Charlie no podía dejar de jugar con sus propios dedos. Sentía que estaba al borde de un colapso nervioso, como una olla a presión que está a punto de reventar. Las cosas habían salido mal. Muy mal. Necesitaba ayuda. Urgente. Ayuda de alguien profesional, alguien que le dijera sin ningún tipo de tapujos que todo era su culpa y que sería mejor que fuera buscando fechas para meter la cabeza en el horno porque...
— ¿Señorita Morningstar? — la recepcionista llamó su nombre. Charlotte se levantó del sofá rápidamente —. Puede pasar. Lamentamos la espera, pero usted llegó...
—Dos horas antes. Sí, lo sé, lo siento — se excusó —. Ha sido una semana difícil, ¿sabes? Mucho caos, definitivamente no como yo quisiera- — la recepcionista aclaró su garganta y señaló el cartel que estaba detrás de ella. "Yo no soy psicóloga." —. Cierto. Whoops. Lo siento. Yo voy... Voy a pasar. Lo siento.
Tenía poco más de medio año asistiendo a terapia diligentemente. Ella no notaba muchos cambios pero tenía que admitir que era agradable tener a alguien que la escuchara y no al revés. Carmilla era buena en su trabajo aunque su estoicismo a veces le causaba conflicto a Charlie. Al menos era muy honesta y no tenía el hábito de endulzar la verdad, aunque después se sintiera como un aguijonazo fresco en la piel.
—Charlotte — la psicóloga saludó apenas inclinando un poco la cabeza y le hizo una seña con la mano para que se sentara donde le pareciera más cómodo. Charlie, como siempre, tomó su lugar en la orilla del diván de terciopelo oscuro, junto a la mesita que tenía una caja con pañuelos y también la jarra con agua que inevitablemente bebería por impulso y nervios —. ¿Qué tal tu semana?
Charlie sonrió un poco aunque el gesto no fue del todo honesto. Apretó los labios y sus hombros cayeron, apesadumbrados por el peso del estrés. Sirvió agua, bebió un largo trago y suspiró antes de empezar a hablar.
***
Había decidido hablar con su padre sobre las cartas la mañana siguiente después de descubrirlas.
Como siempre, Lucifer despertaba mucho más temprano que ella y estaba en la cocina, preparando el desayuno con singular alegría, tarareando para sí mismo y dejando caer trocitos de tocino para Razzle y Dazzle, que movían las colas y ladraban agudamente para reclamar su atención.
Ella había ensayado su discurso durante buena parte de la noche. Incluso había soñado con ello y hasta pensó en escribirlo pero hubiera sido demasiado, según su criterio.
Bajó a la cocina con cautela y se asomó poco a poco.
—Buenos días, papá — saludó. Lucifer volteó y le sonrió, moviendo la espátula a modo de saludo. Olía muy bien.
—Buenos días, Char-Char — le dijo él —. Hoy es un día agradable. Tuve ganas de probar una receta nueva de ese libro que compré la otra vez... Muy saludable. Sin gluten. No estoy seguro de lo que es pero quería una excusa para usar mis moldes de patito... — Charlie se acercó y miró sobre el hombro de su padre para ver lo que preparaba: hotcakes de avena. También había tocino en otra sartén y vió que estaba cerca el cartón de huevos. Definitivamente era un buen día para Lucifer. Uno que ella iba a tener que arruinar — ¿Qué tal te fue anoche con tus amiguitos? No te escuché llegar. ¿Te divertiste?
— Sí... podría decir que sí... — se había puesto ciega de borracha hasta que finalmente había vomitado en el callejón detrás del bar mientras lloraba porque había descubierto que Lilith no era nada de ella —. Uhm... Papá...
— ¿Sí? — Lucifer volteó uno de los hotcakes —. Bueno, antes de eso, ¿serías tan amable de pasarme mi taza de café? Está en...sí, es esa justamente. Gracias. ¿Quieres uno? Quedó excelente esta mañana — bebió un sorbo y luego suspiró. Charlie sentía de nuevo náuseas. Por la resaca y por la culpa. Intentó deshacer el nudo en su garganta sin mucho éxito.
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𝗕𝗹𝗼𝗼𝗱𝗹𝗶𝗻𝗲 𝗦𝗲𝗰𝗿𝗲𝘁𝘀 • 𝗥𝗮𝗱𝗶𝗼𝗔𝗽𝗽𝗹𝗲
FanfictionNo había sido culpa suya. Charlotte Morningstar no era ninguna chismosa, para nada. Ella respetaba la privacidad... Pero siempre había sido muy curiosa, a pesar del dicho popular, y le gustaba siempre un buen misterio. Y su padre estaba lleno de ell...
