XXVI

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La mañana pasó rápido. Luego de desayunar se levantaron para limpiar y ordenar un poco el departamento.

Jungkook tenía trabajo en la cafetería y Jimin decidió que saldría para comprar algunas cosas que le faltaban a Kero.

Se ducharon, primero uno y luego el otro. Jungkook le prestó un poco de ropa a Jimin; unos short y una camiseta.

Por supuesto ambas cosas le quedaron un poco grandes, Jimin se sentía incómodo en aquella ropa.

Jungkook no dejaba de ver lo adorable que se veía con su ropa puesta.

Cuando Jimin tomó a Kero en brazos para despedirse dejando un besito en su pequeña frente, Jungkook no pudo resistir hacer lo mismo. El gatito se estaba ganando absolutamente todo su corazón, se portaba muy bien y parecía ser muy adorable.

Ambos salieron del lugar para tomar rumbo al ascensor. Bajaron hasta el estacionamiento y el pelinegro tomó el casco para acomodarlo suavemente en la cabeza del rubio.

- Necesitamos otro casco Jungkook - soltó abultando los labios.

- Lo sé pequeño, mientras tanto el que tenemos lo usarás tú.

- No soy un bebé.

- ¿Te molestaría ser mi bebé?

Jimin enrojeció.

- Es una broma - dijo Jungkook dejando un toquecito en su nariz antes de subirse a la moto - ¿entonces cuál es su destino mi amo?

- Solo llévame a la tienda de mascotas - soltó risueño - Kero necesita un arenero y un plato de comida.

- Sí, señor - encendió la moto y cuando un pequeño golpesito tocó su hombro seguido de una pequeña risa y un suave "tonto", Jungkook sintió su estómago revolotear.

Sabía que le había dicho a Jimin que no necesitaba una respuesta inmediata. No quería presionarlo a nada, pero es que las ganas de cuidarlo y atesorarlo lo estaban consumiendo.

Necesitaba que Jimin le concediera el permiso para hacer eso.

Desde que lo vio en esa tienda teniendo una crisis de pánico, algo nació dentro de él. Necesitaba proteger y mantener a ese rubio a su lado. Jamás había conocido a alguien como Jimin, tan puro y dulce.

El mundo no lo merecía.

No quería dejarlo solo tan lejos de casa, asique condujo hasta llegar a una pequeña tienda de mascotas que estaba cerca del lugar donde vivía.

Se giró un poco para ayudar al rubio a bajar de la moto, le quitó el casco y lo dejó descansar en su regazo.

- Cuídate ¿sí? - observaba al más bajo frente a él. Su cabello rubio se movía con el viento, tenía sus manitos tomadas y esos ojos color avellana lo miraban a él.

Como adoraba cuando Jimin lo miraba así.

- Si pasa algo, cualquier cosa. Llámame enseguida, no lo dudes.

- Jungkook no tengo teléfono, recuerda.

- Mierda, lo olvidé.

Jimin observó como el pelinegro abría lentamente el bolsillo de su chaqueta de cuero y antes de sacar eso que estaba buscando, le entregó una mirada divertida.

- Cierra los ojos

Jimin obedeció. Cerró sus ojos y tan pronto como lo hizo, sintió como sus manos eran tomadas y un objeto era depositado sobre ellas. Cuando miró lo que era, sus ojos viajaron a los ojos de Jungkook y de vuelta a sus manos negando con la cabeza.

A L O N E ~ KookminDonde viven las historias. Descúbrelo ahora