Si tu vida se desmoronará en este instante ¿Cuánto serías capaz de soportar para mantener unidos los pedazos?
A veces es imposible descifrarlo. No tienes respuesta a la pregunta hasta que sucede.
...
Seis meses atrás todo se derrumbó, no frente a...
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12/09/2025
Me recosté en el césped, con mi bolso de almohada y bajo la sombra que ofrecía un árbol que tenía el presentimiento se volvería mi mejor amigo.
Mis párpados pesaban, hoy preferí traer panqueques de casa para no comprar algo en la máquina dispensadora.
Necesitaba ahorrar en lugar de desperdiciar mi dinero en comprar a diario dulces ultra procesados y con exceso de azúcar.
Dylan estaba comiendo en el mismo lugar desolado de siempre: Las gradas.
Yo lo observé.
Se había vuelto una costumbre en estos cuatros días. Todos los días me tumbaba debajo del árbol y podía verlo sentarse en las gradas solo, extraía de su bolso el desayuno en caso de no haber desayunado en casa—que era una gran mayoría de los casos—o comía algún otro aperitivo.
En esta ocasión, trajo panqueques al igual que yo, una de mis pequeñas ofrendas de paz.
Era mi manera de anunciarle una tregua. No es que nos encontráramos en alguna especie de conflicto, se trataba más bien de una impresión mía; seguía sintiendo esa tensión danzando en el aire con cada almuerzo y cena en "familia" y notaba que con cada detalle o gesto pequeño disminuía. Dylan bajaba la guardia, y empezaba a ser un poco más soportable, su presencia y actitud cuando estaba cerca ya no me hacía sentir una intrusa que esperaba saliera por la puerta de su vida en cualquier momento.
Parecía empezar a habituarse, mas no a aceptarlo. No lo culpo.
Empecé a comer un panqueque despacio.
Observé que dos chicos se acercaban a Dylan, un castaño y un rubio. El rubio que evitó me estrellarán el cráneo contra el casillero. Terminé de comer el panqueque, metiendo todo lo que me quedaba en la boca de golpe, hasta el punto que casi me atraganté.
Mis ojos permanecieron en la escena.
Dylan se mantuvo tranquilo, no alzó la vista ni se preocupó por los dos chicos que se encontraban a su lado. Fue por su gesticulación que adiviné el castaño se encontraba gritando. Dylan no mostró señal alguna de sentirse intimidado. Tomé mi bolso y me levanté para acercarme.
¿Qué estaba haciendo?
Corrí hacia las gradas.
Dylan miró de reojo uno de los chicos. Su mirada seguía los movimientos repentinos. No se mostraba a la defensiva, solo atento. Sus piernas estaban extendidas, y las manos y brazos a sus costados con la mirada pérdida en algún punto indeterminado. El mismo vacío que siempre parecía observar y que lo consumía.
Apresuré mis pasos.
Dylan me vio.
Lo único que hizo fue negar con la cabeza repetidas veces; como si pudiera leer lo que pensaba.