy hasta el closet y me coloco una minifalda color negro, ajustada. Escojo una camiseta del mismo color y recojo cómo puedo, ahora, mi corto cabello.
¿Por qué lo corté? ¿Ah?
Me auto reclamo y coloco corrector en mis marcadísimas ojeras de panda, parezco muerta resucitada. Uso rímel y gloss. Me pongo una loción dulce, pero suave y unas gafas oscuras para la molestia del sol. Tomo mi celular y las llaves antes de salir.
Como algo en el camino. A cada rato tengo que bostezar, cansada. La noche me está pasando factura y creo que demasiado cara. Subo al bus y me siento junto a una ventanilla para que me dé el aire, aun creo que puedo vomitar y devolver todo lo que bebí más la hamburguesa que acabo de devorar. Chequeo los cafés que llevo y muero por probar, pero debo esperar a llegar con Sasha.
El bus me deja una calle antes de la casa de mi amiga y camino apresurada, rezando para que me esté esperando aún.
Al llegar toco el timbre y sale con una sonrisa cómplice jalándome un brazo para introducirme en la casa.
— Traigo dos cafés bien cargados — digo — creo que los necesitaremos. Yo más que tú.
— ¡Qué bien! — Toma el café acercándolo a sus labios — lo necesitaba.
La observo y le sonrío. Se ve muy graciosa con el pelo desordenado y unas gafas de pasta que nunca le había visto. Siempre cuida su aspecto, así que esto es nuevo y divertido.
— He pasado la noche entera haciendo esto — la veo teclear rápidamente y abrir unos archivos en la computadora.
Se aparta mostrándome y me quedo analizando un segundo sin comprender absolutamente nada.
— No entiendo — soy sincera.
— Te explico — carraspea dando vuelta a su silla giratoria para quedar frente a mí. Junta sus manos como toda una experta poniéndole seriedad al tema. Me da mucha risa su profesionalismo. — Esta es la cuenta "fantasma" en la que tu madre depositó el dinero para ti, o sea, es la cuenta que posee tu herencia. — Se gira buscando más archivos. — El caso es que la hicieron parecer una cuenta fantasma, como ya te he dicho. — Me acerco observando cada detalle con atención. — En esto se inmiscuyeron varias personas, como ya sabemos. Es un trabajo muy grande en el que no pudo ser un solo hacker o una sola cabecilla. Debe haber mucha gente involucrada, porque a pesar de que se hicieron retiros de a poco fueron varios millones que no son tan fáciles de disimular.
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Con ninguno de los dos: el peso de las decisiones
Ficção AdolescenteRegina confundió refugio con amor y el precio de esa confusión podría ser el final de su historia o mucho más, su vida. Condenada a una rutina de abusos tras la muerte de su madre, se aferró a cualquier cosa que fuera un ancla en su realidad. Su me...
