Novena semana. Parte 1.

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La impenetrable oscuridad apenas es iluminada por los pequeñas gemas que resplandecen en el cielo

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La impenetrable oscuridad apenas es iluminada por los pequeñas gemas que resplandecen en el cielo. Me acomodé mejor, doblando mis piernas y abrazándolas, apoyando mi mentón en mis rodillas. Dylan por su lado, se encuentra con las piernas extendidas, con la mirada pérdida en las oscuridad que poco a poco se desvanece.

El frío viento nos azotó, y yo lo inspiré, sintiéndolo helar mis pulmones.

—Ahora es tu turno de decir algo.

Exclamé con la alegría vibrando en mí voz.

Está es mi última semana.

Dylan y yo hemos estado jugando a decir lo primero que nos pasa por la cabeza. Lo hemos realizado como un ejercicio para que él empiece a ser un poco más abierto.

Él fingió pensarlo un poco.

—¿Sabes?—Mi atención se vuelca en esos ojos que relucen bajo la luz de la luna con mayor intensidad que el astro colgando del cielo—Si pudiera usar una expresión para describirnos usaría "almas gemelas"

—¿Almas gemelas?

Pronuncié.

Arrugué la nariz. Los ojos de Dylan saltan de la luna a mis ojos.

—¿Que significa para ti?

—Un alma habitando en dos cuerpos distintos.

Recité.

Su sonrisa se ensanchó.

—Me gusta más como lo expresas tú. Vuelves todo más bonito.

Reí.

Negué con la cabeza.

—No me gusta esa definición para nosotros.

Confesé en voz alta.

Dylan ladeó la cabeza.

—¿Por qué no?

—Es bonita. Más que preciosa. Lo que no me gusta es el final que se le asigna en cada oportunidad.

Me mordí el labio inferior, buscando las palabras adecuadas.

—Las almas gemelas son como un soplo fugaz de aire fresco en tu vida, y que luego de un instante se desvanecen—suspiré—eso dicen, son temporales, llegan a tu vida, te llenan de alegrías, tus heridas desaparecen y luego se esfuman. Su final nunca es feliz. Siempre terminan separadas.

Una sonrisa tiró de los labios de Dylan.

—Una sentencia de que nada es para siempre.

Yo asentí.

—Eso lo hace más bonito.

Mis ojos fulminan a Dylan.

—A mí no me lo parece. Tienes una obsesión por lo trágico.

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