Elohim era un hombre imponente.
A pesar de la edad y de la naturaleza afable con la que múltiples revistas sobre economía y finanzas lo retrataban, el hombre resultaba una persona que emanaba un aura que hacía que todos los alfas en la oficina bajaran la cabeza cuando él pasaba cerca de sus oficinas. No era que fuera malo pero su temperamento era digno de temer. Uno no podía ser un gigante de una multiempresa sin un carácter fuerte.
No era común que estuviera presente en la oficina del último piso. Elohim había llegado a un punto en el que dejaba en manos más capaces sus asuntos y él solo se comunicaba a través de llamadas telefónicas y reuniones virtuales con sus socios. Vivía entre juegos de golf, almuerzos en clubes hípicos y viajes de negocios… Pero, en ocasiones especiales, le pedía a Sera hacerle un espacio en su agenda y concederse una visita sorpresa para comprobar por sí mismo los resultados que su asistente le hacía llegar por teléfono.
Aquella mañana estaba de buen humor.
Había ganado el partido de golf de manera arrasadora, sus inversiones iban como la seda y hasta estaba satisfecho con cómo discurrían las cosas respecto a su familia. Lucifer se comportaba como debía, por una vez en la vida, por fin volviendo al buen camino y dejando de lado sus rebeldías que no pegaban nada con un adulto de su edad. Pensó que podría llamarlo y comer juntos, hablar de las nimiedades de la boda. Eso siempre levantaba el ánimo de los omegas: hablar de superficialidades.
Al salir del elevador la vio.
Estaba sentada en uno de los sofás en la salita fuera de su oficina principal. Ante ella había un vaso con agua y hielos medio derretidos que goteaba su condensación fría sobre la mesa ratona donde descansaban algunas revistas sobre hotelería y finanzas. No recordaba que tuviera una cita y pensó en preguntarle a Sera aunque, al acercarse más, reconoció a la muchacha como la asistente de Adam.
¿Cómo era que se llamaba?
— Lamento estar aquí de imprevisto, señor — dijo ella cuando se levantó al verlo. Parecía ligeramente desaliñada. Era como si hubiera estado llorando un largo rato —. Pero lo que quiero decirle es importante. Necesito que usted lo sepa.
Lute. Así se llamaba. Adam la había escogido personalmente entre las opciones propuestas. Elohim recordó que Sera no entendió por qué sacar a la chica del departamento legal para ponerla a servir café y atender agendas pero al final simplemente le cumplieron el capricho al futuro yerno.
— No me digas que Adam te está haciendo pasar un mal rato — Elohim sonrió al bromear y le hizo un gesto para que lo acompañara —. Ven. Soy un buen buzón de quejas…
No le pasó desapercibido el hecho de que ella no se rió, de que parecía incómoda. Elohim no dijo nada al respecto y empezó a pensar en que verdaderamente no quería lidiar con tonterías de acoso sexual. Especialmente con Adam, dados sus antecedentes.
Ya estaba pensando en compensaciones, canastas de regalos y vacaciones pagadas cuando se sentó en su escritorio y le pidió a la muchacha hacer lo propio. Era guapa pero daba un poco de miedo. Sus ojos eran muy grandes para su cara y era imposible no sostenerle la mirada.
— Bueno, cuéntame — dijo él, manteniendo la calma —. ¿Qué te hizo venir directamente conmigo? Creo que te saltaste algunos peldaños en la jerarquía.
— Adam está engañando a su hijo —Elohim parpadeó un par de veces, tratando de hacer sentido de las palabras que acababan de salir de los labios pálidos de Lute. Antes de poder decir nada, ella continuó: —. Conmigo. Desde… siempre. Diría que él es quien me engaña a mí. Con su hijo. Señor.
En el silencio que reinó en la oficina por largos segundos solo se podía oír el leve zumbido de las luces y el distante ruido de las calles que estaban setenta pisos más abajo. Elohim pareció quedarse congelado en su silla, como si Lute lo hubiera petrificado cual medusa con el simple poder de su mirada y sus palabras.
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𝗕𝗹𝗼𝗼𝗱𝗹𝗶𝗻𝗲 𝗦𝗲𝗰𝗿𝗲𝘁𝘀 • 𝗥𝗮𝗱𝗶𝗼𝗔𝗽𝗽𝗹𝗲
FanfictionNo había sido culpa suya. Charlotte Morningstar no era ninguna chismosa, para nada. Ella respetaba la privacidad... Pero siempre había sido muy curiosa, a pesar del dicho popular, y le gustaba siempre un buen misterio. Y su padre estaba lleno de ell...
